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La ola azul est谩 de fiesta en Am茅rica Latina, pero lo que festeja no es solamente una sucesi贸n de victorias electorales de la derecha. Lo que est谩 en curso es un cambio hist贸rico m谩s profundo, el agotamiento del progresismo de izquierda y nacional como forma de mediaci贸n de clase, la consolidaci贸n de una reorganizaci贸n burguesa del poder hacia el sometimiento imperialismo en forma de colonia y la nueva transformaci贸n de amplios aparatos sindicales de burocracia sindical a burgueses en estructuras de contenci贸n, administraci贸n y blindaje del conflicto social, llamadas empresas de administraci贸n de la crisis. En Argentina, Javier Milei aparece como la punta de lanza de esta nueva etapa regional, pero la derrota del movimiento obrero no se explica solo por la iniciativa de la derecha, sino tambi茅n por la complicidad activa de las direcciones pol铆ticas y sindicales del progresismo en Latinoam茅rica y del peronismo en Argentina.
En la Argentina, la reforma laboral impulsada por el gobierno debe leerse en ese marco, y no como un simple avance de fuerza desde arriba. La ley de modernizaci贸n laboral ampli贸 facultades patronales en materia de contrataci贸n, jornada, negociaci贸n colectiva y derecho de huelga, y avanz贸 con votos decisivos en el Congreso, el Senado la aprob贸 por 42 contra 30 y Diputados la sancion贸 por 135 contra 115, el peronismo provinciano vot贸 a dos manos la reforma laboral, en medio de protestas y de un paro dominguero convocado por las centrales sindicales. Despu茅s la Justicia suspendi贸 de manera cautelar 82 de sus 218 art铆culos, pero el sentido pol铆tico del triunfo oficial ya estaba planteado antes de esa medida judicial.
Ser铆a un error, sin embargo, describir ese proceso solamente como cooptaciones o intervenci贸n de los sindicatos desde el Estado como plantea el centrista Partido Obrero, como algo que ocurri贸 a trav茅s de nombramientos y presiones directas. Lo que hay es una colaboraci贸n pol铆tica expl铆cita y directa con Milei de sectores del peronismo provinciano y de aparatos sindicales ligados al peronismo, que no organizaron una lucha sostenida y de conjunto para derrotar la reforma. El Gobierno consigui贸 qu贸rum, mayor铆as y negociaci贸n a partir de modificaciones al proyecto, acuerdos con gobernadores y concesiones sobre el financiamiento sindical. En ese cuadro, la CGT oscil贸 entre el paro limitado, la judicializaci贸n y la negociaci贸n reservada, mientras el peronismo no despleg贸 una estrategia nacional de confrontaci贸n capaz de convertir la resistencia en un proceso ofensivo. Fueron c贸mplices y capitulares conscientes. Incluimos la capitulaci贸n, tambi茅n, en el caso de Fate con la direcci贸n del SUTNA y al Partido Obrero, tambi茅n, el inicio de la complicidad en el conflicto del PTS pese a su 煤ltima delimitaci贸n tard铆a y a todo el silencio del FIT-U en esa capitulaci贸n a la patronal y a la negativa de la toma de la f谩brica que despidi贸 a todos sus trabajadores bajo control obrero. Los del Partido Obrero los quisieron mandar a hacer Uber, por el Stream de Diagonales el 3 del mes pasado (sic). Milei no avanz贸 solo porque tuviera iniciativa propia; avanz贸 tambi茅n porque enfrente tuvo una oposici贸n que, salvo excepciones, administr贸 el conflicto en lugar de impulsarlo. La burocracia sindical preserv贸 sus cajas, su lugar de mediaci贸n y su capacidad de negociar, mientras los trabajadores cargaban con el costo de una ofensiva patronal de gran escala.
Para quien prefiera no leer largos desarrollos y legalistas sobre la confrontaci贸n con Milei, conviene mirar lo que pas贸 en Portugal, donde una reforma laboral con un contenido regresivo similar termin贸 derrotada. All铆, el proyecto impulsado por un gobierno de centroderecha fue rechazado en el Parlamento en junio de 2026, despu茅s de once meses de movilizaci贸n sostenida, marchas m煤ltiples y dos huelgas generales que paralizaron transporte, educaci贸n, salud y producci贸n. La presi贸n obrera y sindical gener贸 un costo pol铆tico tan alto que el gobierno termin贸 cediendo. La comparaci贸n importa porque muestra que la reforma no cay贸 por una simple combinaci贸n parlamentaria, sino porque hubo lucha social persistente, continuidad organizativa y una estrategia de confrontaci贸n real, dos huelgas generales en seis meses y una capacidad efectiva de afectar la normalidad econ贸mica. En Argentina, en cambio, las medidas fueron limitadas, fragmentadas y quedaron subordinadas a la l贸gica de negociaci贸n con el mismo aparato pol铆tico y sindical que deb铆a ser desbordado para ganar.
