¡La clase obrera de pie, ahora!
Por Ulra
La clase obrera argentina tiene que ponerse de pie y colocarse a la cabeza de sus propios dirigentes. Para eso necesita afirmar el clasismo, usar la imaginación y levantar el programa socialista, en lugar de administrar la derrota.
En una sola semana se movieron tres piezas que sostienen al gobierno de Milei. El martes 3, Donald Trump perdió el Congreso, los demócratas se quedaron con la Cámara de Representantes y con el Senado, después de arrebatarles siete bancas a los republicanos, entre ellas la de Texas. El jueves 5, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, anunció su renuncia luego de la intervención del banco Ueno, que dejó a casi tres millones de personas sin acceso a sus cuentas. Ese mismo jueves, el riesgo país argentino pasó los 900 puntos.
Milei encabeza un bonapartismo liberal que se pretendía por encima del régimen y que descansa sobre tres columnas rotas. La primera es Washington, con su dinero y su aval político, y hoy Trump llega a su propio país sin el Congreso. La segunda es la confianza de los acreedores y de los bancos, que se erosiona día a día. La tercera es la que casi nadie nombra y la que más pesa, un parlamento salvador, donde el peronismo le aprueba lo que necesita, y unas centrales sindicales que, ante una ley que recorta derechos, pasaron de un paro de un día a otro paro de un día, a marchas y a presentaciones judiciales. Solo se sorprende quien no mira de cerca.
El peronismo, que alguna vez fue "el hecho maldito del país burgués", es hoy una fuerza sin personalidad propia y en decadencia, y de su simulación de oposición depende que el ajuste siga adelante. Son especialistas en hacer pagar la crisis a los trabajadores, y la van a pagar con más dolor y más pauperización si la clase obrera no entra en escena con sus propios métodos. Hace falta una huelga general sostenida, organizada desde abajo, y un programa de gobierno y socialista: trabajo para todos mediante la planificación de la economía, la tecnología y la ciencia al servicio de la mayoría, y una vida en paz, sin guerras ni ajustes.
Trump pierde el Congreso: la guerra se cobra la cuenta
La prensa estadounidense habla de una de las derrotas de medio mandato más contundentes en décadas. Con el recuento todavía abierto, los demócratas superan las 250 bancas en la Cámara de Representantes, la mayor ventaja desde 2008, y en el Senado pasaron de 47 a 54, con Alaska y Mississippi aún sin definir. Les arrebataron bancas a los republicanos en Kansas, Iowa, Texas, Ohio, Maine, Carolina del Norte y Carolina del Sur, y cambiaron de manos incluso algunos distritos que Trump había ganado por dos dígitos en 2024.
La guerra pesó antes de las urnas. Estados Unidos e Israel llevan más de siete meses de guerra contra Irán, con el Estrecho de Ormuz cerrado durante buena parte del conflicto y el combustible caro. En abril, una fuente cercana a la Casa Blanca dijo a la prensa que esa guerra casi garantizaba perder ambas cámaras. En septiembre, Trump explicó que no atacaba a Irán "a fondo" por las elecciones y que la guerra terminaría "inmediatamente después" de la votación. Preguntado si se arrepentía, respondió que no cree en esa palabra y que volvería a hacer exactamente lo mismo.
La guerra dejó de ser un problema militar para convertirse en un problema electoral porque trasladó su costo a la vida cotidiana, más caro el combustible y más gasto en armas mientras el costo de vida aprieta. Es lo que ocurre cuando una potencia en declive responde a su crisis con armas, descarga el costo sobre su propia clase trabajadora, y ese costo se cobra en las urnas. Hubo otros factores, como el mismo costo de vida y la política migratoria. Pero que la guerra pesó, lo admite hasta el vicepresidente Vance, y Trump, que antes de votar dijo que no se arrepentía de nada, deberá explicar para qué sirvió. Un inútil capitalista más.
Israel: el padrino recorta la billetera
El mismo 3 de noviembre, con los centros de votación abiertos, Trump dijo a Fox que Estados Unidos dejará de entregar a Israel unos US$4.000 millones anuales de ayuda militar a fines de 2026, lo que adelanta el final del memorando firmado en 2016, que fija US$3.800 millones por año hasta 2028. Aclaró que las ventas de armas continúan, que Israel "puede comprar lo que quiera" y que Washington podría dar ayuda adicional si hiciera falta. Entonces, no hay ruptura con el sionismo ni fin de la alianza militar, es una donación que pasa a ser una venta, con un armamento que sigue siendo de fabricación estadounidense. Un candidato demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, cuestionó esa ayuda en su campaña, y Trump lo mencionó en una entrevista, el financiamiento a Israel se había vuelto tema electoral dentro de Estados Unidos.
