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El 12 de agosto se conoci贸 una nueva crisis dentro del Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad en Bariloche. Izquierda Socialista denunci贸 ese d铆a, coincidiendo con el vencimiento del plazo para formalizar alianzas rumbo a la elecci贸n de convencionales constituyentes del 1° de noviembre —destinada a reformar la Carta Org谩nica municipal—, que el PTS rompi贸 la posibilidad de una lista com煤n al presentar su propia n贸mina junto al MST, dejando afuera a Izquierda Socialista y al Partido Obrero.
La secuencia viene de m谩s atr谩s. Ya el 1° de mayo el PTS hab铆a convocado un acto por separado, lanzando comit茅s propios en torno a la figura de Myriam Bregman y excluyendo al resto de las organizaciones del Frente de Izquierda. De ah铆 en m谩s avanz贸 una lista electoral con el MST sin que mediara deliberaci贸n previa en el FIT-U de Bariloche ni definici贸n pol铆tica com煤n sobre la reforma constituyente. Reci茅n un d铆a antes del cierre de inscripci贸n de alianzas, el PTS comunic贸 que no participar铆a de un frente con el resto de la izquierda, cuando ya hab铆a cerrado en los hechos su acuerdo con otra fuerza. El resultado es la fractura en dos listas: PTS-MST por un lado, Izquierda Socialista-PO por otro.
Esa ruptura electoral no puede leerse aislada de los conflictos que ven铆an atravesando al movimiento obrero, en particular en el Sindicato 脷nico de Trabajadores del Neum谩tico y en la f谩brica FATE. Izquierda Socialista sostiene que en una reuni贸n nacional del FIT-U el PTS lleg贸 a proponer "congelar" al Frente —incluida la posibilidad de presentarse en com煤n en Bariloche— bajo la condici贸n de que el Partido Obrero repudiara los hechos ocurridos en el SUTNA, donde se denunciaron agresiones contra trabajadores de la Lista Negra. Que esa discusi贸n se haya usado como moneda de cambio para fragmentar la unidad electoral dice m谩s de la l贸gica de aparato que domina al frente que de cualquier diferencia de principios. Vale recordar que fuimos de los primeros en caracterizar pol铆ticamente el proceso de la Lista Negra en FATE y el acompa帽amiento del PTS a las l贸gicas de seguidismo hacia el sindicalismo peronista, cuando el PTS todav铆a no hab铆a fijado su postura p煤blica. La cr铆tica del FIT-U lleg贸 despu茅s, y lleg贸 m谩s como operaci贸n de lavado de imagen que como intervenci贸n pol铆tica real. La caracterizaci贸n sostenida entonces, apoyada en testimonios directos de trabajadores de FATE, no fue una apuesta oportunista: fue una lectura pol铆tica y social que el correr de los hechos termin贸 confirmando, al dejar a la vista la crisis de direcci贸n tanto del Partido Obrero como del PTS dentro del FIT-U. Desde nuestra parte, escritores de la clase obrera, fuimos los primeros en caracterizar con informes de los propios obreros de FATE y no se trat贸 de anticipar un esc谩ndalo, sino de decir la verdad sobre un proceso que las direcciones del frente prefirieron minimizar mientras les resultaba funcional a sus disputas de aparato.
El fondo del problema, entonces, no es una simple diferencia t谩ctica, es una cuesti贸n de aparato y de pol铆tica centrista por parte de la direcci贸n del FIT-U, incapaz de subordinar sus c谩lculos electorales a las necesidades reales de la lucha de clases. El enfrentamiento entre PTS-MST e Izquierda Socialista-PO no es un simple desacuerdo local por candidaturas: es la expresi贸n de una ruptura de hecho de la pol铆tica unitaria del FIT-U, producida justo en el momento en que la izquierda deb铆a intervenir con una posici贸n com煤n frente a una constituyente municipal. La pelea se desarrolla mientras distintos sectores priorizan la delimitaci贸n de aparato, el control de listas y la acumulaci贸n de espacios propios por encima de una estrategia de frente 煤nico para intervenir en la lucha de clases. Esa no es una desviaci贸n coyuntural del PTS, es la continuidad de una pol铆tica hist贸rica de disputar hegemon铆a mediante bloques propios y delimitaciones permanentes, en lugar de construir organismos comunes de deliberaci贸n y acci贸n de la izquierda revolucionaria. Cuando un frente se reduce a una negociaci贸n de candidaturas, la unidad queda subordinada a los intereses electorales de cada aparato y se vuelve, por definici贸n, fr谩gil.