Los datos del mercado laboral argentino muestran que la crisis no es un episodio pasajero sino una tendencia estructural. El ataque a los trabajadores del sector privado es durante todo el gobierno de Milei, es hoy y promete m谩s luego del 2027. Analicemos, en abril de 2026 el empleo asalariado formal privado volvi贸 a caer en 12.000 puestos, y desde noviembre de 2023 ya se perdieron 235.000 empleos registrados en ese segmento. La secuencia reciente es reveladora, 4.000 puestos menos en febrero, 8.000 en marzo y 12.000 en abril, una aceleraci贸n de la ca铆da que desmonta la narrativa oficial de una recuperaci贸n en marcha y muestra que la econom铆a no se est谩 reordenando para expandir empleo, sino para abaratar trabajo, descargar el ajuste sobre la masa asalariada y ampliar el espacio de la precarizaci贸n. Al mismo tiempo, la informalidad laboral trep贸 al 44,2 por ciento en el primer trimestre de 2026, y m谩s de cuatro de cada diez trabajadores quedaron fuera de la protecci贸n laboral, previsional y sanitaria. La desocupaci贸n se ubic贸 en 7,8 por ciento, pero ese dato ya no expresa por s铆 solo el alcance del deterioro, porque convive con subocupaci贸n, pluriempleo, sobreocupaci贸n y expansi贸n del trabajo de supervivencia. El salario m铆nimo perdi贸 alrededor del 40 por ciento de su poder adquisitivo desde fines de 2023, y el fen贸meno del trabajador pobre dej贸 de ser excepcional para convertirse en una condici贸n cada vez m谩s extendida.
Un informe 煤ltimo de la UBA agreg贸 la dimensi贸n social de ese deterioro: el 32 por ciento de los trabajadores informales vive en hogares pobres y otro 27 por ciento se ubica en situaci贸n de vulnerabilidad, mientras que entre el quintil m谩s bajo de ingresos el 84,8 por ciento tiene empleo inseguro. El trabajo dej贸 de funcionar como garant铆a de reproducci贸n social estable y pas贸 a ser, para millones, una forma incompleta de supervivencia atravesada por ingresos fragmentados, endeudamiento y ausencia de derechos efectivos. Y se reemplaz贸 por promesa de disciplinamiento y represi贸n a las protestas y a la clase obrera, con la colaboraci贸n de la CGT y la oposici贸n burguesa que se apoya en el hombro de la burocracia peronista convertida en burgueses con buen pasar y lujos.
La crisis de los sindicatos en Am茅rica Latina debe analizarse a partir de este mismo problema estrat茅gico. La CGT argentina no puede verse solo como una central con un peronismo moderado como sostiene el PTS en sus actos y comites, act煤a cada vez m谩s como un aparato de administraci贸n del conflicto y de preservaci贸n corporativa. La Central Obrera Boliviana de Evo Morales ofrece un ejemplo todav铆a m谩s agudo. Bajo la conducci贸n de Mario Argollo, firm贸 acuerdos con el gobierno de Rodrigo Paz orientados a la "pacificaci贸n" del pa铆s, levant贸 medidas de presi贸n y ayud贸 a desactivar la din谩mica de lucha mientras se profundizaban el estado de excepci贸n, la represi贸n y las causas judiciales contra organizaciones obreras y campesinas. Esa capitulaci贸n se produjo, adem谩s, en medio de uno de los peores cuadros sociales de la regi贸n, entre 2024 y 2025 el ingreso real de los trabajadores bolivianos se desplom贸 un 13,4 por ciento por la aceleraci贸n de una inflaci贸n que lleg贸 al 20,4 por ciento, y las proyecciones para 2026 hablan de una inflaci贸n en torno al 20,7 por ciento, una contracci贸n del producto de entre 3,2 y 3,3 por ciento y una desocupaci贸n que subir铆a del 3,3 al 4,5 por ciento. Es un cuadro de estanflaci贸n abierta, con el poder adquisitivo real de los salarios cayendo incluso en los tramos donde el salario m铆nimo nominal sigui贸 creciendo, y con buena parte de los trabajadores refugi谩ndose en la informalidad ante la falta de un seguro de desempleo. Que la direcci贸n de la COB haya elegido en ese contexto la pacificaci贸n con el gobierno, en lugar de la movilizaci贸n, confirma hasta qu茅 punto la burocracia sindical funciona como amortiguador del conflicto y no como su veh铆culo.
