El racista Milei se derrumba en el lumpenismo y descomposición

 

Hay una zona en el pensamiento de Fanon, en los primeros capítulos de Los condenados de la tierra, donde se describe con precisión quirúrgica el mecanismo que hace funcionar al colonialismo en su versión más sofisticada: el nativo que ocupa el lugar del colonizador para hacer exactamente el mismo trabajo. No como metáfora, sino como estructura de clase. Ese capítulo podría haberse escrito para describir lo que ocurre hoy en Argentina bajo el gobierno de Javier Milei. [1][2]


El gabinete con el que Milei administra el país tiene una fisonomía racial y de clase muy precisa. [3] Luis Caputo, ex JP Morgan, ex Deutsche Bank, financista de los fondos buitre que litigaron contra Argentina durante años, está al frente de la economía. Luis Petri, de apellido italiano, administra la Defensa y firma contratos de rearme con potencias del Norte. Patricia Bullrich, de linaje europeo y trayectoria represiva de larga data, conduce la Seguridad. Guillermo Francos, Guillermo Ferraro, Nicolás Posse: apellidos que cuentan su propia historia sobre a quién se le delega el Estado en Argentina. [3][4] Mientras esto sucede, el presidente que los nombra es el mismo que en el foro de Davos describió a los migrantes sudamericanos como "hordas que abusan, violan o matan" en los países que los reciben, reproduciendo literalmente el discurso que Donald Trump instaló en el Norte Global para criminalizar la movilidad de los pobres del sur. [5]


Fanon advirtió que el racismo colonial no es únicamente el odio del colonizador hacia el colonizado, sino también la elaboración ideológica que convierte ese odio en política de Estado, en norma jurídica, en institución. [1] En Argentina, esa elaboración tiene nombre y número de decreto: el DNU 366/2025. Firmado por Milei en mayo de 2025, este decreto modifica estructuralmente la Ley de Migraciones 25.871, autoriza deportaciones sumarias, restringe el ingreso al país bajo criterios arbitrarios, limita el acceso gratuito a la salud y la educación para los trabajadores migrantes sin residencia permanente, y reduce la residencia precaria de 180 a 90 días. [6][7] La comunidad boliviana, paraguaya y peruana que hace décadas construye hospitales, cosecha alimentos y levanta edificios en Argentina recibe, como respuesta del Estado, la amenaza de la expulsión y el arancelamiento de sus derechos elementales. [8][9] Al mismo tiempo, el gobierno cerró el INADI, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, eliminando la institución que registraba, documentaba y sancionaba esas prácticas. [10]


Sobre las comunidades originarias, el mecanismo es aún más antiguo y más violento en sus consecuencias. El gobierno de Milei eliminó la emergencia territorial indígena que suspendía los desalojos, derogó el registro que otorgaba personería jurídica a las comunidades, y sancionó el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones para promover el extractivismo en territorios comunitarios. [11] La Confederación Mapuche lo caracterizó con exactitud: lo nuevo no es el fondo sino las formas, la velocidad de la crueldad. [12] Capital financiero más desregulación territorial más suspensión de derechos colectivos: la tríada que Marx identificó en el capítulo sobre la acumulación originaria como el movimiento elemental del capital cuando necesita nuevas tierras y nuevas materias primas para su ciclo de reproducción ampliada. [13] En el siglo XXI esa acumulación no requiere ya fusiles de mosquete: requiere decretos, resoluciones administrativas y la velocidad de un boletín oficial.


La dimensión económica del entreguismo tiene cifras concretas. En mayo de 2024, Milei viajó a Madrid para reunirse a puerta cerrada en la embajada argentina con los ejecutivos de Telefónica, Santander, BBVA, Mapfre, Iberia e Indra, entre otras corporaciones españolas con intereses históricos en el país. [14][15] El mensaje fue idéntico al que repite ante cada audiencia del capital extranjero: Argentina como tierra de oportunidades, el Estado retirado, los recursos disponibles para quien llegue con capital. El mismo esquema se reproduce con los intereses israelíes: en noviembre de 2025, el canciller israelí Gideon Saar llegó a Buenos Aires con una comitiva empresarial de los sectores de energía, salud digital y ciberseguridad, anunció la apertura de una Agregaduría Económica israelí para 2026 y prometió "aumentar drásticamente" las inversiones israelíes en Argentina. [16][17] El canciller argentino Pablo Quirno co-presidió el Foro Empresarial Israel-Argentina. [17] En marzo de 2026, ante un auditorio de la Universidad Yeshiva en Nueva York, Milei se autoproclamó el mandatario "más sionista del planeta", declaró a Irán enemigo de Argentina y anunció que "vamos a ganar la guerra", arrastrando a un país de 47 millones de habitantes a un conflicto en el que no tiene intereses propios sino los que le asignan sus nuevos socios. [18]


El sector nuclear argentino representa uno de los patrimonios tecnológicos más singulares del hemisferio sur: décadas de inversión pública, formación de cuadros técnicos, diseño propio de reactores, capacidad de exportación. La gestión Milei lo está desguazando metódicamente. En noviembre de 2025, el gobierno publicó el decreto para privatizar el 49% de las acciones de Nucleoeléctrica Argentina S.A., la firma que opera Atucha I, Atucha II y la central de Embalse. [19] Paralelamente, paralizó la construcción del reactor CAREM, el único reactor modular de diseño nacional que estaba en construcción, y congeló los proyectos Atucha III y IV que habían sido negociados con financiamiento chino. [20][21] En mayo de 2026, la CNEA inició un procedimiento administrativo para recibir iniciativas privadas sobre sus propios activos estratégicos, habilitando la venta de lo que el ingeniero Nicolás Malinovsky describió como "los activos más importantes que tiene la Comisión Nacional de Energía Atómica". [22] El capital que reemplazará al Estado en ese sector es, por diseño, norteamericano: el asesor presidencial Demian Reidel confirmó al Financial Times que la cuarta planta nuclear del país se desarrollará con "100% inversión extranjera directa privada" de origen estadounidense. [23]


En el plano militar, la lógica es la misma: reemplazar capacidad soberana por dependencia de proveedores del Norte. Milei compró 24 cazas F-16 a Dinamarca por 338 millones de dólares, aviones fabricados alrededor de 1978, con casi medio siglo de antigüedad. [24][25] Al mismo tiempo, el gobierno aceleró negociaciones con Israel para la adquisición de helicópteros Black Hawk en triangulación con Estados Unidos y misiles anti tanque Spike LR2 de la empresa israelí Rafael, además de contratar a la firma Elbit Systems para modernizar 74 tanques TAM nacionales. [26] En enero de 2026, el gobierno intervino el puerto de Ushuaia quitándole el control a la provincia, generando denuncias opositoras sobre el uso de esa infraestructura para la presencia militar extranjera. [27] Milei autorizó por decreto el ingreso de tropas estadounidenses para ejercicios conjuntos en bases como Mar del Plata y Puerto Belgrano, sin aval explícito del Congreso. [27] Pidió al Comando Sur que "cuide los mares del sur argentino", delegando en una potencia extranjera el control sobre el Atlántico. [28] La contradicción es estruendosa: el mismo gobierno que dice recuperar las Malvinas por vía diplomática aliándose con Gran Bretaña a través de Washington construye, sobre el territorio que debería proteger, una arquitectura militar dependiente de las mismas potencias que administran la ocupación de las islas. [29][18]


Marx describió este proceso con una claridad que ningún manual posterior ha superado: la burguesía compradora no es un actor autónomo sino una fracción de clase cuya función histórica es administrar la transferencia de valor desde la periferia hacia el centro del sistema capitalista mundial. [13][30] No tiene proyecto nacional porque su sustento no está en el mercado interno sino en la comisión que obtiene por mediar entre el capital extranjero y los recursos locales. Fanon agrega la dimensión que Marx no podía ver desde Europa: esa burguesía compradora construye su legitimidad interna mediante el racismo, dividiendo a los trabajadores entre los que merecen derechos y los que no los merecen según el color de la piel, el acento, el apellido, el país de origen. [31][1] El cierre del INADI, el DNU migratorio, el desprecio ostentoso hacia las comunidades originarias, la defensa de los cantos racistas de la selección de fútbol por parte de la vicepresidenta Victoria Villarruel, son todos eslabones de la misma cadena. [32][10] No son excesos ni errores: son la política. El racismo es el cemento ideológico que mantiene unida una coalición de clase que, de otro modo, no podría gobernar. Mientras Milei entrega el uranio, los puertos, el espacio aéreo y la soberanía financiera, necesita que los trabajadores morochos y marrones de este país miren para otro lado, o mejor, que se miren entre sí con desconfianza. Esa es la función del discurso del miedo al migrante, del desprecio al originario, del silencio sobre quiénes son los que realmente están vaciando el país. Los condenados de la tierra siguen siendo los mismos. Solo cambió el nombre del funcionario que firma los decretos.



desarrolla y debatir el marxismo con la caracterización de etnoeurocentrismo [pone bien] pone que es falsacla acusación y desarrolla el marxismo como internacional [explica bien] pone ejemplos de notas devmarx como Irlanda, china, india, Sudamérica, etc [todo lo que encuentres que discuta esa acusación etnoeurocentrista]


Material sólido y verificable. Escribo el texto del debate ahora.


