¿A qué va Milei a una reunión de la ultraderecha?



Por Raúl Valle

El 15 de marzo de 2026, en Madrid, Milei vuelve a hacer lo que mejor sabe, arrodillarse ante la derecha más rancia de Europa y actuar de vendedor ambulante de la Argentina frente a un Vox hundido en causas, escándalos y sospechas de corrupción, mientras España arrastra una crisis social marcada por el ajuste, la precarización y el crecimiento del odio reaccionario. No viaja a un país cualquiera ni se junta con un partido “respetable”, se abraza a una fuerza señalada por su financiación turbia, su entramado con millonarios y lobbies ultracatólicos y su campaña sistemática contra derechos laborales, feministas y democráticos, en una España atravesada por el avance de la pobreza, los alquileres imposibles y la ofensiva contra los servicios públicos.  En ese contexto, Milei no aparece como un líder “antisistema” sino como lo que es, un excremento y el socio lumpen de una derecha corrupta que usa la palabra “libertad” para encubrir negocios, privilegios y más violencia contra los de abajo, acá y allá. 

De hecho, Milei llega a Madrid con una hoja de ruta ya trazada. La Ley Base de 2024 permitió la privatización total o parcial de ocho empresas públicas, Enarsa (energía y GNL), Nucleoeléctrica (centrales nucleares), Yacimientos Carboníferos Río Turbio, Intercargo (servicios aeroportuarios), AySA (AMBA de agua y saneamiento), Trenes Argentinos, Belgrano Cargas y Corredores Viales. Sobre esa base legal, el gobierno anunció que "a lo largo de este año" quiere finalizar la venta de varias de ellas, comenzando por AySA, y definiendo plazos para que los grupos privados compitan por el paquete de acciones. Al mismo tiempo, el propio Milei y sus portavoces han dejado claro que "todo lo que se pueda privatizar se privatizará", mencionando también a Aerolíneas Argentinas, Radio y Televisión Argentina (RTA) y Correos de Argentina, que quedaron fuera de la Ley Base debido a la presión parlamentaria, pero que siguen en el punto de mira. En los documentos originales y anexos de la primera ley ómnibus, figuraba una lista de 41 empresas estatales que el gobierno pretendía privatizar, además de las ya mencionadas, estaban YPF, Banco Nación, Arsat, Fabricaciones Militares, FAdeA, Télam, medios de comunicación universitarios públicos, empresas ferroviarias y portuarias, entre muchas otras. Aunque el Congreso redujo esa lista, la orientación estratégica no cambió, Milei viaja a foros como el de Madrid para garantizar a los inversores que su objetivo sigue siendo avanzar, por etapas, hacia la privatización de todos esos sectores.

El núcleo de negocios se entiende mejor si miramos qué empresas están en juego. Enarsa maneja la compra de gas natural licuado y contratos energéticos de alto volumen; Nucleoeléctrica controla centrales nucleares como Atucha y Embalse; YCRT administra yacimientos de carbón y generación en la Patagonia; AySA concentra el servicio de agua y cloacas en el corazón industrial y urbano del país; Trenes Argentinos y Belgrano Cargas son clave en el transporte de mercancías y personas; Corredores Viales maneja rutas y peajes; Intercargo es el negocio de los servicios en pista para aerolíneas. Sobre este paquete se montan intereses muy concretos, fondos de infraestructura que compran rutas y peajes, multinacionales del agua que buscan monopolios regionales, empresas de logística que quieren controlar ferrocarriles y cargas, corporaciones energéticas y nucleares que aspiran a entrar en la red argentina, y grupos de servicios aeroportuarios privados que intentan quedarse con el negocio que hoy es público. No es casual que Milei se reúna en España no solo con Abascal y Huerta de Soto, sino también con empresarios como Martín Varsavsky y, en visitas anteriores, con la cúpula de la CEOE y representantes de bancos y compañías como Santander, Telefónica, Abertis, BBVA, Iberia, Naturgy y consultoras financieras. Esa red de grandes empresas españolas –que ya se benefició en los 90 de privatizaciones argentinas en telecomunicaciones, energía, agua, autopistas y bancos– vuelve a aparecer hoy como cliente potencial de la nueva ola privatizadora.