Por eso puede afirmarse que, as铆 como Milei es punta de lanza de la nueva ola derechista, la CGT peronista en Argentina y la conducci贸n de la COB ligada al nacionalismo en Bolivia se transforman en puntas de lanza de la derrota obrera desde adentro del propio movimiento de masas. No porque expresen la misma pol铆tica que la derecha, sino porque cumplen una funci贸n convergente, impedir que la lucha se desarrolle hasta cuestionar el orden social. Esa es la funci贸n hist贸rica de una burocracia sindical integrada, que deja de defender la independencia de clase y se convierte en garante del control de la crisis y administradora burguesa.
La ola azul no es un simple crecimiento electoral de la derecha de Trump, sino como el fin del progresismo como forma hist贸rica de contenci贸n de la lucha de clases. El progresismo latinoamericano administr贸 el capitalismo sin alterar sus bases materiales, simul贸 la desigualdad de clases, lleg贸 en sus pa铆ses casi al 60% de pobreza, no resolvi贸 de manera duradera los problemas del empleo, la vivienda, la salud ni enfrent贸 la dependencia colonial del FMI. Cuando el ciclo de crisis se profundiz贸, dej贸 detr谩s una estructura social m谩s fr谩gil, un movimiento obrero m谩s desorganizado y aparatos sindicales cada vez m谩s integrados al Estado y al capital. La ola azul no tiene luz propia, es la superficie visible de ese agotamiento.
A ese cuadro regional se suma una dimensi贸n geopol铆tica capitalista que no puede desligarse del ajuste sobre los trabajadores, la penetraci贸n imperialista de Trump en Am茅rica Latina y el intento de reordenar la regi贸n para frenar o hacer retroceder a China. Milei se aline贸 de manera abierta con Estados Unidos y convirti贸 esa relaci贸n en eje de su pol铆tica exterior, con viajes reiterados a Washington, cumbres con mandatarios de derecha y una ret贸rica de alineamiento "total y absoluto" y auto-percibirse como un escualo administrador de una colonia yanqui. Pero se alineamiento no es solo ideol贸gico, se inserta en una disputa por recursos estrat茅gicos, corredores log铆sticos, comercio exterior y control pol铆tico regional, en la que China sigue siendo proveedor de swap y pr茅stamos de salvataje al Milei ''dos puntas'', siendo un actor central en miner铆a e infraestructura en Per煤, en comercio y deuda en Ecuador, y como socio comercial decisivo de Brasil, los proyectos chinos en la Amazonia, muestran con claridad que Washington concibe la disputa regional en t茅rminos de control de recursos naturales, alimentos, minerales cr铆ticos e infraestructura estrat茅gica, y que el bloque pol铆tico que gira en torno a Trump busca condicionar o directamente bloquear los contratos que favorezcan la expansi贸n econ贸mica china en la regi贸n.
En esta caracterizaci贸n se desprende una conclusi贸n pol铆tica que no puede reducirse a la denuncia de Milei ni a la espera de un retorno del progresismo. Si el progresismo capitalista forma parte del problema porque administra la crisis y reproduce la subordinaci贸n de clase, la salida tiene que ser superadora y construirse sobre bases nuevas. No hay otra forma. Eso implica impulsar sindicatos revolucionarios, clasistas e internacionalistas; organismos de autoorganizaci贸n desde abajo; asambleas por lugar de trabajo y por territorio; coordinaci贸n efectiva entre ocupados, precarizados, desocupados y trabajadores sin partido; y comit茅s obreros de direcci贸n capaces de unificar los conflictos, romper la fragmentaci贸n y disputar la conducci贸n pol铆tica de la lucha de clases, junto a los partidos de los trabajadores y a los sectores que todav铆a no tienen ninguno de partido.
La tarea no es menor. Frente a una burgues铆a que abraza el imperialismo, que reorganiza su poder en base al coloniaje o protectorado, con derechas m谩s agresivas, frente a un progresismo agotado y frente a burocracias sindicales convertidas en administradoras del conflicto, la reconstrucci贸n de una alternativa obrera exige independencia pol铆tica, partidos obreros de combate, estrategia internacional y vocaci贸n de autoorganizaci贸n. La ola azul est谩 de fiesta porque encuentra enfrente aparatos adaptados y oposiciones domesticadas. Derrotarla exige romper con esa l贸gica y volver a poner en pie una pol铆tica de clase a escala latinoamericana. Arruinarles la fiesta con el combate obrero, y que la fiesta sea nuestra, ya no distribuyendo la torta, sino haci茅ndola de los trabajadores y trabajadoras.
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