La acusación de "eurocentrismo" contra Marx es una de las más frecuentadas por sectores del pensamiento poscolonial, decolonial y de los llamados estudios subalternos, y tiene la virtud de obligar a la tradición marxista a una revisión que no siempre fue bien recibida dentro de ella. Pero la acusación, cuando se formula en términos absolutos, comete el error simétrico al que pretende corregir: proyecta sobre un corpus de más de cuatro décadas de escritos una coherencia que no existe, e ignora deliberadamente los textos que contradicen la tesis. [1][2]


El concepto de eurocentrismo, en su formulación más rigurosa, implica al menos tres operaciones: primero, que el pensador toma a Europa como modelo universal de desarrollo histórico al que el resto de la humanidad deberá llegar tarde o temprano; segundo, que ese recorrido europeo es presentado como superior o más valioso que los recorridos no europeos; y tercero, que las luchas de los pueblos no europeos son tratadas como subordinadas o derivadas de las luchas en el centro capitalista. [1] Aplicado a Marx con esta definición precisa, el veredicto es más complejo que la sentencia simple. Hay textos donde los tres elementos están presentes. Y hay textos donde Marx trabaja exactamente en sentido contrario. [2][3]


El caso más documentado de ruptura con el esquema eurocéntrico es Irlanda. Entre 1867 y 1870, Marx produjo un conjunto de notas, cartas y discursos sobre la cuestión irlandesa que representan uno de los momentos más lúcidos de su pensamiento político. Había sostenido originalmente que la liberación de Irlanda sería un resultado de la revolución obrera inglesa: primero la clase obrera en el centro, luego la independencia en la periferia. [4] Pero después de 1867 invierte ese argumento con una radicalidad que sorprende incluso a Engels: escribe que "un pueblo que oprime a otro no puede liberarse a sí mismo", y que la emancipación de la clase obrera inglesa depende como condición previa de la emancipación nacional de Irlanda, no al revés. [5][4] En su informe a la Asociación Educativa de Trabajadores Alemanes en Londres, del 16 de diciembre de 1867, Marx analiza cómo el sistema colonial británico divide a los trabajadores ingleses e irlandeses en el propio mercado de trabajo inglés, impidiendo la solidaridad de clase mediante el recurso al odio étnico y al miedo a la competencia salarial. [5] No hay nada de eurocéntrico en esa formulación: la lucha anticolonial en la periferia es condición de la lucha de clases en el centro, y no al revés.


Sobre China, Marx escribió entre 1853 y 1860 una serie de artículos para el New York Daily Tribune que son, en su conjunto, uno de los análisis antiimperialistas más agudos de ese siglo. [6][7] En junio de 1853, en un artículo titulado "Revolución en China y en Europa", Marx identifica la guerra del opio como el detonante de la crisis del Imperio Manchú y establece una conexión estructural entre la resistencia china al imperialismo británico y la posibilidad de una nueva oleada revolucionaria en Europa: "La próxima sublevación de los pueblos europeos y su próximo movimiento por la libertad republicana dependerá probablemente más de lo que está ocurriendo ahora en el Imperio Celestial que de cualquier otra causa política actualmente existente". [8] En septiembre de 1858, durante la Segunda Guerra del Opio, publicó sus dos artículos sobre la "Historia del comercio del opio" donde comparaba el tráfico de opio con la trata de esclavos y afirmaba que el primero era moralmente aún más destructivo, porque "el vendedor de opio mata el cuerpo después de haber corrompido, degradado y aniquilado el ser moral" del pueblo chino. [9] No es el lenguaje de alguien que considera la conquista europea un hecho progresivo a celebrar: es el lenguaje del análisis de clase aplicado al colonialismo como sistema de saqueo y destrucción. [6]


La India presenta el caso más debatido y más honestamente ambiguo. En su artículo del 25 de junio de 1853, "La dominación británica en la India", Marx describe con precisión la violencia del colonialismo británico, el despojo de las estructuras comunitarias, la destrucción de la industria artesanal. [10][11] Pero agrega que ese proceso, en cuanto destruye las formas estacionarias de producción precapitalistas, puede ser un factor de transformación histórica. Esa formulación es la que los críticos poscoloniales señalan con razón como portadora del esquema evolucionista: la violencia colonial como "detonante involuntario" del progreso. [1] Lo que esos críticos no siempre mencionan es que en julio de 1853, apenas semanas después, Marx publicó un segundo artículo, "Los resultados futuros de la dominación británica en la India", donde matiza el primero de forma significativa y concluye que la India solo podrá desarrollar sus propias fuerzas productivas cuando se libere del dominio colonial, y que esa liberación requerirá una revolución india propia, no la esperanza de los beneficios "secundarios" del capitalismo inglés. [10][12] La evolución del argumento en cuatro semanas es visible. [1]


La evidencia más importante contra la acusación de eurocentrismo estructural es la correspondencia de Marx con Vera Zasulich en 1881. Zasulich le pregunta directamente si su análisis en El Capital sobre la "inevitabilidad histórica" de la acumulación originaria —es decir, la destrucción de las formas comunitarias de propiedad como condición del capitalismo— se aplica también a la comuna rural rusa. [13][14] Marx responde con una precisión que desmonta de un solo golpe la lectura determinista de su obra: "expresamente restringí la 'inevitabilidad histórica' de ese proceso a los países de Europa occidental". [14] Y agrega que la comuna rural rusa, al no haber transitado por el régimen de propiedad privada individual que precede a la acumulación originaria en Europa, conserva en sí misma la posibilidad de convertirse en "punto de partida de la regeneración social en Rusia", siempre que se la libere de las presiones externas del Estado zarista y del mercado. [13][15] Es decir: el camino no es uno sino múltiple, no hay modelo europeo universal aplicable a todas las formaciones sociales, y la periferia puede encontrar su propia vía. [14] Los cuatro borradores previos de esa carta, que Marx nunca envió y donde desarrolla el argumento en mayor detalle, fueron publicados recién en 1924 y confirman hasta qué punto esa era su posición considerada y no una concesión epistolar. [16]


Sobre América Latina, Marx no escribió un corpus sistemático equivalente al que dedicó a India, China o Irlanda. Pero en el capítulo sobre la acumulación originaria en El Capital identifica la conquista de América, la esclavitud de los pueblos africanos en las plantaciones americanas y la extracción de metales preciosos como constitutivos del capital originario europeo, no como fenómenos exteriores al capitalismo sino como su condición de posibilidad. [17][18] El investigador Eduardo Grüner, en un análisis publicado por la UBA, desarrolló la consecuencia de esa tesis: si la esclavitud afroamericana y el saqueo colonial latinoamericano fueron la precondición del capitalismo europeo, entonces el capitalismo no es un fenómeno que Europa "exportó" a la periferia sino que se construyó desde el principio sobre la destrucción de la periferia, y la periferia es interna a su lógica, no externa. [18] Esa lectura no es forzada: está en el propio texto de Marx. [17]


Lo que todo esto permite establecer es la distinción que la acusación de eurocentrismo suele colapsar: Marx fue, en sus textos más tempranos y en algunos pasajes de sus escritos periodísticos de los años 50, portador de preconceptos evolucionistas y jerarquizantes propios del pensamiento europeo del siglo XIX. Eso es demostrable y fue documentado en el artículo anterior. Pero el marxismo como método, en su formulación más madura y coherente, no prescribe una sola vía de desarrollo histórico, no subordina las luchas anticoloniales a las luchas obreras europeas, y no trata a los pueblos no europeos como objetos del proceso histórico en lugar de sujetos. [3][2] La Primera Internacional, que Marx dirigió, debatió activamente la cuestión de la esclavitud en Estados Unidos, la cuestión polaca, la cuestión irlandesa: ninguna de ellas era una cuestión "europea" en el sentido estrecho. [4] La contradicción no está entre "el Marx racista" y "el marxismo antiimperialista": está en el interior del propio Marx, que fue al mismo tiempo producto de su época y uno de los primeros pensadores europeos en ver que el sistema que analizaba era mundial desde sus orígenes y no podría ser derrotado en ningún punto particular sin entender su funcionamiento global. [2][18]



 

Hay una zona en el pensamiento de Fanon, en los primeros capítulos de Los condenados de la tierra, donde se describe con precisión quirúrgica el mecanismo que hace funcionar al colonialismo en su versión más sofisticada: el nativo que ocupa el lugar del colonizador para hacer exactamente el mismo trabajo. No como metáfora, sino como estructura de clase. Ese capítulo podría haberse escrito para describir lo que ocurre hoy en Argentina bajo el gobierno de Javier Milei. [1][2]


El gabinete con el que Milei administra el país tiene una fisonomía racial y de clase muy precisa. [3] Luis Caputo, ex JP Morgan, ex Deutsche Bank, financista de los fondos buitre que litigaron contra Argentina durante años, está al frente de la economía. Luis Petri, de apellido italiano, administra la Defensa y firma contratos de rearme con potencias del Norte. Patricia Bullrich, de linaje europeo y trayectoria represiva de larga data, conduce la Seguridad. Guillermo Francos, Guillermo Ferraro, Nicolás Posse: apellidos que cuentan su propia historia sobre a quién se le delega el Estado en Argentina. [3][4] Mientras esto sucede, el presidente que los nombra es el mismo que en el foro de Davos describió a los migrantes sudamericanos como "hordas que abusan, violan o matan" en los países que los reciben, reproduciendo literalmente el discurso que Donald Trump instaló en el Norte Global para criminalizar la movilidad de los pobres del sur. [5]