La crisis de FATE y del SUTNA exhibe ese problema con mayor crudeza todav铆a. Las denuncias de violencia contra trabajadores y militantes combativos debieron ser tomadas de inmediato por todo el FIT-U, con una campa帽a p煤blica, una investigaci贸n independiente y una movilizaci贸n com煤n en defensa de quienes enfrentan ataques. En cambio, seg煤n reconstruye la propia Izquierda Socialista, solo el PTS emiti贸 una denuncia en el momento de los hechos, mientras que la respuesta del resto de las fuerzas lleg贸 tarde y termin贸 incorporada a una disputa electoral interna —cuando no directamente usada como excusa para romper listas. Esa demora tiene consecuencias concretas, cuando una agresi贸n en una f谩brica se convierte en material de negociaci贸n entre aparatos, se debilitan las condiciones para construir comisiones internas independientes, listas clasistas, cuerpos de delegados, coordinadoras y formas de autoorganizaci贸n capaces de enfrentar tanto a las patronales como a las burocracias sindicales. La prioridad no puede ser qui茅n capitaliza una denuncia en plena campa帽a, sino c贸mo se organiza una respuesta colectiva de los trabajadores.
Falta discutir, adem谩s, la orientaci贸n pol铆tica que acompa帽a esta fragmentaci贸n. El giro hacia una campa帽a centrada en figuras, expectativas electorales y proyecciones institucionales —incluida la hip贸tesis de que Myriam Bregman pueda imponerse en un balotaje— corre el riesgo de desplazar la estrategia socialista basada en la independencia de clase. Un verdadero fracaso que va a desmoralizar a su propia base. Una perspectiva revolucionaria no se construye sobre ilusiones de ascenso electoral desligadas de la organizaci贸n de los sectores explotados, de la intervenci贸n en los lugares de trabajo y de la lucha por organismos propios de la clase obrera. Es una pol铆tica marginal, adaptada a sectores alienados por el capitalismo, frente a la pol铆tica estructural que exige el movimiento obrero.
Pero el chisporroteo electoral del FIT-U no puede entenderse desligado de su funci贸n objetiva dentro del r茅gimen. La forma en que sus direcciones procesan la pelea por listas termina operando, en los hechos, como un factor de desmoralizaci贸n sobre el propio activismo que dice representar. Cada vez que una denuncia de violencia patronal, un despido o un ataque a militantes se subordina al c谩lculo de aparato, el mensaje que reciben los luchadores de base es que su lucha vale menos que la acumulaci贸n de un sello electoral. Esa l贸gica no eleva al activismo: lo empuja al estado depresivo, lo desgasta y termina rindiendo, sin que sea la intenci贸n declarada de nadie, un servicio funcional al orden capitalista, que necesita precisamente eso: un movimiento obrero fatigado, desconfiado de sus propias direcciones y encerrado en peleas de caf茅. En lugar de usar cada conflicto para relevar a las direcciones sindicales que traicionan o llegan tarde, y para templar cuadros capaces de disputar la conducci贸n real de los gremios, el activismo termina caracterizado como un proceso agotado, "fundido", y queda fuera del debate estrat茅gico, fuera de la agenda de los boletines internos, fuera de las reuniones de c铆rculo donde se decide de verdad. Ese desplazamiento no es un detalle de funcionamiento interno: es la forma concreta en que un frente que deber铆a ser herramienta de la clase obrera termina, en los hechos, reproduciendo el des谩nimo que el capitalismo necesita para que nadie dispute el poder en la f谩brica, en el sindicato ni en la calle.
La salida de la crisis del FIT-U no puede consistir en nuevos acuerdos de c煤pula ni en una competencia interminable por cargos de aparato. Hace falta una pol铆tica de frente 煤nico obrero que parta de las luchas reales, que defienda sin vacilaciones a los trabajadores perseguidos o agredidos y que convierta cada conflicto en un terreno de organizaci贸n democr谩tica y combativa. Hace falta, sobre todo, una prensa de trabajadores independiente de los aparatos partidarios y sindicales, capaz de informar, investigar y organizar desde las f谩bricas, las universidades, los barrios y cada frente de lucha: una organizaci贸n de escritores militantes y luchadores combativos al servicio de la autoorganizaci贸n obrera, no de la disputa electoral entre aparatos. Y hace falta, tambi茅n, un partido de trabajadores que se proponga recuperar los sindicatos de sus burocracias, construir asambleas soberanas y organismos de doble poder, y formar militantes que dejen de ser espectadores para pasar a la ofensiva, cuadros templados en reuniones de c铆rculo verdaderamente politizadas, en el estudio sistem谩tico de la literatura revolucionaria y en la intervenci贸n cotidiana en cada lugar de trabajo.
