Es Milei una bolsa de bosta capitalista?
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La ofensiva de deportaciones masivas impulsada por Donald Trump no es s贸lo una pol铆tica de persecuci贸n contra trabajadores migrantes, constituye un sistema de negocios sostenido por fondos p煤blicos, contratistas privados y una expansi贸n acelerada de la infraestructura de detenci贸n. Bajo este esquema, cada migrante puede ser convertido en una fuente de facturaci贸n mediante el arresto, el encierro, el traslado, el monitoreo electr贸nico, el procesamiento administrativo y la deportaci贸n.
Las principales empresas beneficiadas son GEO Group y CoreCivic, operadores de c谩rceles privadas y centros de detenci贸n migratoria. La pol铆tica de emergencia fronteriza habilit贸 una ampliaci贸n de contratos existentes, reaperturas de establecimientos y adjudicaciones sin competencia abierta. ICE apunt贸 a superar las 100.000 camas de detenci贸n, mientras la poblaci贸n migratoria bajo encierro alcanz贸 niveles r茅cord. La pol铆tica migratoria combina as铆 xenofobia, disciplinamiento laboral y negocio corporativo.
La escala econ贸mica muestra que no se trata de un aspecto marginal. CoreCivic y GEO Group han ampliado su peso en el sistema de detenci贸n, aprovechando contratos p煤blicos, ampliaciones de capacidad y la reactivaci贸n de instalaciones. El Estado avanza incluso sobre infraestructura propia, pero sin abandonar la dependencia de proveedores privados de encierro, transporte, seguridad, alimentaci贸n, vigilancia y control electr贸nico.
En esa maquinaria, el trabajador migrante cumple una doble funci贸n para el capital. Mientras est谩 fuera de los centros de detenci贸n, es mano de obra vulnerable frente al chantaje patronal, los salarios bajos y el temor a perder su estatus migratorio. Cuando cae bajo custodia, se convierte en poblaci贸n rentable para toda la cadena empresarial ligada al encierro. La deportaci贸n deja de ser el final de un tr谩mite estatal: es una cadena integral de acumulaci贸n.
Los casos de argentinos detenidos en Estados Unidos vuelven visible esta realidad. Mat铆as Pourrain, futbolista argentino de 34 a帽os, fue detenido por ICE el 6 de agosto de 2026 en Fort Lauderdale, cuando viajaba con su equipo hacia Los 脕ngeles. Iliana Noel铆 Lick, ni帽era argentina de 30 a帽os radicada en Filadelfia, fue detenida el 11 de julio. M谩s all谩 de las particularidades de cada expediente, estos casos muestran la vulnerabilidad de quienes migran y quedan expuestos a un r茅gimen que puede detener a trabajadores mientras viajan, trabajan o aguardan la resoluci贸n de tr谩mites.
No son episodios aislados. Son la expresi贸n concreta de una pol铆tica de disciplinamiento que instala miedo en comunidades enteras y fortalece la capacidad de las patronales para imponer peores condiciones. Estados Unidos necesita trabajadores migrantes para sostener buena parte de su econom铆a, pero al mismo tiempo los mantiene bajo la amenaza permanente de la persecuci贸n, el encierro y la expulsi贸n.
La relaci贸n con la Argentina es directa. La ca铆da del poder adquisitivo, la precarizaci贸n, la destrucci贸n de puestos de trabajo y el aumento del costo de vida bajo el r茅gimen de Milei empujan a miles a buscar una salida en el exterior. Para sectores de la juventud, de la peque帽a burgues铆a empobrecida y de la clase trabajadora, migrar aparece como una respuesta individual a una crisis que se profundiza. Sin embargo, al llegar a Estados Unidos, esa b煤squeda se choca con un aparato que necesita mano de obra barata y disponible, pero que puede convertir a esa misma poblaci贸n en mercanc铆a para el negocio carcelario y deportador.
Hay una continuidad hist贸rica en la pol铆tica migratoria norteamericana. Durante la administraci贸n de Barack Obama se expandi贸 con fuerza la detenci贸n de familias migrantes, especialmente en Texas, con centros destinados a madres, ni帽os y ni帽as. Bajo el actual gobierno de Trump se produce un salto de escala, c谩rceles privadas, compras de inmuebles, contratos directos, reactivaci贸n de centros cerrados, megaproyectos de procesamiento, transporte y monitoreo electr贸nico. El capital gana en cada instancia. El trabajador migrante es explotado cuando est谩 libre y fuente de renta cuando es capturado.
Un ascenso que busca expresi贸n
Desde la izquierda de combate caracterizamos que existe un ascenso de luchas, todav铆a desigual, con ritmos contradictorios y sin una expresi贸n pol铆tica unificada, que busca abrirse paso frente al ajuste, la precarizaci贸n y la crisis del gobierno. No se trata de un proceso terminado ni de una victoria consolidada, es un clima social que acumula bronca, comienza a plegarse y encuentra puntos parciales de irrupci贸n en los lugares de trabajo, las escuelas, los barrios y expresiones populares m谩s amplias.