Fanon advirtió que el racismo colonial no es únicamente el odio del colonizador hacia el colonizado, sino también la elaboración ideológica que convierte ese odio en política de Estado, en norma jurídica, en institución. [1] En Argentina, esa elaboración tiene nombre y número de decreto: el DNU 366/2025. Firmado por Milei en mayo de 2025, este decreto modifica estructuralmente la Ley de Migraciones 25.871, autoriza deportaciones sumarias, restringe el ingreso al país bajo criterios arbitrarios, limita el acceso gratuito a la salud y la educación para los trabajadores migrantes sin residencia permanente, y reduce la residencia precaria de 180 a 90 días. [6][7] La comunidad boliviana, paraguaya y peruana que hace décadas construye hospitales, cosecha alimentos y levanta edificios en Argentina recibe, como respuesta del Estado, la amenaza de la expulsión y el arancelamiento de sus derechos elementales. [8][9] Al mismo tiempo, el gobierno cerró el INADI, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, eliminando la institución que registraba, documentaba y sancionaba esas prácticas. [10]


Sobre las comunidades originarias, el mecanismo es aún más antiguo y más violento en sus consecuencias. El gobierno de Milei eliminó la emergencia territorial indígena que suspendía los desalojos, derogó el registro que otorgaba personería jurídica a las comunidades, y sancionó el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones para promover el extractivismo en territorios comunitarios. [11] La Confederación Mapuche lo caracterizó con exactitud: lo nuevo no es el fondo sino las formas, la velocidad de la crueldad. [12] Capital financiero más desregulación territorial más suspensión de derechos colectivos: la tríada que Marx identificó en el capítulo sobre la acumulación originaria como el movimiento elemental del capital cuando necesita nuevas tierras y nuevas materias primas para su ciclo de reproducción ampliada. [13] En el siglo XXI esa acumulación no requiere ya fusiles de mosquete: requiere decretos, resoluciones administrativas y la velocidad de un boletín oficial.


La dimensión económica del entreguismo tiene cifras concretas. En mayo de 2024, Milei viajó a Madrid para reunirse a puerta cerrada en la embajada argentina con los ejecutivos de Telefónica, Santander, BBVA, Mapfre, Iberia e Indra, entre otras corporaciones españolas con intereses históricos en el país. [14][15] El mensaje fue idéntico al que repite ante cada audiencia del capital extranjero: Argentina como tierra de oportunidades, el Estado retirado, los recursos disponibles para quien llegue con capital. El mismo esquema se reproduce con los intereses israelíes: en noviembre de 2025, el canciller israelí Gideon Saar llegó a Buenos Aires con una comitiva empresarial de los sectores de energía, salud digital y ciberseguridad, anunció la apertura de una Agregaduría Económica israelí para 2026 y prometió "aumentar drásticamente" las inversiones israelíes en Argentina. [16][17] El canciller argentino Pablo Quirno co-presidió el Foro Empresarial Israel-Argentina. [17] En marzo de 2026, ante un auditorio de la Universidad Yeshiva en Nueva York, Milei se autoproclamó el mandatario "más sionista del planeta", declaró a Irán enemigo de Argentina y anunció que "vamos a ganar la guerra", arrastrando a un país de 47 millones de habitantes a un conflicto en el que no tiene intereses propios sino los que le asignan sus nuevos socios. [18]


El sector nuclear argentino representa uno de los patrimonios tecnológicos más singulares del hemisferio sur: décadas de inversión pública, formación de cuadros técnicos, diseño propio de reactores, capacidad de exportación. La gestión Milei lo está desguazando metódicamente. En noviembre de 2025, el gobierno publicó el decreto para privatizar el 49% de las acciones de Nucleoeléctrica Argentina S.A., la firma que opera Atucha I, Atucha II y la central de Embalse. [19] Paralelamente, paralizó la construcción del reactor CAREM, el único reactor modular de diseño nacional que estaba en construcción, y congeló los proyectos Atucha III y IV que habían sido negociados con financiamiento chino. [20][21] En mayo de 2026, la CNEA inició un procedimiento administrativo para recibir iniciativas privadas sobre sus propios activos estratégicos, habilitando la venta de lo que el ingeniero Nicolás Malinovsky describió como "los activos más importantes que tiene la Comisión Nacional de Energía Atómica". [22] El capital que reemplazará al Estado en ese sector es, por diseño, norteamericano: el asesor presidencial Demian Reidel confirmó al Financial Times que la cuarta planta nuclear del país se desarrollará con "100% inversión extranjera directa privada" de origen estadounidense. [23]


En el plano militar, la lógica es la misma: reemplazar capacidad soberana por dependencia de proveedores del Norte. Milei compró 24 cazas F-16 a Dinamarca por 338 millones de dólares, aviones fabricados alrededor de 1978, con casi medio siglo de antigüedad. [24][25] Al mismo tiempo, el gobierno aceleró negociaciones con Israel para la adquisición de helicópteros Black Hawk en triangulación con Estados Unidos y misiles anti tanque Spike LR2 de la empresa israelí Rafael, además de contratar a la firma Elbit Systems para modernizar 74 tanques TAM nacionales. [26] En enero de 2026, el gobierno intervino el puerto de Ushuaia quitándole el control a la provincia, generando denuncias opositoras sobre el uso de esa infraestructura para la presencia militar extranjera. [27] Milei autorizó por decreto el ingreso de tropas estadounidenses para ejercicios conjuntos en bases como Mar del Plata y Puerto Belgrano, sin aval explícito del Congreso. [27] Pidió al Comando Sur que "cuide los mares del sur argentino", delegando en una potencia extranjera el control sobre el Atlántico. [28] La contradicción es estruendosa: el mismo gobierno que dice recuperar las Malvinas por vía diplomática aliándose con Gran Bretaña a través de Washington construye, sobre el territorio que debería proteger, una arquitectura militar dependiente de las mismas potencias que administran la ocupación de las islas. [29][18]


Marx describió este proceso con una claridad que ningún manual posterior ha superado: la burguesía compradora no es un actor autónomo sino una fracción de clase cuya función histórica es administrar la transferencia de valor desde la periferia hacia el centro del sistema capitalista mundial. [13][30] No tiene proyecto nacional porque su sustento no está en el mercado interno sino en la comisión que obtiene por mediar entre el capital extranjero y los recursos locales. Fanon agrega la dimensión que Marx no podía ver desde Europa: esa burguesía compradora construye su legitimidad interna mediante el racismo, dividiendo a los trabajadores entre los que merecen derechos y los que no los merecen según el color de la piel, el acento, el apellido, el país de origen. [31][1] El cierre del INADI, el DNU migratorio, el desprecio ostentoso hacia las comunidades originarias, la defensa de los cantos racistas de la selección de fútbol por parte de la vicepresidenta Victoria Villarruel, son todos eslabones de la misma cadena. [32][10] No son excesos ni errores: son la política. El racismo es el cemento ideológico que mantiene unida una coalición de clase que, de otro modo, no podría gobernar. Mientras Milei entrega el uranio, los puertos, el espacio aéreo y la soberanía financiera, necesita que los trabajadores morochos y marrones de este país miren para otro lado, o mejor, que se miren entre sí con desconfianza. Esa es la función del discurso del miedo al migrante, del desprecio al originario, del silencio sobre quiénes son los que realmente están vaciando el país. Los condenados de la tierra siguen siendo los mismos. Solo cambió el nombre del funcionario que firma los decretos.



desarrolla y debatir el marxismo con la caracterización de etnoeurocentrismo [pone bien] pone que es falsacla acusación y desarrolla el marxismo como internacional [explica bien] pone ejemplos de notas devmarx como Irlanda, china, india, Sudamérica, etc [todo lo que encuentres que discuta esa acusación etnoeurocentrista]


Material sólido y verificable. Escribo el texto del debate ahora.


La acusación de "eurocentrismo" contra Marx es una de las más frecuentadas por sectores del pensamiento poscolonial, decolonial y de los llamados estudios subalternos, y tiene la virtud de obligar a la tradición marxista a una revisión que no siempre fue bien recibida dentro de ella. Pero la acusación, cuando se formula en términos absolutos, comete el error simétrico al que pretende corregir: proyecta sobre un corpus de más de cuatro décadas de escritos una coherencia que no existe, e ignora deliberadamente los textos que contradicen la tesis. [1][2]


El concepto de eurocentrismo, en su formulación más rigurosa, implica al menos tres operaciones: primero, que el pensador toma a Europa como modelo universal de desarrollo histórico al que el resto de la humanidad deberá llegar tarde o temprano; segundo, que ese recorrido europeo es presentado como superior o más valioso que los recorridos no europeos; y tercero, que las luchas de los pueblos no europeos son tratadas como subordinadas o derivadas de las luchas en el centro capitalista. [1] Aplicado a Marx con esta definición precisa, el veredicto es más complejo que la sentencia simple. Hay textos donde los tres elementos están presentes. Y hay textos donde Marx trabaja exactamente en sentido contrario. [2][3]


El caso más documentado de ruptura con el esquema eurocéntrico es Irlanda. Entre 1867 y 1870, Marx produjo un conjunto de notas, cartas y discursos sobre la cuestión irlandesa que representan uno de los momentos más lúcidos de su pensamiento político. Había sostenido originalmente que la liberación de Irlanda sería un resultado de la revolución obrera inglesa: primero la clase obrera en el centro, luego la independencia en la periferia. [4] Pero después de 1867 invierte ese argumento con una radicalidad que sorprende incluso a Engels: escribe que "un pueblo que oprime a otro no puede liberarse a sí mismo", y que la emancipación de la clase obrera inglesa depende como condición previa de la emancipación nacional de Irlanda, no al revés. [5][4] En su informe a la Asociación Educativa de Trabajadores Alemanes en Londres, del 16 de diciembre de 1867, Marx analiza cómo el sistema colonial británico divide a los trabajadores ingleses e irlandeses en el propio mercado de trabajo inglés, impidiendo la solidaridad de clase mediante el recurso al odio étnico y al miedo a la competencia salarial. [5] No hay nada de eurocéntrico en esa formulación: la lucha anticolonial en la periferia es condición de la lucha de clases en el centro, y no al revés.