Todo esto sucede, en definitiva, ante un cuadro pol铆tico donde Milei usa los fondos p煤blicos para maquillar el d茅ficit cero mientras crece la deuda externa. Su gobierno presenta el "d茅ficit cero" como una haza帽a de disciplina fiscal, pero detr谩s de esa consigna hay una maquinaria que drena recursos p煤blicos destinados a fines espec铆ficos, los inmoviliza en papeles del propio Estado y los usa para sostener la deuda. Durante 2024 y 2025, los fondos fiduciarios que permanecieron activos o en liquidaci贸n recaudaron m谩s de 8,2 billones de pesos y registraron un super谩vit financiero acumulado de 3,09 billones, equivalente a cerca de 3000 millones de d贸lares: 1,86 billones en 2024 y 1,23 billones en 2025.
Los fondos fiduciarios no son una caja libre de recursos. Fueron creados para financiar objetivos establecidos por ley: infraestructura, transporte, energ铆a, vivienda, desarrollo productivo u otros destinos concretos. Sin embargo, una parte relevante de lo recaudado no se aplic贸 a esas finalidades, sino que fue invertida en letras y t铆tulos p煤blicos emitidos por el Tesoro. El mecanismo es simple: el fondo recauda dinero para un objetivo espec铆fico, compra deuda estatal y el Tesoro obtiene financiamiento para cubrir vencimientos, intereses y necesidades de caja. As铆, el Estado toma prestados recursos que ya le pertenecen, pero que estaban asignados a pol铆ticas p煤blicas determinadas.
Esta contabilidad permite exhibir un resultado fiscal ordenado mientras se degradan las funciones que justificaban esos fondos. El super谩vit no expresa una abundancia social: expresa, en buena medida, obras no realizadas, subsidios no ejecutados, programas postergados y recursos p煤blicos convertidos en cr茅dito para el propio Tesoro. El "ahorro" fiscal funciona como una transferencia: desde servicios, infraestructura y derechos colectivos hacia el circuito de la deuda p煤blica y sus acreedores.
La operaci贸n revela el car谩cter parasitario del programa de Milei. El capital financiero no genera esas riquezas, cobra intereses sobre recursos producidos por el trabajo y concentrados por el Estado mediante impuestos, tarifas y recortes. El gobierno no elimina el Estado, lo reorganiza para que sea m谩s 煤til a los acreedores, a los grandes tenedores de bonos y a los organismos financieros internacionales. Cuando un fondo fiduciario compra letras del Tesoro, el dinero deja de financiar su prop贸sito legal y pasa a respaldar la solvencia inmediata de un Estado comprometido con el pago de deuda.
La otra cara del "d茅ficit cero" es el endeudamiento. Al cierre de 2025, la deuda externa bruta argentina alcanz贸 320.305 millones de d贸lares, un r茅cord nominal, con un aumento de 44.168 millones frente al mismo trimestre de 2024. Desde la asunci贸n de Milei, el stock externo creci贸 34.354 millones de d贸lares. La deuda p煤blica bruta de la Administraci贸n Central lleg贸 a 455.067 millones de d贸lares al cierre de 2025; el 58% estaba nominada en moneda extranjera y el 76,6% correspond铆a a t铆tulos y letras del Tesoro.
La suba no se explica por una sola fuente. El Tesoro renueva bonos y letras en pesos, emite nuevos t铆tulos, toma pr茅stamos de organismos multilaterales y recibe desembolsos del FMI, el BID y el Banco Mundial. Esos pr茅stamos pueden engrosar reservas o permitir pagos inmediatos, pero tambi茅n elevan el capital adeudado y dejan futuras cuotas de intereses y amortizaciones. Hacia fines de 2025, la deuda con el FMI ascend铆a a 57.230 millones de d贸lares, y la deuda con organismos internacionales creci贸 1810 millones solo durante el cuarto trimestre de ese a帽o.
El c铆rculo rojo es conocido, se contrae la deuda para pagar deuda, se refinancian vencimientos con nuevos vencimientos y se usan cajas estatales para evitar que falten pesos o d贸lares en el presente. El resultado no es un desendeudamiento, sino un cambio de acreedor, de moneda y de plazo. Una parte la sostienen bancos, fondos de inversi贸n y bonistas; otra, organismos internacionales; y otra, organismos estatales y fondos p煤blicos que deber铆an tener otro destino. El discurso libertario contra la "casta" termina reproduciendo la forma m谩s cl谩sica del capitalismo dependiente argentino: socializar recursos y sacrificios, mientras se preserva el derecho de los acreedores a cobrar.