Así funciona el imperialismo con sus socios. El respaldo no es un cheque en blanco sino una inversión estratégica,se financia mientras rinde, y cuando se vuelve difícil de defender ante el propio electorado, se presiona al aliado para que pague una parte mayor de la factura. Eso vale para Tel Aviv y, con diferencias de escala y de función, para Milei: sostener a un gobierno aliado no es garantizarle asistencia ilimitada.
Paraguay: el banco que se llevó al presidente
Según informó Reuters, Santiago Peña anunció su renuncia el 5 de noviembre después de que el Estado interviniera Ueno, un banco con el que había tenido vínculos y que administraba unos US$850 millones en fondos públicos. La investigación señaló problemas de solvencia ligados a créditos a empresas vinculadas, y la crisis financiera se volvió presidencial cuando Peña perdió el respaldo de su propio partido. Las acusaciones políticas y penales que lo rodean son condenas populares que hacen de Latinoamérica un polvorín del caos capitalista y los régimenes basados en el endeudamiento y el saqueo.
El caso muestra el lugar real que ocupan los bancos en el orden capitalista. Una entidad privada concentró ahorros populares y plata del Estado, y cuando se rompió el problema pasó a ser público: el Estado actúa como prestamista de última instancia del capital financiero, y la factura la pagan los depositantes y las arcas públicas. Es la fórmula conocida de privatizar la ganancia y socializar la pérdida. Y muestra algo más, las crisis bancarias derriban gobiernos cuando rompen la alianza que los sostiene. Peña cayó por la calle y cayó porque su partido lo soltó.
En Argentina la crisis paraguaya haya provocado que aumente más el riesgo país, que según Reuters ya se había duplicado en los cuatro meses previos. Paraguay explica la fragilidad de Milei. Funciona como advertencia sobre un gobierno que prometió estabilidad atado a las finanzas y que depende del humor de sus acreedores. ¿Luego de este feriado largo bancario estallará Milei?
Milei: deuda y respaldos con fecha de vencimiento
El riesgo país superó los 900 puntos el 5 de noviembre: Reuters lo ubicó cerca de 910 durante la rueda y otra cobertura informó 925. Se había duplicado en cuatro meses y subió casi 30% solo en octubre. Nueve puntos porcentuales de diferencial sobre los bonos del Tesoro estadounidense no miden una probabilidad de default, pero marcan tendencia, también, encarecen cada dólar que el Gobierno necesita pedir. Caputo lo atribuyó al temor de que Milei no continúe después de 2027. Es la explicación del ministro, no una causa demostrada, también pesan las reservas, los vencimientos y el respaldo externo.
Ese respaldo descansa en ciertos límites. Con Estados Unidos, en octubre de 2025 el Tesoro puso a disposición del BCRA un swap de hasta US$20.000 millones, de los que el Banco Central usó unos US$2.500 millones y devolvió después. Antes de aquellas elecciones, Trump le había advertido a Milei, "si no gana, nos vamos". Y ahora perdió el propio Trump. El apoyo fue condicional desde el principio. Otro fue el del FMI con un acuerdo de abril de 2025 por US$20.000 millones, con un desembolso inicial de unos US$12.000 millones. Y otro fue el de China que en agosto de 2026, con el swap se renovó por 130.000 millones de yuanes, con un tramo activado de 35.000 millones, unos US$5.000 millones.
Los capitalistas que desarrollan la incertidumbre en la clase obrera, ahora tienen su propia medicina. Pero la diferencia de esta incertidumbre es que es un problema capitalista. Ahora, el programa de Milei se construye sobre un derrotado Trump que acaba de perder el Congreso, que gobernará dos años con una Cámara y un Senado hostiles y que ya corta la ayuda a su aliado más cercano de Medio Oriente. Recordamos que está aumentando el riesgo país. En 2019, tras un cambio político, el riesgo país pasó de 860 a 1.460 puntos en una sola jornada. Se puede repetir y que supere esa cifra. Señalamos que un régimen parasitario como el de Milei depende de un patrón en retirada, un FMI estirado al límite y el banco central chino que sigan prestando, mientras que cada uno responde a sus propios intereses.