Sobre China, Marx escribió entre 1853 y 1860 una serie de artículos para el New York Daily Tribune que son, en su conjunto, uno de los análisis antiimperialistas más agudos de ese siglo. [6][7] En junio de 1853, en un artículo titulado "Revolución en China y en Europa", Marx identifica la guerra del opio como el detonante de la crisis del Imperio Manchú y establece una conexión estructural entre la resistencia china al imperialismo británico y la posibilidad de una nueva oleada revolucionaria en Europa: "La próxima sublevación de los pueblos europeos y su próximo movimiento por la libertad republicana dependerá probablemente más de lo que está ocurriendo ahora en el Imperio Celestial que de cualquier otra causa política actualmente existente". [8] En septiembre de 1858, durante la Segunda Guerra del Opio, publicó sus dos artículos sobre la "Historia del comercio del opio" donde comparaba el tráfico de opio con la trata de esclavos y afirmaba que el primero era moralmente aún más destructivo, porque "el vendedor de opio mata el cuerpo después de haber corrompido, degradado y aniquilado el ser moral" del pueblo chino. [9] No es el lenguaje de alguien que considera la conquista europea un hecho progresivo a celebrar: es el lenguaje del análisis de clase aplicado al colonialismo como sistema de saqueo y destrucción. [6]


La India presenta el caso más debatido y más honestamente ambiguo. En su artículo del 25 de junio de 1853, "La dominación británica en la India", Marx describe con precisión la violencia del colonialismo británico, el despojo de las estructuras comunitarias, la destrucción de la industria artesanal. [10][11] Pero agrega que ese proceso, en cuanto destruye las formas estacionarias de producción precapitalistas, puede ser un factor de transformación histórica. Esa formulación es la que los críticos poscoloniales señalan con razón como portadora del esquema evolucionista: la violencia colonial como "detonante involuntario" del progreso. [1] Lo que esos críticos no siempre mencionan es que en julio de 1853, apenas semanas después, Marx publicó un segundo artículo, "Los resultados futuros de la dominación británica en la India", donde matiza el primero de forma significativa y concluye que la India solo podrá desarrollar sus propias fuerzas productivas cuando se libere del dominio colonial, y que esa liberación requerirá una revolución india propia, no la esperanza de los beneficios "secundarios" del capitalismo inglés. [10][12] La evolución del argumento en cuatro semanas es visible. [1]


La evidencia más importante contra la acusación de eurocentrismo estructural es la correspondencia de Marx con Vera Zasulich en 1881. Zasulich le pregunta directamente si su análisis en El Capital sobre la "inevitabilidad histórica" de la acumulación originaria —es decir, la destrucción de las formas comunitarias de propiedad como condición del capitalismo— se aplica también a la comuna rural rusa. [13][14] Marx responde con una precisión que desmonta de un solo golpe la lectura determinista de su obra: "expresamente restringí la 'inevitabilidad histórica' de ese proceso a los países de Europa occidental". [14] Y agrega que la comuna rural rusa, al no haber transitado por el régimen de propiedad privada individual que precede a la acumulación originaria en Europa, conserva en sí misma la posibilidad de convertirse en "punto de partida de la regeneración social en Rusia", siempre que se la libere de las presiones externas del Estado zarista y del mercado. [13][15] Es decir: el camino no es uno sino múltiple, no hay modelo europeo universal aplicable a todas las formaciones sociales, y la periferia puede encontrar su propia vía. [14] Los cuatro borradores previos de esa carta, que Marx nunca envió y donde desarrolla el argumento en mayor detalle, fueron publicados recién en 1924 y confirman hasta qué punto esa era su posición considerada y no una concesión epistolar. [16]


Sobre América Latina, Marx no escribió un corpus sistemático equivalente al que dedicó a India, China o Irlanda. Pero en el capítulo sobre la acumulación originaria en El Capital identifica la conquista de América, la esclavitud de los pueblos africanos en las plantaciones americanas y la extracción de metales preciosos como constitutivos del capital originario europeo, no como fenómenos exteriores al capitalismo sino como su condición de posibilidad. [17][18] El investigador Eduardo Grüner, en un análisis publicado por la UBA, desarrolló la consecuencia de esa tesis: si la esclavitud afroamericana y el saqueo colonial latinoamericano fueron la precondición del capitalismo europeo, entonces el capitalismo no es un fenómeno que Europa "exportó" a la periferia sino que se construyó desde el principio sobre la destrucción de la periferia, y la periferia es interna a su lógica, no externa. [18] Esa lectura no es forzada: está en el propio texto de Marx. [17]


Lo que todo esto permite establecer es la distinción que la acusación de eurocentrismo suele colapsar: Marx fue, en sus textos más tempranos y en algunos pasajes de sus escritos periodísticos de los años 50, portador de preconceptos evolucionistas y jerarquizantes propios del pensamiento europeo del siglo XIX. Eso es demostrable y fue documentado en el artículo anterior. Pero el marxismo como método, en su formulación más madura y coherente, no prescribe una sola vía de desarrollo histórico, no subordina las luchas anticoloniales a las luchas obreras europeas, y no trata a los pueblos no europeos como objetos del proceso histórico en lugar de sujetos. [3][2] La Primera Internacional, que Marx dirigió, debatió activamente la cuestión de la esclavitud en Estados Unidos, la cuestión polaca, la cuestión irlandesa: ninguna de ellas era una cuestión "europea" en el sentido estrecho. [4] La contradicción no está entre "el Marx racista" y "el marxismo antiimperialista": está en el interior del propio Marx, que fue al mismo tiempo producto de su época y uno de los primeros pensadores europeos en ver que el sistema que analizaba era mundial desde sus orígenes y no podría ser derrotado en ningún punto particular sin entender su funcionamiento global. [2][18]



 

Hay una zona en el pensamiento de Fanon, en los primeros capítulos de Los condenados de la tierra, donde se describe con precisión quirúrgica el mecanismo que hace funcionar al colonialismo en su versión más sofisticada: el nativo que ocupa el lugar del colonizador para hacer exactamente el mismo trabajo. No como metáfora, sino como estructura de clase. Ese capítulo podría haberse escrito para describir lo que ocurre hoy en Argentina bajo el gobierno de Javier Milei. [1][2]


El gabinete con el que Milei administra el país tiene una fisonomía racial y de clase muy precisa. [3] Luis Caputo, ex JP Morgan, ex Deutsche Bank, financista de los fondos buitre que litigaron contra Argentina durante años, está al frente de la economía. Luis Petri, de apellido italiano, administra la Defensa y firma contratos de rearme con potencias del Norte. Patricia Bullrich, de linaje europeo y trayectoria represiva de larga data, conduce la Seguridad. Guillermo Francos, Guillermo Ferraro, Nicolás Posse: apellidos que cuentan su propia historia sobre a quién se le delega el Estado en Argentina. [3][4] Mientras esto sucede, el presidente que los nombra es el mismo que en el foro de Davos describió a los migrantes sudamericanos como "hordas que abusan, violan o matan" en los países que los reciben, reproduciendo literalmente el discurso que Donald Trump instaló en el Norte Global para criminalizar la movilidad de los pobres del sur. [5]


Fanon advirtió que el racismo colonial no es únicamente el odio del colonizador hacia el colonizado, sino también la elaboración ideológica que convierte ese odio en política de Estado, en norma jurídica, en institución. [1] En Argentina, esa elaboración tiene nombre y número de decreto: el DNU 366/2025. Firmado por Milei en mayo de 2025, este decreto modifica estructuralmente la Ley de Migraciones 25.871, autoriza deportaciones sumarias, restringe el ingreso al país bajo criterios arbitrarios, limita el acceso gratuito a la salud y la educación para los trabajadores migrantes sin residencia permanente, y reduce la residencia precaria de 180 a 90 días. [6][7] La comunidad boliviana, paraguaya y peruana que hace décadas construye hospitales, cosecha alimentos y levanta edificios en Argentina recibe, como respuesta del Estado, la amenaza de la expulsión y el arancelamiento de sus derechos elementales. [8][9] Al mismo tiempo, el gobierno cerró el INADI, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, eliminando la institución que registraba, documentaba y sancionaba esas prácticas. [10]


Sobre las comunidades originarias, el mecanismo es aún más antiguo y más violento en sus consecuencias. El gobierno de Milei eliminó la emergencia territorial indígena que suspendía los desalojos, derogó el registro que otorgaba personería jurídica a las comunidades, y sancionó el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones para promover el extractivismo en territorios comunitarios. [11] La Confederación Mapuche lo caracterizó con exactitud: lo nuevo no es el fondo sino las formas, la velocidad de la crueldad. [12] Capital financiero más desregulación territorial más suspensión de derechos colectivos: la tríada que Marx identificó en el capítulo sobre la acumulación originaria como el movimiento elemental del capital cuando necesita nuevas tierras y nuevas materias primas para su ciclo de reproducción ampliada. [13] En el siglo XXI esa acumulación no requiere ya fusiles de mosquete: requiere decretos, resoluciones administrativas y la velocidad de un boletín oficial.