La contradicción es para explotarla y desarrollar en las trabajadoras y trabajadores, mientras el gobierno justifica el ajuste y las privatizaciones en nombre de la “eficiencia” y de que “las empresas públicas pierden plata”, varios de los entes que quiere vender registraban resultados positivos o estratégicos para el desarrollo nacional. Informes de prensa señalan que, por ejemplo, AySA, Nucleoeléctrica, la Administración General de Puertos, el Correo Argentino y Aerolíneas Argentinas mostraban resultados operativos o balances mejores de lo que el discurso oficial admite, y aun así están en la mira como blanco privilegiado para el capital privado. A la inversa, empresas que arrastran pérdidas en buena medida por decisiones políticas (como subsidiar tarifas para no asfixiar a la población o sostener servicios en lugares no rentables pero socialmente necesarios) se usan como excusa para entregar mercados enteros a monopolios privados que, en manos de grupos como los que hoy escuchan a Milei en Madrid, orientarán tarifas y servicios al lucro máximo, no a necesidades sociales. El mensaje a esos inversores, envuelto en citas a Von Mises y gritos contra el socialismo, es muy sencillo, “estamos licuando salarios, achicando el Estado, abriendo la economía y tenemos una ley que nos habilita a venderles activos públicos estratégicos”.

Paralelamente, Vox intenta presentarse como un socio "ético" de este proyecto, el partido que viene a limpiar la corrupción del PSOE y del PP en España. Pero los datos contundentes lo desmienten. El Tribunal de Cuentas sancionó a Vox con 233.324 euros por financiación irregular, al detectar donaciones finalistas para causas específicas —como la demanda contra Quim Torra— que la ley prohíbe, y contribuciones que infringían la normativa sobre donantes anónimos y condicionados. No fue un incidente aislado, posteriormente, el mismo Tribunal volvió a multar al partido con más de 50.000 euros tras comprobar que había recibido más de 330.000 euros en efectivo mediante ingresos fraccionados, inferiores a 300 euros, utilizando cajeros automáticos para eludir la identificación de los contribuyentes, práctica que se hizo famosa en el PP de Madrid en los casos Púnica y Lezo. Son la obscenidades de la impunidad

A esto se suma una crisis interna permanente, dimisiones masivas de dirigentes provinciales como la de Murcia, quejas por la falta de democracia interna, expulsiones y purgas de líderes como Ortega Smith, y procesos judiciales como el del expresidente andaluz Francisco Serrano, implicado en un fraude millonario vinculado a ayudas públicas. Así, la «nueva derecha limpia» que se fotografía con Milei en Madrid, en realidad, arrastra consigo sus propios negocios turbios y luchas de camarillas.

El punto de contacto entre estas dos experiencias es muy claro, la combinación de un discurso furioso contra el "sistema de castas", la "corrupción" y el "Estado" con prácticas concretas al servicio de nuevos negocios que obtienen una fracción del gran capital, respaldadas por estructuras partidistas que tampoco están exentas de financiación opaca y estafas.

Milei privatiza y se adapta en Argentina, mientras establece vínculos con bancos, multinacionales y empresarios europeos en foros como el de Madrid; Vox se ofrece como su socio político en Europa, a pesar de sus propios antecedentes de corrupción y financiación ilícita. Donde estas dos bestias capitalistas gemelas se unen en la corrupción como elogio a la impunidad.

Ese foro es un cachivache de derecha, pura puesta en escena de una alianza de poderosos que se disfrazan de “libertad” mientras consolidan un bloque reaccionario para profundizar la ofensiva contra los derechos laborales, los salarios, los bienes públicos y la soberanía. Es el libreto clásico de la entrega, preparar el terreno para rifar Enarsa, AySA, Nucleoeléctrica, ferrocarriles, rutas, correos, medios de comunicación públicos y, si pueden, también YPF, Aerolíneas y el sistema financiero, todo bajo la misma bandera hueca. Llaman “libertad” a vender la patria en cuotas y “coraje” a obedecer a los mismos de siempre; lo único que garantizan es más miseria para las mayorías y más blindaje para una minoría cada vez más rica, más impune y cada vez más ajena a cualquier proyecto de soberanía.

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