El super谩vit fiscal obtenido por licuaci贸n de ingresos, recortes sociales y desv铆o de fondos espec铆ficos no resuelve el problema estructural de la deuda: apenas compra tiempo para mantener los pagos y la confianza de los mercados. Lo que se presenta como austeridad es, en los hechos, una administraci贸n de recursos p煤blicos al servicio de la valorizaci贸n financiera. El Estado no desaparece: se vuelve cobrador para arriba y ajustador para abajo.
Esa es, en definitiva, la clave de todo el ciclo. Milei no gobierna ya un capitalismo capaz de garantizar trabajo, vivienda y salud, sino que ya gobierna su descomposici贸n capitalista y parasitaria, un r茅gimen que ya no tiene margen para sostener ni siquiera las condiciones democr谩ticas m铆nimas en la vida cotidiana de los trabajadores. Donde no hay empleo estable, ni techo, ni salud p煤blica que alcance, la democracia deja de ser un contenido real y se reduce a una simulaci贸n: un negocio electoral cuyo 煤nico producto es la papeleta que cada tanto se deposita en una urna, en un acto vaciado de sentido, alienado de cualquier poder de decisi贸n efectiva sobre la producci贸n, la riqueza o las condiciones de existencia. Para Milei, lo 煤nico que suma, como toda basura sionista, es la represi贸n y el control, y resta la participaci贸n y el consenso, es decir, extrema la lucha de clases.
A ese cuadro se suma la descomposici贸n de la principal fuerza que hist贸ricamente canaliz贸 el descontento social por v铆a institucional. El peronismo atraviesa hoy su crisis m谩s profunda de cara a las pr贸ximas elecciones, incapaz de proyectar una candidatura que exprese genuinamente a los trabajadores y de disputarle terreno real al oficialismo. Esa incapacidad no es casual: expresa el car谩cter cada vez m谩s lumpenizado de su direcci贸n, un aparato que administra punteros, negocia gobernabilidad y reparte cargos, pero que perdi贸 la capacidad de presentarse como representante de las necesidades obreras. Lejos de constituirse en una alternativa, buena parte del peronismo profundiz贸 su adaptaci贸n al propio Milei: acompa帽贸 leyes centrales de su programa de ajuste en el Congreso y sostuvo, a trav茅s de los gobiernos provinciales, una complicidad de fondo en torno al negocio de la tierra y la renta agraria, sin chocar con los intereses que el oficialismo protege. Esa convergencia de hecho entre el peronismo gobernante en las provincias y el programa libertario confirma que no hay, dentro del arco de las variantes patronales, ninguna salida para la clase trabajadora: solo una izquierda independiente, capaz de romper con toda variante de conciliaci贸n de clases, puede disputar ese vac铆o pol铆tico sin subordinarse a los tiempos ni a los c谩lculos de un peronismo que ya eligi贸, en los hechos, administrar el ajuste antes que enfrentarlo.
Ese vac铆o de representaci贸n patronal no es un fen贸meno aislado de Argentina, sino parte de un cuadro regional donde la clase trabajadora viene chocando de manera directa con los gobiernos que administran el ajuste. En Bolivia, desde el 1° de mayo de 2026 la Central Obrera Boliviana sostuvo un paro general indefinido con epicentro en La Paz y El Alto, que combin贸 demandas salariales, rechazo al cierre de empresas estatales y bloqueos de rutas en al menos seis departamentos, con Cochabamba como punto m谩s 谩lgido; para el 15 de junio, la propia COB deb铆a definir si sosten铆a las medidas o abr铆a di谩logo con el gobierno de Rodrigo Paz, que luego carnere贸, en medio de una movilizaci贸n que ya llevaba m谩s de 46 d铆as y que dej贸 muertos y decenas de detenidos. En Per煤, la Confederaci贸n General de Trabajadores del Per煤 encabez贸 en Lima la mayor movilizaci贸n obrera desde la asunci贸n de Keiko Fujimori, en rechazo a un proyecto de facultades legislativas orientado a recortar vacaciones, horas extras y estabilidad laboral, con la participaci贸n de gremios como la Federaci贸n de Trabajadores de Construcci贸n Civil, la federaci贸n de obreros municipales y el sindicato docente SUTEP. Ese proceso boliviano y peruano confirma, en los hechos, que la crisis del capitalismo dependiente latinoamericano no encuentra salida en ning煤n gobierno patronal, sea de signo libertario, liberal, sionista o nacionalista, y que la 煤nica perspectiva capaz de capitalizar ese descontento es la construcci贸n de una direcci贸n revolucionaria independiente y socialista, apoyada en la movilizaci贸n directa de los trabajadores y no en la administraci贸n institucional de la crisis.
