El Board to Kill de Trump
Raúl Valle El Board of Peace que impulsa Donald Trump se vende como un dispositivo para la “reconstrucción” de Gaza, pero en los hechos es una arquitectura de poder que consolida el despojo palestino bajo forma de negocios, escriturar propiedades, es una tutela de seguridad y un simulacro de gobernanza multilateral al margen de la ONU. El corazón del esquema es financiero, los países para participar están obligados a pagar una entrada y ponen 1.000 millones de dólares compran un asiento permanente en la mesa, con presencia garantizada mientras exista el organismo, mientras que el resto que no puede, sólo accede a sillas precarias de tres años, renovables si el núcleo duro —la Casa Blanca y sus aliados principales— decide que siguen siendo útiles. Esa lógica convierte a la “paz” en un club de accionistas donde el peso político se mide en capital aportado, y donde las grandes petromonarquías, potencias regionales y socios estratégicos de Washington se aseguran controlar el rumbo de...