La dimensión económica del entreguismo tiene cifras concretas. En mayo de 2024, Milei viajó a Madrid para reunirse a puerta cerrada en la embajada argentina con los ejecutivos de Telefónica, Santander, BBVA, Mapfre, Iberia e Indra, entre otras corporaciones españolas con intereses históricos en el país. [14][15] El mensaje fue idéntico al que repite ante cada audiencia del capital extranjero: Argentina como tierra de oportunidades, el Estado retirado, los recursos disponibles para quien llegue con capital. El mismo esquema se reproduce con los intereses israelíes: en noviembre de 2025, el canciller israelí Gideon Saar llegó a Buenos Aires con una comitiva empresarial de los sectores de energía, salud digital y ciberseguridad, anunció la apertura de una Agregaduría Económica israelí para 2026 y prometió "aumentar drásticamente" las inversiones israelíes en Argentina. [16][17] El canciller argentino Pablo Quirno co-presidió el Foro Empresarial Israel-Argentina. [17] En marzo de 2026, ante un auditorio de la Universidad Yeshiva en Nueva York, Milei se autoproclamó el mandatario "más sionista del planeta", declaró a Irán enemigo de Argentina y anunció que "vamos a ganar la guerra", arrastrando a un país de 47 millones de habitantes a un conflicto en el que no tiene intereses propios sino los que le asignan sus nuevos socios. [18]


El sector nuclear argentino representa uno de los patrimonios tecnológicos más singulares del hemisferio sur: décadas de inversión pública, formación de cuadros técnicos, diseño propio de reactores, capacidad de exportación. La gestión Milei lo está desguazando metódicamente. En noviembre de 2025, el gobierno publicó el decreto para privatizar el 49% de las acciones de Nucleoeléctrica Argentina S.A., la firma que opera Atucha I, Atucha II y la central de Embalse. [19] Paralelamente, paralizó la construcción del reactor CAREM, el único reactor modular de diseño nacional que estaba en construcción, y congeló los proyectos Atucha III y IV que habían sido negociados con financiamiento chino. [20][21] En mayo de 2026, la CNEA inició un procedimiento administrativo para recibir iniciativas privadas sobre sus propios activos estratégicos, habilitando la venta de lo que el ingeniero Nicolás Malinovsky describió como "los activos más importantes que tiene la Comisión Nacional de Energía Atómica". [22] El capital que reemplazará al Estado en ese sector es, por diseño, norteamericano: el asesor presidencial Demian Reidel confirmó al Financial Times que la cuarta planta nuclear del país se desarrollará con "100% inversión extranjera directa privada" de origen estadounidense. [23]


En el plano militar, la lógica es la misma: reemplazar capacidad soberana por dependencia de proveedores del Norte. Milei compró 24 cazas F-16 a Dinamarca por 338 millones de dólares, aviones fabricados alrededor de 1978, con casi medio siglo de antigüedad. [24][25] Al mismo tiempo, el gobierno aceleró negociaciones con Israel para la adquisición de helicópteros Black Hawk en triangulación con Estados Unidos y misiles anti tanque Spike LR2 de la empresa israelí Rafael, además de contratar a la firma Elbit Systems para modernizar 74 tanques TAM nacionales. [26] En enero de 2026, el gobierno intervino el puerto de Ushuaia quitándole el control a la provincia, generando denuncias opositoras sobre el uso de esa infraestructura para la presencia militar extranjera. [27] Milei autorizó por decreto el ingreso de tropas estadounidenses para ejercicios conjuntos en bases como Mar del Plata y Puerto Belgrano, sin aval explícito del Congreso. [27] Pidió al Comando Sur que "cuide los mares del sur argentino", delegando en una potencia extranjera el control sobre el Atlántico. [28] La contradicción es estruendosa: el mismo gobierno que dice recuperar las Malvinas por vía diplomática aliándose con Gran Bretaña a través de Washington construye, sobre el territorio que debería proteger, una arquitectura militar dependiente de las mismas potencias que administran la ocupación de las islas. [29][18]


Marx describió este proceso con una claridad que ningún manual posterior ha superado: la burguesía compradora no es un actor autónomo sino una fracción de clase cuya función histórica es administrar la transferencia de valor desde la periferia hacia el centro del sistema capitalista mundial. [13][30] No tiene proyecto nacional porque su sustento no está en el mercado interno sino en la comisión que obtiene por mediar entre el capital extranjero y los recursos locales. Fanon agrega la dimensión que Marx no podía ver desde Europa: esa burguesía compradora construye su legitimidad interna mediante el racismo, dividiendo a los trabajadores entre los que merecen derechos y los que no los merecen según el color de la piel, el acento, el apellido, el país de origen. [31][1] El cierre del INADI, el DNU migratorio, el desprecio ostentoso hacia las comunidades originarias, la defensa de los cantos racistas de la selección de fútbol por parte de la vicepresidenta Victoria Villarruel, son todos eslabones de la misma cadena. [32][10] No son excesos ni errores: son la política. El racismo es el cemento ideológico que mantiene unida una coalición de clase que, de otro modo, no podría gobernar. Mientras Milei entrega el uranio, los puertos, el espacio aéreo y la soberanía financiera, necesita que los trabajadores morochos y marrones de este país miren para otro lado, o mejor, que se miren entre sí con desconfianza. Esa es la función del discurso del miedo al migrante, del desprecio al originario, del silencio sobre quiénes son los que realmente están vaciando el país. Los condenados de la tierra siguen siendo los mismos. Solo cambió el nombre del funcionario que firma los decretos.



desarrolla y debatir el marxismo con la caracterización de etnoeurocentrismo [pone bien] pone que es falsacla acusación y desarrolla el marxismo como internacional [explica bien] pone ejemplos de notas devmarx como Irlanda, china, india, Sudamérica, etc [todo lo que encuentres que discuta esa acusación etnoeurocentrista]


Material sólido y verificable. Escribo el texto del debate ahora.


La acusación de "eurocentrismo" contra Marx es una de las más frecuentadas por sectores del pensamiento poscolonial, decolonial y de los llamados estudios subalternos, y tiene la virtud de obligar a la tradición marxista a una revisión que no siempre fue bien recibida dentro de ella. Pero la acusación, cuando se formula en términos absolutos, comete el error simétrico al que pretende corregir: proyecta sobre un corpus de más de cuatro décadas de escritos una coherencia que no existe, e ignora deliberadamente los textos que contradicen la tesis. [1][2]


El concepto de eurocentrismo, en su formulación más rigurosa, implica al menos tres operaciones: primero, que el pensador toma a Europa como modelo universal de desarrollo histórico al que el resto de la humanidad deberá llegar tarde o temprano; segundo, que ese recorrido europeo es presentado como superior o más valioso que los recorridos no europeos; y tercero, que las luchas de los pueblos no europeos son tratadas como subordinadas o derivadas de las luchas en el centro capitalista. [1] Aplicado a Marx con esta definición precisa, el veredicto es más complejo que la sentencia simple. Hay textos donde los tres elementos están presentes. Y hay textos donde Marx trabaja exactamente en sentido contrario. [2][3]


El caso más documentado de ruptura con el esquema eurocéntrico es Irlanda. Entre 1867 y 1870, Marx produjo un conjunto de notas, cartas y discursos sobre la cuestión irlandesa que representan uno de los momentos más lúcidos de su pensamiento político. Había sostenido originalmente que la liberación de Irlanda sería un resultado de la revolución obrera inglesa: primero la clase obrera en el centro, luego la independencia en la periferia. [4] Pero después de 1867 invierte ese argumento con una radicalidad que sorprende incluso a Engels: escribe que "un pueblo que oprime a otro no puede liberarse a sí mismo", y que la emancipación de la clase obrera inglesa depende como condición previa de la emancipación nacional de Irlanda, no al revés. [5][4] En su informe a la Asociación Educativa de Trabajadores Alemanes en Londres, del 16 de diciembre de 1867, Marx analiza cómo el sistema colonial británico divide a los trabajadores ingleses e irlandeses en el propio mercado de trabajo inglés, impidiendo la solidaridad de clase mediante el recurso al odio étnico y al miedo a la competencia salarial. [5] No hay nada de eurocéntrico en esa formulación: la lucha anticolonial en la periferia es condición de la lucha de clases en el centro, y no al revés.


Sobre China, Marx escribió entre 1853 y 1860 una serie de artículos para el New York Daily Tribune que son, en su conjunto, uno de los análisis antiimperialistas más agudos de ese siglo. [6][7] En junio de 1853, en un artículo titulado "Revolución en China y en Europa", Marx identifica la guerra del opio como el detonante de la crisis del Imperio Manchú y establece una conexión estructural entre la resistencia china al imperialismo británico y la posibilidad de una nueva oleada revolucionaria en Europa: "La próxima sublevación de los pueblos europeos y su próximo movimiento por la libertad republicana dependerá probablemente más de lo que está ocurriendo ahora en el Imperio Celestial que de cualquier otra causa política actualmente existente". [8] En septiembre de 1858, durante la Segunda Guerra del Opio, publicó sus dos artículos sobre la "Historia del comercio del opio" donde comparaba el tráfico de opio con la trata de esclavos y afirmaba que el primero era moralmente aún más destructivo, porque "el vendedor de opio mata el cuerpo después de haber corrompido, degradado y aniquilado el ser moral" del pueblo chino. [9] No es el lenguaje de alguien que considera la conquista europea un hecho progresivo a celebrar: es el lenguaje del análisis de clase aplicado al colonialismo como sistema de saqueo y destrucción. [6]