El FIT-U no caracteriza este proceso de la misma manera. Su direcci贸n, de orientaci贸n centrista, tiende a subordinar la perspectiva de la lucha de clases a un reacomodamiento electoral hacia 2027. La expectativa de un gran caudal de votos para Myriam Bregman, de llegar a un balotaje e incluso conquistar la presidencia —bajo la consigna de que “la izquierda debe llegar al poder”— reemplaza una estrategia de organizaci贸n independiente y movilizaci贸n de la clase trabajadora por una adaptaci贸n electoralista.
Para nosotros, ese electoralismo no prepara a los trabajadores para los enfrentamientos que vienen. Por el contrario, puede profundizar tensiones internas ya existentes en el PTS y en el FIT-U, una coalici贸n sostenida por equilibrios precarios y contradicciones que sus propias prensas buscan disimular. La realidad de la crisis, el deterioro de las condiciones de vida y la emergencia de nuevos conflictos puede poner a prueba esa estrategia, basada en esperar una acumulaci贸n electoral futura antes que intervenir de manera consecuente en las luchas presentes.
Una de esas contradicciones aparece en la relaci贸n con el peronismo. No se trata de definirlo como una fuerza “moderada”, como hace el PTS, sino de caracterizar su papel concreto: una burocracia sindical y pol铆tica colaboracionista, integrada al sostenimiento del r茅gimen capitalista. Sus sectores dirigentes contribuyeron a votar y viabilizar reformas antiobreras de la bolsa de mierda de Milei, mientras sus aparatos sindicales administran la crisis en lugar de impulsar una respuesta de conjunto.
Esa burocracia conserva sindicatos como estructuras separadas de las bases, en muchos casos gestionados con criterios empresariales, recursos propios y v铆nculos permanentes con las patronales y el Estado. En vez de poner esas organizaciones al servicio de organizar la lucha de clases, contener el ajuste y preparar medidas de fuerza, las utiliza para negociar los l铆mites de cada conflicto, descomprimir la bronca y evitar que las luchas se coordinen.
La tarea no es esperar o exigirle la lucha a la direcci贸n de la CGT, porque es una actitud pasiva que se adapta al calendario electoral, ni adaptarse a las direcciones que frenan la movilizaci贸n. Es intervenir ahora para organizar la bronca desde abajo, fortalecer asambleas y cuerpos de delegados con mandato, coordinar los conflictos obreros y populares y desarrollar una alternativa pol铆tica independiente de todas las variantes patronales, incluido el peronismo y su burocracia sindical colaboracionista.
Por otro lado, consideramos que el 煤ltimo mundial fue uno de los canales de la pasi贸n y la expresi贸n antiimperialista, tambi茅n nos diferenciamos de los populistas que dicen que la patria no se vende porque nosotros estamos con las clases obreras de todos los pa铆ses que luchan contra el imperialismo con sus m茅todos, tiempos de maduraci贸n y creaciones de sus propios imaginarios de clase, no nos sonrojamos al decirlo. Sucede que muchos ocultan lo que pasa en EEUU con los argentinos migrantes, dado que se registran detenciones a trabajadores y futbolistas argentinos en EEUU por ser latinos y por haber desplegado la bandera antiimperialista. La exposici贸n de los futbolistas argentinos por su condici贸n de clase y raza latina detenidos hace una semana por ICE puso rostro y nombre a una pol铆tica que suele presentarse como una cuesti贸n lejana o burocr谩tica. Pero est谩 en ascenso. Su situaci贸n permiti贸 que miles identificaran que la persecuci贸n migratoria no golpea a una abstracci贸n, sino a trabajadores y j贸venes que, como tantos otros, emigraron buscando vivir de su trabajo.
La bandera que afirma que las "Malvinas son argentinas" , prohibida por el Gobierno y la FIFA, tambi茅n adquiri贸 relevancia porque se replic贸 como una expresi贸n popular. No corresponde reducir ese fen贸meno a una “malvinizaci贸n” vac铆a o artificial. Esa lectura superficial desconoce que, en el sentido com煤n de amplios sectores, la cuesti贸n Malvinas conserva un contenido antiimperialista, remite al rechazo al dominio extranjero, a la entrega nacional y a la subordinaci贸n ante las grandes potencias. Y esa lucha solo lo puede llevar a un buen curso la clase obrera.
Eso no implica idealizar ni confundir el sentimiento popular con una pol铆tica acabada. Implica reconocer que esas expresiones pueden convertirse en un canal para que sectores de la clase trabajadora exterioricen una bronca m谩s profunda, contra el ajuste, contra la entrega, contra la p茅rdida de derechos y contra un gobierno que pretende subordinar al pa铆s a intereses ajenos. La tarea de una izquierda de combate no es burlarse ni ubicarse por fuera de esos procesos, sino intervenir en ellos, darles perspectiva de clase y vincularlos con la pelea por salarios, empleo, vivienda y soberan铆a efectiva.