Quién paga: el consumo y el salario sostienen la caja capitalista
En octubre de 2026, según ARCA, el IVA neto aportó $7,033 billones sobre una recaudación total de $21,608 billones, cerca del 32,5%. Bienes Personales aportó $122.441 millones, alrededor del 0,57%. Un solo mes está condicionado por los vencimientos, pero la diferencia de escala describe el programa: el Estado se financia sobre el consumo, que paga también quien apenas llega a fin de mes, y recauda una fracción mínima del patrimonio.
Un ejemplo lo hace visible. Una compra de $121.000 íntegramente gravada contiene $21.000 de IVA, es el precio final, y lo paga igual el jubilado que el empresario. El trabajador alcanzado por Ganancias sufre además dos recortes sucesivos, el impuesto le llega antes de cobrar y vuelve a llegar cuando gasta.
La Ley 27.743 de 2024 fue el antecedente. Reformó Bienes Personales, creó beneficios por pago anticipado del impuesto patrimonial y volvió a gravar con Ganancias a los trabajadores en relación de dependencia: alivio para los patrimonios y reincorporación de los salarios al impuesto, en el mismo paquete. Hoy Milei promete que los argentinos dejarán de pagar US$500.000 millones en impuestos hasta 2031, pero nunca presentó la memoria de cálculo: no dijo qué impuestos, qué años ni con qué tipo de cambio. La cifra esconde la pregunta de clase, qué argentinos dejan de pagar y cuáles siguen financiando al Estado. Después niegan el clasismo. La baja de retenciones al agro, por ejemplo, amplía el excedente del circuito agroexportador sin obligación alguna de transformarlo en salarios, empleo o inversión.
El IVA neto cayó 8,2% real interanual en octubre y acumula doce meses de retrocesos según IARAF, señal de una economía deprimida por el ataque a la producción y a los trabajadores. El programa liberal comprime el consumo para bajar la inflación y así alivia presiones de demanda, pero deteriora la base que financia al Estado y, con él, el pago a los acreedores. La conexión está en las prioridades: cuando el Estado pone los intereses de la deuda por delante del salario social, es decir de las jubilaciones, la salud y la educación, la clase trabajadora paga la solvencia del capital financiero.
El peronismo, el salvavidas político de Milei
Milei tuvo dos salvavidas, uno financiero y otro político. Para el FIT-U solo cuenta el primero, el salvataje de Trump, con el swap del Tesoro estadounidense en 2025. Pero el que se oculta es el político, y lleva nombre y camiseta, los gobernadores peronistas y sus legisladores. Sin ellos no hubiera podido sancionar la reforma laboral, el Presupuesto ni las leyes impositivas que reparten el costo de la crisis.
La madrugada del 12 de febrero, el Senado dio media sanción a la reforma laboral por 42 votos contra 30. A los libertarios se sumaron radicales, macristas y bloques provinciales de gobernadores peronistas o de origen peronista, con senadores vinculados a Tucumán, Salta, Misiones y Córdoba, según el recuento de la prensa. Hubo un detalle revelador: el proyecto original rebajaba el impuesto a las Ganancias de las sociedades del 35% al 31%; los gobernadores reclamaron eliminar ese artículo y, con su eliminación, la jefa del bloque oficialista consiguió los votos que le faltaban. Una ley que recorta derechos de los trabajadores se aprobó en parte por una disputa sobre cómo repartir los ingresos del impuesto a las empresas y capitalistas. ¡Combatiendo el capital, las pelotas!
En Diputados pasó lo mismo con otros nombres. La noche del 19 al 20 de febrero, mientras la CGT hacía su paro, la Cámara aprobó la reforma por 135 votos contra 115, con el apoyo decisivo de diputados de provincias gobernadas por el peronismo. El Gobierno había recorrido seis provincias en enero con el ministro del Interior, y la reforma venía atada a la de la Ley de Glaciares, que importa a las provincias mineras. Votos a cambio de recursos y de cambios que benefician a las economías provinciales. El Presupuesto 2026 siguió el mismo camino, 46 votos contra 25 en el Senado y 132 contra 97 en Diputados, con tres senadores peronistas de Catamarca, Jujuy y Tucumán acompañando al oficialismo y los gobernadores Jalil y Jaldo comprometidos de antemano. Fue la primera vez desde 2019 que el bloque peronista del Senado votó dividido. El peronismo sí se unió en un punto, el rechazo al artículo sobre educación, y esa defensa muestra que puede resistir cuando quiere. Antes, la Ley Bases había salido con votos de senadores de origen peronista como Camau Espínola y Edgardo Kueider.