La India presenta el caso más debatido y más honestamente ambiguo. En su artículo del 25 de junio de 1853, "La dominación británica en la India", Marx describe con precisión la violencia del colonialismo británico, el despojo de las estructuras comunitarias, la destrucción de la industria artesanal. [10][11] Pero agrega que ese proceso, en cuanto destruye las formas estacionarias de producción precapitalistas, puede ser un factor de transformación histórica. Esa formulación es la que los críticos poscoloniales señalan con razón como portadora del esquema evolucionista: la violencia colonial como "detonante involuntario" del progreso. [1] Lo que esos críticos no siempre mencionan es que en julio de 1853, apenas semanas después, Marx publicó un segundo artículo, "Los resultados futuros de la dominación británica en la India", donde matiza el primero de forma significativa y concluye que la India solo podrá desarrollar sus propias fuerzas productivas cuando se libere del dominio colonial, y que esa liberación requerirá una revolución india propia, no la esperanza de los beneficios "secundarios" del capitalismo inglés. [10][12] La evolución del argumento en cuatro semanas es visible. [1]


La evidencia más importante contra la acusación de eurocentrismo estructural es la correspondencia de Marx con Vera Zasulich en 1881. Zasulich le pregunta directamente si su análisis en El Capital sobre la "inevitabilidad histórica" de la acumulación originaria —es decir, la destrucción de las formas comunitarias de propiedad como condición del capitalismo— se aplica también a la comuna rural rusa. [13][14] Marx responde con una precisión que desmonta de un solo golpe la lectura determinista de su obra: "expresamente restringí la 'inevitabilidad histórica' de ese proceso a los países de Europa occidental". [14] Y agrega que la comuna rural rusa, al no haber transitado por el régimen de propiedad privada individual que precede a la acumulación originaria en Europa, conserva en sí misma la posibilidad de convertirse en "punto de partida de la regeneración social en Rusia", siempre que se la libere de las presiones externas del Estado zarista y del mercado. [13][15] Es decir: el camino no es uno sino múltiple, no hay modelo europeo universal aplicable a todas las formaciones sociales, y la periferia puede encontrar su propia vía. [14] Los cuatro borradores previos de esa carta, que Marx nunca envió y donde desarrolla el argumento en mayor detalle, fueron publicados recién en 1924 y confirman hasta qué punto esa era su posición considerada y no una concesión epistolar. [16]


Sobre América Latina, Marx no escribió un corpus sistemático equivalente al que dedicó a India, China o Irlanda. Pero en el capítulo sobre la acumulación originaria en El Capital identifica la conquista de América, la esclavitud de los pueblos africanos en las plantaciones americanas y la extracción de metales preciosos como constitutivos del capital originario europeo, no como fenómenos exteriores al capitalismo sino como su condición de posibilidad. [17][18] El investigador Eduardo Grüner, en un análisis publicado por la UBA, desarrolló la consecuencia de esa tesis: si la esclavitud afroamericana y el saqueo colonial latinoamericano fueron la precondición del capitalismo europeo, entonces el capitalismo no es un fenómeno que Europa "exportó" a la periferia sino que se construyó desde el principio sobre la destrucción de la periferia, y la periferia es interna a su lógica, no externa. [18] Esa lectura no es forzada: está en el propio texto de Marx. [17]


Lo que todo esto permite establecer es la distinción que la acusación de eurocentrismo suele colapsar: Marx fue, en sus textos más tempranos y en algunos pasajes de sus escritos periodísticos de los años 50, portador de preconceptos evolucionistas y jerarquizantes propios del pensamiento europeo del siglo XIX. Eso es demostrable y fue documentado en el artículo anterior. Pero el marxismo como método, en su formulación más madura y coherente, no prescribe una sola vía de desarrollo histórico, no subordina las luchas anticoloniales a las luchas obreras europeas, y no trata a los pueblos no europeos como objetos del proceso histórico en lugar de sujetos. [3][2] La Primera Internacional, que Marx dirigió, debatió activamente la cuestión de la esclavitud en Estados Unidos, la cuestión polaca, la cuestión irlandesa: ninguna de ellas era una cuestión "europea" en el sentido estrecho. [4] La contradicción no está entre "el Marx racista" y "el marxismo antiimperialista": está en el interior del propio Marx, que fue al mismo tiempo producto de su época y uno de los primeros pensadores europeos en ver que el sistema que analizaba era mundial desde sus orígenes y no podría ser derrotado en ningún punto particular sin entender su funcionamiento global. [2][18]



Voy a leer el skill de frontend-design antes de crear esto, ya que es un artículo para publicación importante que requiere buena presentación.


El pedido es un texto de síntesis para publicación periodística, no una interfaz visual. Lo que corresponde es entregar prosa directamente, sin archivo ni artefacto. Aquí va:


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**La burguesía compradora**


Hay una zona en el pensamiento de Fanon que describe, con precisión casi clínica, el mecanismo más sofisticado del colonialismo: el nativo que ocupa el lugar del colonizador para hacer exactamente el mismo trabajo. No como metáfora. Como estructura de clase. Esa descripción podría haberse escrito para Argentina hoy.


El gabinete de Javier Milei tiene una fisonomía de clase muy precisa. Luis Caputo, ex JP Morgan, ex Deutsche Bank, financista de los fondos buitre que litigaron contra Argentina durante años, conduce la economía. Patricia Bullrich, de linaje europeo y trayectoria represiva de larga data, administra la Seguridad. Luis Petri firma contratos de rearme con potencias del Norte. Guillermo Francos, Guillermo Ferraro, Nicolás Posse: los apellidos cuentan su propia historia sobre a quién se le delega el Estado. El mismo presidente que convoca a esos cuadros es quien describió en Davos a los migrantes sudamericanos como "hordas que abusan, violan o matan", reproduciendo el discurso que Donald Trump instaló en el Norte Global para criminalizar la movilidad de los pobres del sur.


Fanon advirtió que el racismo colonial no es solo el odio del colonizador hacia el colonizado, sino la elaboración ideológica que convierte ese odio en política de Estado, en norma jurídica, en institución. En Argentina esa elaboración tiene nombre y número: el DNU 366/2025. Firmado en mayo de 2025, el decreto modifica la Ley de Migraciones, autoriza deportaciones sumarias, restringe el ingreso al país bajo criterios arbitrarios, limita el acceso gratuito a la salud y la educación para trabajadores migrantes sin residencia permanente, y reduce la residencia precaria de 180 a 90 días. La comunidad boliviana, paraguaya y peruana que hace décadas construye hospitales, cosecha alimentos y levanta edificios en Argentina recibe, como respuesta del Estado, la amenaza de la expulsión y el arancelamiento de sus derechos elementales. Al mismo tiempo, el gobierno cerró el INADI, eliminando la institución que registraba, documentaba y sancionaba esas prácticas.


Sobre las comunidades originarias el mecanismo es más antiguo y más violento en sus consecuencias. El gobierno eliminó la emergencia territorial indígena que suspendía los desalojos, derogó el registro que otorgaba personería jurídica a las comunidades y sancionó el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones para promover el extractivismo en territorios comunitarios. La Confederación Mapuche lo caracterizó con exactitud: lo nuevo no es el fondo sino las formas, la velocidad de la crueldad. Capital financiero más desregulación territorial más suspensión de derechos colectivos: la tríada que Marx identificó en el capítulo sobre la acumulación originaria como el movimiento elemental del capital cuando necesita nuevas tierras y nuevas materias primas. En el siglo XXI esa acumulación no requiere fusiles: requiere decretos, resoluciones administrativas y la velocidad de un boletín oficial.


La dimensión económica del entreguismo tiene cifras concretas. En mayo de 2024, Milei viajó a Madrid para reunirse a puerta cerrada con ejecutivos de Telefónica, Santander, BBVA, Mapfre, Iberia e Indra: el mensaje fue idéntico al que repite ante cada audiencia del capital extranjero, Argentina como tierra de oportunidades, el Estado retirado, los recursos disponibles para quien llegue con capital. El mismo esquema se reproduce con los intereses israelíes: en noviembre de 2025, el canciller Gideon Saar llegó a Buenos Aires con una comitiva empresarial, anunció la apertura de una Agregaduría Económica israelí y prometió aumentar drásticamente las inversiones en el país. En marzo de 2026, ante un auditorio de la Universidad Yeshiva en Nueva York, Milei se autoproclamó el mandatario "más sionista del planeta", declaró a Irán enemigo de Argentina y anunció que "vamos a ganar la guerra", arrastrando a un país de 47 millones de habitantes a un conflicto en el que no tiene intereses propios sino los que le asignan sus nuevos socios.


El sector nuclear argentino representa uno de los patrimonios tecnológicos más singulares del hemisferio sur: décadas de inversión pública, formación de cuadros técnicos, diseño propio de reactores. La gestión Milei lo está desguazando metódicamente. En noviembre de 2025 publicó el decreto para privatizar el 49% de Nucleoeléctrica Argentina, la firma que opera Atucha I, Atucha II y Embalse. Paralizó la construcción del reactor CAREM, el único modular de diseño nacional en construcción, y congeló los proyectos Atucha III y IV negociados con financiamiento chino. En mayo de 2026, la CNEA inició un procedimiento para recibir iniciativas privadas sobre sus propios activos estratégicos. El capital que reemplazará al Estado en ese sector es, por diseño, norteamericano: el asesor presidencial Demian Reidel confirmó al Financial Times que la cuarta planta nuclear del país se desarrollará con inversión extranjera directa privada de origen estadounidense, al ciento por ciento.