En ese marco, la crisis abierta en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad en Bariloche constituye una se帽al pol铆tica preocupante. Para la elecci贸n del 1° de noviembre de convencionales constituyentes, que reformar谩n la Carta Org谩nica municipal, el PTS y el MST concurrir谩n en una lista, mientras el Partido Obrero e Izquierda Socialista formaron otra alianza. La fragmentaci贸n se produjo al cierre de las alianzas y expuso p煤blicamente una disputa entre aparatos que el PTS presenta como una discusi贸n interna, pero que llega a la elecci贸n con dos boletas separadas de fuerzas que integran formalmente el mismo frente.
La crisis del FIT-U no puede reducirse a una discusi贸n de candidatos ni a una cuesti贸n de disciplina interna. Una izquierda que interviene en la clase trabajadora debe medir su pol铆tica por su capacidad de elevar la conciencia, la confianza y la organizaci贸n de los luchadores, no por el control de una lista electoral o de un sello. Cuando los conflictos fabriles se procesan en comunicados de aparato y las diferencias se trasladan a la ruptura de listas, los trabajadores quedan como espectadores de una disputa que deber铆a estar subordinada a sus necesidades de lucha.
El resultado puede ser una desmoralizaci贸n profunda. Un activista que enfrenta despidos, aprietes, salarios pulverizados y persecuci贸n judicial necesita espacios abiertos de deliberaci贸n, asambleas soberanas, plenarios de delegados y coordinadoras de lucha. No necesita quedar reducido al papel de militante de campa帽a, asistente de reuniones cerradas o fuerza de choque de una interna. La pol铆tica revolucionaria no puede convertir a los mejores luchadores en espectadores de pactos, vetos y delimitaciones permanentes: debe formarlos para que discutan programa, estrategia, historia de la clase trabajadora y m茅todos de organizaci贸n independiente.
La ilusi贸n de que una figura electoral, incluso Myriam Bregman, pueda resolver por v铆a institucional la crisis social es ajena a una estrategia de independencia de clase. No se trata de negar el uso de elecciones ni de despreciar una banca conquistada por la izquierda, sino de no invertir la relaci贸n entre medios y fines. Una candidatura puede servir para amplificar una lucha, denunciar a las patronales y defender un programa obrero; no puede reemplazar la organizaci贸n en los lugares de trabajo, la recuperaci贸n de sindicatos, las comisiones internas combativas, los cuerpos de delegados y la deliberaci贸n de las bases. La lucha electoral no puede ser el centro que ordene la vida pol铆tica de la izquierda mientras la clase trabajadora enfrenta despidos, precarizaci贸n y hambre.
La tarea no es administrar esa desmoralizaci贸n, sino romperla. Hace falta construir un partido de trabajadores arraigado en las f谩bricas, los hospitales, las escuelas, los barrios y la juventud precarizada; un partido que luche por recuperar los sindicatos de las burocracias y de las l贸gicas de aparato, que impulse asambleas soberanas, coordinadoras de lucha y organismos de doble poder capaces de disputar qui茅n decide sobre la producci贸n, el trabajo y los recursos p煤blicos. Eso exige reuniones de c铆rculo politizadas, estudio sistem谩tico de literatura revolucionaria, prensa obrera independiente y formaci贸n de cuadros que puedan intervenir en cada conflicto con estrategia, no con improvisaci贸n electoral.
La salida no ser谩 una nueva negociaci贸n de c煤pulas ni la promesa de un salvador parlamentario. Ser谩 la entrada en ofensiva con refuerzo te贸rico de una clase trabajadora y que recupere confianza en su propia fuerza, convierta cada despido y cada ajuste en una instancia de organizaci贸n, y enfrente el parasitismo financiero del r茅gimen capitalista con un programa de expropiaci贸n de los grandes grupos, ruptura con el FMI, desconocimiento soberano de la deuda ileg铆tima y planificaci贸n democr谩tica de la econom铆a bajo control de quienes trabajan.
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