El Gobierno cuenta con ese apoyo de forma vergonzosa y disimulada, y a la vez le atribuye la suba del riesgo país al "riesgo kuka", es decir, al miedo a que el peronismo vuelva al poder. La secuencia de votos dice otra cosa, el peronismo que los mercados dicen temer es el que le aprueba al Gobierno las herramientas del ajuste. Nuestra lectura es que no hay contradicción sino división del trabajo. El ala nacional vota en contra y levanta la bandera del rechazo. El ala de los gobernadores aporta los votos que hacen falta, porque administra provincias que dependen de la coparticipación, de los adelantos de fondos y de las obras que dispensa el Tesoro nacional, y no está dispuesta a romper con esa fuente de recursos. Es el comportamiento de un partido tradicional del Estado burgués que administra la crisis en lugar de enfrentarla.
La CGT y las CTA: cuatro paros de un día y ninguna huelga general
En casi tres años de gobierno de Milei, la CGT hizo cuatro paros generales: el 24 de enero de 2024, el 9 de mayo de 2024, el 10 de abril de 2025 y el 19 de febrero de 2026. Los cuatro duraron veinticuatro horas. El último, contra la reforma laboral, se convocó sin movilización y con libertad de acción para cada gremio. La central dijo que la adhesión superó el 90%, con bancos cerrados y transporte parado. Esa misma noche, pasada la medianoche, Diputados aprobó la reforma. El paro fue fuerte y la ley pasó igual, porque una jornada de brazos caídos sin plan de continuidad no cambia la relación de fuerzas dentro del Congreso.
Lo que vino después confirma el rumbo. Según la prensa, antes de la votación definitiva en el Senado la CGT resolvió no convocar una nueva huelga, por considerar que el costo era alto y el impacto político bajo, y anunció que judicializaría la ley y marcharía a Tribunales. Con esa estrategia obtuvo una cautelar que suspendió 80 artículos el 30 de marzo, y el 8 de mayo la Justicia reactivó 81, mientras la Cámara enviaba la causa al fuero contencioso administrativo, como había pedido el Gobierno. Una ley que toca las indemnizaciones, la regulación de las asambleas y el propio derecho de huelga quedó en manos de los jueces. El 30 de abril, en la marcha del Día del Trabajador, el dirigente camionero Pablo Moyano reclamó que la movilización se transformara en un "verdadero plan de lucha".
Desde entonces el esquema se repite. La CGT, con las dos CTA y la UTEP, acordó un calendario de marchas y actividades, con la Semana Social de la Iglesia y la visita del papa León XIV prevista para noviembre. En agosto convocó a una marcha por las familias endeudadas y volvió a discutir un quinto paro, mientras, según la cobertura, una parte de la conducción consideraba que una huelga podía perjudicar a los propios trabajadores sin cambiar la política oficial (?). Hasta el cierre de esta nota no hay un quinto paro convocado. Las CTA, la UOM y ATE habían reclamado a la CGT un paro con movilización al Congreso, pidieron que lo convocara la central en lugar de imponerlo desde la calle.
La explicación es política y de clase, y no depende de adivinar intenciones, se apoya en los intereses materiales. La dirección sindical es una capa social que vive de mediar entre el trabajo y el capital. No impulsa el conflicto contra el capital. Su posición descansa en los convenios, en las obras sociales, en la personería gremial y en una negociación permanente con el Estado y con las patronales. En la época imperialista los sindicatos tienden a integrarse al aparato estatal, y esa integración marca sus límites, una huelga general plantea de hecho quién manda en el país, reúne a sectores que la burocracia mantiene separados y abre la posibilidad de que las asambleas decidan por encima de las cúpulas. A eso se suma la ligazón política. La conducción de la CGT es peronista, y los gobernadores del peronismo le votaron al Gobierno la reforma y el Presupuesto. Con 2027 en el horizonte, pelear de verdad contra Milei supondría pelear contra los socios provinciales del mismo espacio. En febrero, la prensa hablaba de la preocupación de la CGT por alejar el "fantasma de una fractura" interna. Un paro de un día sin movilización resuelve ese dilema, deja a cada trabajador en su casa, fragmentado, y le permite a la dirección mostrar una medida sin arriesgar el control de la situación. El camino judicial cumple la misma función, porque reemplaza la fuerza de los trabajadores por la voluntad de los magistrados.
Nada de esto significa que la bronca de las bases no cuente. Los cuatro paros existieron porque había presión desde abajo. Lo que falta es la continuidad: un plan que vaya del paro de veinticuatro horas a la huelga general activa, con piquetes, asambleas y coordinación entre sectores, hasta torcer la ley. Esa herramienta no va a venir de las cúpulas, y hay que construirla desde los lugares de trabajo, con comités de base, asambleas y coordinación de los conflictos que ya existen, como el de Fate, metalúrgicos, docentes y la juventud precarizada y sin posibilidades de estudiar.