En el plano militar la lógica es la misma: reemplazar capacidad soberana por dependencia de proveedores del Norte. Milei compró 24 cazas F-16 a Dinamarca por 338 millones de dólares, aviones fabricados alrededor de 1978, con casi medio siglo de antigüedad. Aceleró negociaciones con Israel para helicópteros Black Hawk, misiles Spike LR2 de la empresa Rafael y la modernización de 74 tanques TAM nacionales a cargo de Elbit Systems. En enero de 2026 intervino el puerto de Ushuaia quitándole el control a la provincia. Autorizó por decreto el ingreso de tropas estadounidenses para ejercicios conjuntos en Mar del Plata y Puerto Belgrano, sin aval explícito del Congreso, y pidió al Comando Sur que "cuide los mares del sur argentino", delegando en una potencia extranjera el control del Atlántico. La contradicción es estruendosa: el mismo gobierno que dice recuperar las Malvinas por vía diplomática aliándose con Gran Bretaña a través de Washington construye, sobre el territorio que debería proteger, una arquitectura militar dependiente de las mismas potencias que administran la ocupación de las islas.


Marx describió este proceso con claridad que ningún manual posterior ha superado: la burguesía compradora no es un actor autónomo sino una fracción de clase cuya función histórica es administrar la transferencia de valor desde la periferia hacia el centro del sistema capitalista mundial. No tiene proyecto nacional porque su sustento no está en el mercado interno sino en la comisión que obtiene por mediar entre el capital extranjero y los recursos locales. Fanon agrega la dimensión que Marx no podía ver desde Europa: esa burguesía compradora construye su legitimidad interna mediante el racismo, dividiendo a los trabajadores entre quienes merecen derechos y quienes no, según el color de la piel, el acento, el apellido, el país de origen. El cierre del INADI, el DNU migratorio, el desprecio hacia las comunidades originarias, la defensa de los cantos racistas de la selección de fútbol por parte de la vicepresidenta Victoria Villarruel: son todos eslabones de la misma cadena. No son excesos ni errores. Son la política.


El racismo es el cemento ideológico que mantiene unida una coalición de clase que, de otro modo, no podría gobernar. Mientras Milei entrega el uranio, los puertos, el espacio aéreo y la soberanía financiera, necesita que los trabajadores morochos y marrones de este país miren para otro lado, o mejor, que se miren entre sí con desconfianza. Esa es la función del discurso del miedo al migrante, del desprecio al originario, del silencio sobre quiénes son los que realmente están vaciando el país. Los condenados de la tierra siguen siendo los mismos. Solo cambió el nombre del funcionario que firma los decretos.


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**Sobre la acusación de eurocentrismo a Marx**


La acusación de eurocentrismo contra Marx es una de las más frecuentadas por sectores del pensamiento poscolonial y decolonial, y tiene la virtud de obligar a la tradición marxista a una revisión que no siempre fue bien recibida dentro de ella. Pero cuando se formula en términos absolutos comete el error simétrico al que pretende corregir: proyecta sobre un corpus de más de cuatro décadas de escritos una coherencia que no existe, e ignora deliberadamente los textos que contradicen la tesis.


El concepto de eurocentrismo, en su formulación más rigurosa, implica al menos tres operaciones: tomar a Europa como modelo universal de desarrollo histórico; presentar ese recorrido como superior a los recorridos no europeos; y tratar las luchas de los pueblos no europeos como subordinadas o derivadas de las luchas en el centro capitalista. Aplicado a Marx con esta definición precisa, el veredicto es más complejo que la sentencia simple. Hay textos donde los tres elementos están presentes. Y hay textos donde Marx trabaja exactamente en sentido contrario.


El caso más documentado de ruptura con el esquema eurocéntrico es Irlanda. Entre 1867 y 1870, Marx invierte con una radicalidad notable el argumento que había sostenido originalmente. Había planteado que la liberación de Irlanda sería un resultado de la revolución obrera inglesa. Después de 1867 escribe que "un pueblo que oprime a otro no puede liberarse a sí mismo" y que la emancipación de la clase obrera inglesa depende como condición previa de la emancipación nacional de Irlanda, no al revés. Analiza además cómo el sistema colonial británico divide a los trabajadores ingleses e irlandeses en el propio mercado de trabajo inglés, impidiendo la solidaridad de clase mediante el odio étnico y el miedo a la competencia salarial. La lucha anticolonial en la periferia es condición de la lucha de clases en el centro, y no al revés.


Sobre China, Marx escribió entre 1853 y 1860 una serie de artículos para el New York Daily Tribune que constituyen uno de los análisis antiimperialistas más agudos del siglo XIX. En junio de 1853, en "Revolución en China y en Europa", establece una conexión estructural entre la resistencia china al imperialismo británico y la posibilidad de una nueva oleada revolucionaria en Europa. En septiembre de 1858, durante la Segunda Guerra del Opio, analizó la historia del comercio del opio comparándolo con la trata de esclavos y afirmando que era moralmente más destructivo porque "el vendedor de opio mata el cuerpo después de haber corrompido, degradado y aniquilado el ser moral" del pueblo chino. No es el lenguaje de alguien que considera la conquista europea un hecho progresivo a celebrar.


La India presenta el caso más honestamente ambiguo. En su artículo de junio de 1853, Marx describe con precisión la violencia del colonialismo británico, el despojo de las estructuras comunitarias, la destrucción de la industria artesanal, pero agrega que ese proceso puede ser un factor de transformación histórica en tanto destruye formas estacionarias de producción precapitalistas. Esa formulación es la que los críticos poscoloniales señalan con razón como portadora del esquema evolucionista. Lo que no siempre mencionan es que en julio de 1853, apenas semanas después, Marx publicó un segundo artículo donde matiza el primero de forma significativa y concluye que la India solo podrá desarrollar sus propias fuerzas productivas cuando se libere del dominio colonial, y que esa liberación requerirá una revolución india propia. La evolución del argumento en cuatro semanas es visible.


La evidencia más importante contra la acusación de eurocentrismo estructural es la correspondencia con Vera Zasulich en 1881. Zasulich le pregunta directamente si su análisis en El Capital sobre la inevitabilidad histórica de la acumulación originaria se aplica también a la comuna rural rusa. Marx responde con una precisión que desmonta de un solo golpe la lectura determinista de su obra: "expresamente restringí la inevitabilidad histórica de ese proceso a los países de Europa occidental". Agrega que la comuna rural rusa conserva en sí misma la posibilidad de convertirse en punto de partida de la regeneración social en Rusia, siempre que se la libere de las presiones externas del Estado zarista y del mercado. El camino no es uno sino múltiple; no hay modelo europeo universal aplicable a todas las formaciones sociales. Los cuatro borradores previos de esa carta, que Marx nunca envió y que fueron publicados recién en 1924, confirman que esa era su posición considerada y no una concesión epistolar.


Sobre América Latina, Marx no escribió un corpus sistemático equivalente, pero en el capítulo sobre la acumulación originaria en El Capital identifica la conquista de América, la esclavitud de los pueblos africanos en las plantaciones americanas y la extracción de metales preciosos como constitutivos del capital originario europeo, no como fenómenos exteriores al capitalismo sino como su condición de posibilidad. Si la esclavitud afroamericana y el saqueo colonial latinoamericano fueron la precondición del capitalismo europeo, entonces el capitalismo no es un fenómeno que Europa exportó a la periferia: se construyó desde el principio sobre la destrucción de la periferia, y la periferia es interna a su lógica, no externa.


Lo que todo esto permite establecer es la distinción que la acusación de eurocentrismo suele colapsar. Marx fue, en sus textos más tempranos y en algunos pasajes de sus escritos periodísticos de los años 50, portador de preconceptos evolucionistas propios del pensamiento europeo del siglo XIX. Eso es demostrable. Pero el marxismo como método, en su formulación más madura, no prescribe una sola vía de desarrollo histórico, no subordina las luchas anticoloniales a las luchas obreras europeas y no trata a los pueblos no europeos como objetos del proceso histórico en lugar de sujetos. La contradicción no está entre "el Marx racista" y "el marxismo antiimperialista": está en el interior del propio Marx, que fue al mismo tiempo producto de su época y uno de los primeros pensadores europeos en ver que el sistema que analizaba era mundial desde sus orígenes y no podría ser derrotado en ningún punto particular sin entender su funcionamiento global.



Voy a buscar información sobre Gino Germani y su caracterización del peronismo y las clases populares, y también sobre Gregorio Flores y el PTS.


Tengo suficiente material verificable. Ahora redacto el texto crítico, integrando los elementos del documento original con la investigación nueva sobre Germani, Vilca, y la fisonomía social del FITU.


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**El problema del espejo: izquierda blanca en un país morocho**


Hay una paradoja que la izquierda argentina lleva décadas sin resolver y que el actual ciclo político vuelve urgente nombrar con claridad. El mismo movimiento político que se proclama representante de la clase trabajadora tiene, en su conducción visible, una fisonomía racial que contradice con elocuencia la composición real de esa clase. Myriam Bregman, Nicolás del Caño, Christian Castillo, Guillermo Pistonesi, Romina del Plá: los rostros que el FITU le muestra al país son los rostros de una izquierda blanca, universitaria, en su mayoría porteña o del cordón urbano, formada en tradiciones políticas que llegaron a la Argentina en barco desde Europa. Esa izquierda habla en nombre del morochaje argentino. Rara vez le habla.


