¿Qué hacen en Fate?
Por Raúl Valle
La escala del ataque que implica el cierre de FATE exige una respuesta de la misma magnitud: un paro total y coordinado de las tres plantas del neumático, articulado con los sectores automotriz y metalúrgico, que hoy concentran decenas de miles de trabajadores bajo una ofensiva similar y con una dirección sindical en crisis.
En el neumático, el cuadro es claro, Fate ya despidió a 920 trabajadores y cerró su planta de Virreyes tras haber echado antes a 97 operarios en una planta que llegó a tener alrededor de 2.000 puestos directos.
El sector, compuesto por solo tres grandes fábricas (Fate, Pirelli y Bridgestone), venía atravesado por conflictos duros desde 2022, con paros simultáneos en las tres plantas y bloqueos que paralizaron la producción nacional de neumáticos.
Hoy el cierre de Fate deja a las otras dos en una posición extremadamente vulnerable frente a la misma combinación de apertura importadora y ofensiva patronal. En 2025 las importaciones de neumáticos crecieron cerca de 44%, con más de 860.000 cubiertas ingresando solo en mayo, el nivel mensual más alto en dos décadas.
El resultado es que aproximadamente el 75% del mercado interno está abastecido por importaciones y cerca del 60% de esas cubiertas provienen de China.
Si la reacción ante este cuadro se limita a cada fábrica por separado, el desenlace probable es la repetición, escalonada, del “caso Fate”.
Por eso, desde una estrategia de clase, la primera propuesta es un paro unificado de las tres plantas del neumático, no solo a la defensiva sino con un pliego central, reapertura inmediata de Fate bajo control estatal con participación obrera, prohibición de despidos en Pirelli y Bridgestone, cupo mínimo obligatorio de producción nacional en el mercado interno y revisión de la baja arancelaria que permitió que 3 de cada 4 neumáticos sean importados. La experiencia de 2022 demostró que cuando Fate, Pirelli y Bridgestone paran juntas, la afectación del transporte, la logística y la industria es inmediata.
Ese poder objetivo debe utilizarse ahora no solo para negociar salarios, sino para cuestionar una política que destruye la rama entera.
La segunda pata indispensable es la articulación con la industria automotriz. El sector emplea unos 73.000 trabajadores directos en Argentina, de los cuales aproximadamente 25.000 están en terminales ensambladoras y 48.000 en autopartistas.
A esto se suman entre 3.500 y 4.000 empleos perdidos en el último año por caída de la producción, con plantas trabajando al 45–50% de su capacidad. Es decir, se trata de decenas de miles de trabajadores, concentrados en establecimientos de gran escala, sometidos también a la apertura importadora, la presión por “bajar costos” y el avance de reformas laborales regresivas.
Desde un punto de vista de clase, se trata de ramas fuertemente integradas, sin neumáticos no hay autos, sin autopartes metalúrgicas no hay ensamblaje. Un paro del neumático que se coordine con paros y asambleas en terminales y autopartistas tiene la posibilidad de detener una porción significativa del valor que se produce en la rama automotriz, y por esa vía incrementar de forma cualitativa el poder de negociación de los trabajadores.
En la metalurgia, la Unión Obrera Metalúrgica ha reconocido una pérdida de entre 22.000 y 26.000 puestos de trabajo en un año, con otros 25.000–30.000 en riesgo inmediato. Esto supone, a escala nacional, uno de los núcleos más golpeados por la apertura de importaciones y la recesión industrial. La UOM, al mismo tiempo, atraviesa una crisis de legitimidad y orientación, por un lado denuncia un “industricidio”; por otro, su respuesta práctica ha sido insuficiente para frenar cierres y despidos masivos. Aquí aparece la oportunidad, la iniciativa no tiene por qué quedar atada a una burocracia que administra la derrota. Los trabajadores del neumático pueden convocar de manera directa a plenarios de delegados de base de la UOM y del SMATA, con mandato de fábrica, para discutir un plan de lucha común.
Una propuesta concreta, por tanto, es la siguiente, que el SUTNA impulse la convocatoria a una jornada nacional de paro y movilización de toda la rama del neumático, con paradas efectivas en Fate (ocupada), Pirelli y Bridgestone, y al mismo tiempo convoque a un plenario abierto de delegados de base del sector automotriz (SMATA, mecánicos, autopartistas) y de la UOM.
El objetivo de ese plenario debería ser doble, por un lado, votar un plan de acción escalonado que incluya paros rotativos, cortes coordinados de accesos a plantas y a autopistas clave (Panamericana, Acceso Oeste, rutas a puertos), y un paro de 24 horas de toda la cadena industrial si no se revierte el cierre de Fate; por otro, discutir una plataforma programática común, que incluya la reapertura de fábricas cerradas bajo control obrero y la renegociación de la política de importaciones y de convenios colectivos impuesta desde arriba.
El argumento no es solo político, sino también cuantitativo. Sumando aproximadamente 2.000 trabajadores directos en el neumático (920 de Fate, más plantas activas de Pirelli y Bridgestone), 73.000 en la industria automotriz y un universo metalúrgico que supera con holgura los 200.000 trabajadores, un paro coordinado puede implicar que más de 250.000 asalariados industriales detengan su actividad, afectando directamente sectores que representan alrededor del 15–20% del producto industrial del país. Desde la lógica de la lucha de clases, se trata de transformar cierres que hoy aparecen como “casos aislados” (Fate, metalúrgicas, autopartistas) en un conflicto de conjunto por el modelo productivo, donde gobierno y grandes grupos económicos se vean obligados a negociar no solo con una planta ocupada, sino con una fracción decisiva de la clase obrera industrial en movimiento.
La crisis de la dirigencia sindical metalúrgica y automotriz no es un obstáculo menor, pero tampoco un límite absoluto. El dato de 26.000 empleos metalúrgicos perdidos y 3.500–4.000 despidos en la rama automotriz en un año, sumado a los 920 de Fate, expresa una tendencia de desindustrialización que perfora la base social de esos sindicatos.
En claridad, la burocracia sindical funciona como una capa intermedia que intenta mediar entre capital y trabajo, pero su capacidad de contención se erosiona cuando la ofensiva patronal se hace estructural. En ese contexto, la irrupción de sectores con tradición de lucha como el neumático puede contribuir a catalizar una crisis “por abajo” de esas direcciones, mediante la organización de coordinadoras, plenarios de base y comités de fábrica que actúen de manera autónoma si las cúpulas se niegan a ir más allá de declaraciones.
En síntesis, la propuesta estratégica es articular el conflicto de Fate con un salto hacia la acción común de la clase obrera industrial. Parar las tres plantas del neumático no como un fin en sí mismo, sino como detonante para arrastrar a los 73.000 trabajadores automotrices y a los cientos de miles de metalúrgicos que ya padecen despidos y suspensiones. Hacerlo con métodos de acción directa –ocupación de fábricas, paros efectivos, cortes coordinados de producción y circulación– y con estructuras de decisión democráticas –asambleas y plenarios de base– es la única vía para que la lucha contra la conversión de una fábrica de neumáticos en un “galpón de baterías” deje de ser una defensa desesperada y se convierta en una disputa real por el rumbo industrial del país.

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