Portugal: lo que cambia cuando la huelga general es un plan
Se suele decir que contra una reforma laboral como la de Milei no había nada que hacer. Portugal indica lo contrario. El gobierno de centroderecha de Luís Montenegro presentó un paquete que modificaba más de cien artículos del Código del Trabajo. Las dos centrales, la CGTP y la UGT, hicieron juntas una huelga general el 11 de diciembre de 2025, la primera en doce años, que paralizó trenes, aviones, escuelas y hospitales. La CGTP volvió a convocar otra el 3 de junio de 2026. El 19 de junio, el Parlamento rechazó la reforma, con los votos de la ultraderecha de Chega y de toda la izquierda. Por las huelgas generales el Parlamento no se animó a aprobar el paquete.
La comparación sirve para derribar un argumento de los impotentes. Que la reforma de Milei no se pudiera evitar es falso, se votó sin que existiera, del lado de la dirección peronista de la CGT, un plan de lucha sostenido que le pusiera un costo político real a cada legislador y a cada gobernador que levantaba la mano.
Que la clase obrera entre en escena
Los datos no anuncian un desenlace, pero sí una disyuntiva de clase, que la crisis de deuda la paguen quienes la contrajeron y se beneficiaron, o que la paguen quienes viven de su salario. Los gobiernos, los bancos y los acreedores van a intentar lo segundo, y para eso cuentan con un peronismo que administra el ajuste desde las provincias y con cúpulas sindicales que ofrecen paros de un día y recursos judiciales. Quien espera que alguno de ellos conduzca la defensa de los trabajadores va a esperar sentado. Lo que se juega es quién dirige la salida de la crisis: la clase obrera o el capital financiero.
Por eso la clase trabajadora necesita un programa propio, independiente de Milei, del peronismo y de la burocracia sindical. Los puntos mínimos:
- Derogación de la reforma laboral y de las leyes que descargaron el costo fiscal sobre el salario.
- Auditoría y suspensión de los pagos de la deuda, empezando por los intereses a fondos y bancos, y rechazo a cualquier nuevo acuerdo con el FMI.
- Nacionalización de la banca bajo control de los trabajadores y de los depositantes, con un banco estatal único que garantice los ahorros populares. Es la lección de Ueno: dejar el crédito en manos privadas expone al pueblo cuando se rompe.
- Impuestos progresivos a los grandes patrimonios y a las ganancias extraordinarias del agro y de las exportadoras, fin del IVA sobre la canasta básica y eliminación de Ganancias sobre los salarios.
- Todo el mundo a trabajar. Salario mínimo igual a la canasta familiar y escala móvil de salarios y jubilaciones, para que ninguna devaluación se coma el ingreso.
- Presupuesto para la Universidad y todos los jóvenes a estudiar.
- Presupuesto para vivienda y todos con vivienda.
- Un paro general activo, con piquetes y asambleas votado en cada lugar de trabajo, como comienzo de un plan de lucha hasta torcer la ley, y comités de base que coordinen los conflictos existentes, como el de Fate.
- Romper con el imperialismo y el FMI
El peronismo y las cúpulas sindicales ya mostraron qué hacen frente a la crisis, y la izquierda que se reclama de los trabajadores tampoco está a la altura. La experiencia del FIT-U es un accidente histórico y político. En Fate, la dirección del PO dejó pasar acuerdos a la baja que luego disimuló con una cláusula gatillo, y cuando llegaron los despidos no se tomó la fábrica. Según denuncian los trabajadores, hoy se desarman una máquina armadora de cubiertas UP3 y los comedores con tercerizados fuera de convenio, mientras Crespo y el PO cortan el césped del predio. Frente a eso, Crespo no llama a reuniones para organizar con todos y con derecho a la disidencia por minoria, y por la toma de la fabrica, y la lucha por el triunfo de FATE contra Madanes y los capitalistas, y por la huelga general. El PTS es un segundo violín, ni siquiera la convoca desde los comités de base del FIT-U. Pero la fuerza de la clase obrera no depende de estos aparatos minúsculos, se va a poner de pie y los va a barrer, como barrió a otros accidentes históricos que se interpusieron en su camino. Falta que entre en escena con sus propios métodos y con su propia dirección. Sin eso, la salida va a ser la que elijan los capitalistas y los acreedores. La clase obrera es la única fuerza capaz de romper con las políticas capitalistas y de superarlas con el socialismo.
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