La crisis de Milei y las derrotas parlamentarias expresan parte de ese cuadro. El rev茅s en el Senado alrededor de la ley de tierras no constituye, por s铆 mismo, un triunfo total para los trabajadores ni garantiza una ruptura con la entrega. Durante meses, distintos sectores del peronismo brindaron apoyo pol铆tico o parlamentario a iniciativas del Gobierno. Por eso, no alcanza con presentar una votaci贸n adversa como si fuera una derrota estrat茅gica definitiva del r茅gimen.
Tampoco puede olvidarse la trayectoria de los gobiernos peronistas. Bajo administraciones identificadas con el peronismo, incluyendo las de Cristina Kirchner y funcionarios como An铆bal Fern谩ndez, continuaron mecanismos de entrega territorial, negocios extractivos y acuerdos favorables a capitales privados. La defensa de la soberan铆a no se agota en discursos nacionales: exige terminar con la subordinaci贸n econ贸mica a bancos, multinacionales, fondos de inversi贸n y grandes propietarios.
En esos gobiernos, adem谩s, los bancos hicieron ganancias extraordinarias mientras amplios sectores de la poblaci贸n enfrentaban inflaci贸n, endeudamiento, deterioro salarial y falta de vivienda. Cristina dijo que no hay nada fuera del capitalismo y, tambi茅n, su frase m谩s conocida: ''Los banqueros en mi gobierno se la llevan en psls''. La cr铆tica al actual Gobierno no puede llevar a reciclar ilusiones en los viejos administradores capitalistas. El problema de fondo es un r茅gimen econ贸mico en el que los banqueros, grandes empresarios y acreedores se llevan una parte creciente de la riqueza producida por los trabajadores.
Huelga general y coordinaci贸n
Frente a este cuadro, crece la bronca contra la reforma laboral, el ajuste y el ataque a las condiciones de vida. La aprobaci贸n de medidas regresivas cont贸 con apoyos pol铆ticos que incluyeron al peronismo provincial, mientras las direcciones de la CGT no convocaron una huelga general para unificar la resistencia y derrotar la ofensiva. El problema no es s贸lo la falta de declaraciones: es la ausencia de un plan de lucha nacional que permita coordinar la fuerza existente en f谩bricas, escuelas, hospitales, reparticiones p煤blicas y barrios obreros.
Portugal aporta una referencia reciente. Las huelgas generales contra una reforma laboral regresiva lograron paralizar 谩reas estrat茅gicas, afectar el transporte, cerrar escuelas y colocar el rechazo popular en el centro de la escena pol铆tica. Finalmente, el Parlamento rechaz贸 el proyecto de reforma. La experiencia no debe copiarse mec谩nicamente, pero deja una ense帽anza, una ofensiva antiobrera puede ser frenada cuando el malestar se transforma en organizaci贸n desde abajo, acci贸n nacional y continuidad de la movilizaci贸n.
En la provincia de Buenos Aires, una coordinaci贸n entre los trabajadores de Fate, Bridgestone y Pirelli, la docencia organizada en Suteba/Cetera y sus bases puede abrir un camino para unir luchas. Los obreros del neum谩tico enfrentan ritmos de producci贸n, salarios y condiciones laborales definidos por grandes patronales. La docencia enfrenta el deterioro del salario, la sobrecarga, los problemas de infraestructura y la crisis de la escuela p煤blica. Ambos sectores pueden vincular sus reclamos con las necesidades cotidianas de las familias trabajadoras.
La lucha docente posee una dimensi贸n social decisiva. No existe educaci贸n de calidad con salarios de pobreza, escuelas deterioradas, falta de cargos, cursos sobrepoblados y familias obligadas a sobrevivir con ingresos insuficientes. Defender a la docencia es defender el derecho de ni帽os, ni帽as y j贸venes a aprender en condiciones dignas; y eso implica defender salario, empleo, vivienda, alimentaci贸n, salud y transporte para toda la comunidad educativa.
El horizonte no puede agotarse en una distribuci贸n algo menos desigual de la riqueza ni en impuestos progresivos a los m谩s ricos. Esas medidas pueden tener un car谩cter parcial, pero no eliminan la estructura que permite a una minor铆a apropiarse de la riqueza producida por la mayor铆a. La cuesti贸n de fondo es terminar con la apropiaci贸n privada de la riqueza social y con el poder de grandes empresas, bancos y capitalistas sobre las decisiones econ贸micas.
La alternativa es una planificaci贸n democr谩tica de la econom铆a, dirigida por quienes producen la riqueza, para organizar los recursos seg煤n las necesidades de la mayor铆a. La clase trabajadora argentina produce una abundancia que hoy se concentra en ganancias empresariales, especulaci贸n, pago de deuda y fuga de capitales. Poner esa riqueza al servicio del salario, el trabajo, la vivienda, la educaci贸n y la salud requiere superar la l贸gica capitalista que, en Estados Unidos, convierte la deportaci贸n en un negocio y que, en la Argentina, profundiza la crisis social para garantizar rentabilidad a los de arriba.
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