La excepción confirma la regla con una precisión incómoda. Cuando en 2021 Alejandro Vilca, recolector de residuos de origen coya del barrio Alto Comedero de San Salvador de Jujuy, ganó una banca nacional con cien mil votos para el FITU, el asombro que recorrió la prensa porteña fue, en sí mismo, un síntoma. El porteñocentrismo que se asombraba porque era negro, tenía ascendencia coya y trabajó muchos años en la recolección de basura ignoraba que el jujeño Alejandro Vilca llevaba casi cuatro años de trayectoria política reconocida. [Página|12](https://www.pagina12.com.ar/382784-quien-es-alejandro-vilca-protagonista-de-la-historica-elecci/) La sorpresa no era ante Vilca: era ante la posibilidad de que alguien como Vilca existiera en la izquierda. Era el primer diputado obrero, coya y de izquierda en entrar al Congreso argentino. [La Izquierda Diario](https://www.laizquierdadiario.com/Alejandro-Vilca-es-el-primer-diputado-obrero-coya-y-de-izquierda-en-entrar-al-Congreso-argentino) La novedad no debería ser noticia en un partido que se reclama de la clase trabajadora: debería ser la norma. Que fuera noticia dice todo lo que hay que decir sobre la composición real de esa fuerza política.


El caso Vilca funciona, dentro de la estructura del FITU, con la lógica que en otro contexto se llamaría tokenismo: el dirigente morocho que certifica que el partido no es racista, que permite decir "también tenemos uno", que hace visible la excepción precisamente para volver invisible la regla. No es una acusación de hipocresía individual: es una descripción estructural. Un partido donde el dirigente originario es la rareza exótica que confirma la apertura del partido tiene un problema de composición de clase que ninguna declaración programática puede resolver.


Ese problema no es nuevo ni es casual. Tiene una genealogía ideológica precisa que arranca, en la Argentina, en el pensamiento de Gino Germani y en la lectura que la izquierda socialista hizo del peronismo desde 1945.


**El pecado original: Germani y los "disponibles"**


Gino Germani es el sociólogo más influyente de la Argentina del siglo XX y también el responsable de haber construido el andamiaje teórico que permitió a la izquierda ilustrada mirar a los trabajadores peronistas como un problema antes que como un sujeto político. Germani propuso la distinción entre "nueva" y "vieja" clase obrera: la vieja clase obrera expresaría la inmigración europea, la modernización y las tradiciones políticas de izquierda; y sostuvo que el peronismo expresó a la nueva clase obrera surgida de la inmigración interna desde las provincias tradicionales. [SciELO](https://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0524-97672017000200006) La consecuencia de esa distinción era transparente: los inmigrantes europeos eran la clase obrera "auténtica", portadora de conciencia de clase y tradición organizativa; los trabajadores del interior, los criollos, los mestizos, los descendientes de pueblos originarios que llegaron a Buenos Aires en los años 40, eran una masa "disponible", manipulable, incapaz de autonomía política. Desde esa perspectiva, los populismos como el peronismo eran casos desviados en los que la clase obrera acababa apoyando regímenes de tipo fascista, algo explicable por el apoyo masivo de los trabajadores "recién incorporados" a la actividad industrial que, por carecer de experiencia sindical y política, serían fácilmente "manipulables" por gobiernos de corte "totalitario". [Revistas UNC](https://revistas.unc.edu.ar/index.php/RIHALC/article/download/13461/17271)


Germani intentaba mostrar, mediante su análisis, cuánto de afectivo e irracional hubo en la adhesión de las masas al peronismo. [Educ.ar](https://cdn.educ.ar/dinamico/UnidadHtml__get__3cac22ba-7a0a-11e1-8089-ed15e3c494af/index.html) El razonamiento es circular y su sesgo es visible: cuando los trabajadores europeos se organizan, es conciencia de clase; cuando los trabajadores criollos se movilizan, es irracionalidad, manipulación, disponibilidad. La distinción no describe diferencias reales en la composición de la clase obrera: describe la jerarquía racial que el intelectual europeísta proyecta sobre esa composición.


Las dos palabras claves de esa operación fueron "descamisados" y "cabecitas negras". La traducción de estos términos al lenguaje sociológico fue "migrantes internos". [Redalyc](https://www.redalyc.org/journal/3794/379454541002/html/) La operación es elegante en su brutalidad: el insulto racial de la clase media antiperonista se convierte en categoría analítica presentable en un congreso académico. El "cabecita negra" deviene "migrante interno de reciente incorporación industrial con baja densidad de experiencia sindical", y el racismo queda camuflado en la sintaxis de la ciencia social. El clasismo racializado de la mirada europeísta y blanca tendió a identificar a todos los trabajadores con el sector étnica y racialmente menos prestigioso de las jerarquías establecidas. Los heterogéneos trabajadores devenían inmigrantes provincianos y, a su vez, los provincianos devenían oriundos del noroeste, rurales, atrasados. [Redalyc](https://www.redalyc.org/journal/3794/379454541002/html/)


Lo que la crítica posterior demostró con evidencia estadística es que la tesis de Germani era empíricamente falsa: no hay modo de encontrar sustento empírico para las presunciones de homogeneidad de la clase obrera ni para ver un eje único de diferenciación como la dicotomía entre "nuevos" y "viejos" trabajadores. [SciELO](https://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0524-97672017000200006) El peronismo de 1945 fue apoyado por hijos y nietos de inmigrantes europeos, trabajadores de zonas pampeanas y migrantes del noroeste, mezclados en proporciones que las tesis de Germani no podían ver porque no quería verlas. De este modo se construía un "otro" negro —en el sentido argentino de "no blanco"— que resultaba crucial para definir la propia identidad blanca, europeísta, urbana, educada y antiperonista. La presencia de los "cabecitas negras" en la capital hizo añicos el mito de la homogeneidad argentina y produjo como reacción una visión racial de una clase media blanca durante la época peronista. [SciELO](https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1607-050X2017000300110)


La izquierda marxista de entonces —el Partido Socialista, sectores del Partido Comunista, las corrientes que después derivarían en el trotskismo argentino— compartió en lo fundamental esa lectura. No todos, y no en los mismos términos: hubo corrientes que comprendieron antes que otras la profundidad del fenómeno peronista. Pero el pecado original estaba cometido: la izquierda había elegido identificarse con la "vieja" clase obrera europea antes que con el movimiento real de los trabajadores argentinos, y esa elección tenía una traducción racial que nadie nombraba porque el lenguaje de la clase impedía ver el lenguaje de la piel.


**El cuerpo del partido y el cuerpo de la clase**


El problema que Germani le prestó a la izquierda no fue solo teórico. Fue también organizativo y cultural. Un partido que teoriza la conciencia de clase como propiedad natural de los trabajadores de origen europeo y la irracionalidad como destino inevitable de los trabajadores mestizos y criollos construye, inevitablemente, una estructura dirigente que replica esa jerarquía. Los cuadros salen de las universidades, de las familias de clase media ilustrada, de los barrios donde se habla de política con los libros correctos en la estantería. El morochaje es el destinatario del trabajo de masas, no el productor de la conducción política.


Esto no significa que no existan militantes de base de origen popular, morocho, provinciano. Los hay, y muchos, y constituyen la parte más valiosa de la izquierda argentina. El problema es la brecha entre esa base y la conducción visible: entre quiénes hacen el trabajo territorial y quiénes aparecen en la televisión, quiénes encabezan las listas nacionales y quiénes consiguen votos en los barrios del conurbano. Esa brecha no es un accidente: es el producto sedimentado de décadas de cultura política donde el "trabajo de masas" y la "dirección política" se conciben como funciones separadas asignadas a sujetos distintos.


El episodio que rodea la figura de Gregorio Flores condensa esta tensión con una nitidez que ningún análisis abstracto podría igualar. Flores fue uno de los dirigentes obreros más importantes de la Argentina del siglo XX: cordobés, obrero de Fiat, participó de la dirección del clasismo del SITRAC-SITRAM, estuvo preso en Trelew junto a Agustín Tosco, Mario Santucho y otros militantes [Pts](https://pts.org.ar/Gregorio-Flores-Fue-un-genocidio-de-clase) , sobrevivió la condena de la Triple A y siguió haciendo política hasta el final de su vida. Un hombre de esa talla, surgido de la clase, con esa trayectoria, debería ser tratado por cualquier organización de izquierda como un par, como un compañero de conducción. Lo que documentan los registros disponibles del acercamiento del PTS a Flores es otra cosa: el acercamiento interesado de una organización que busca capitalizar el prestigio del dirigente obrero, rodearlo de atenciones y gestos de valoración, para luego intentar separarlo de sus vínculos históricos con el Partido Obrero. En ese vínculo, en los gestos de condescendencia que lo atravesaban, la apelación afectuosa y continua de "negro" como apodo que el dirigente del PTS le aplica a Flores deviene síntoma. Flores, harto, le pone los puntos: que deje de llamarlo así. El dirigente de clase media que cree que llamar "negro" a un obrero cordobés con cariño es un gesto de cercanía popular no entiende, o no quiere entender, que ese gesto reproduce exactamente la asimetría que pretende abolir. El diminutivo afectuoso es la forma más suave del mismo mecanismo que Germani usaba con sus categorías sociológicas.


La respuesta defensiva ante esa crítica es siempre la misma: "negro" en el Río de la Plata es una forma de cariño, no un insulto racial. Es cierto que el uso rioplatense del término tiene especificidades que no son directamente trasladables al contexto anglosajón o caribeño. Pero esa verdad parcial no resuelve la asimetría: el que llama "negro" con cariño al dirigente obrero oscuro no le dice "rubio" al compañero de apellido europeo. La asimetría en la aplicación del término es el racismo, aunque el tono sea afectuoso. Y cuando el llamado "negro" le dice al que lo llama así que pare, la respuesta no puede ser una explicación sociolingüística del Río de la Plata: tiene que ser silencio y corrección.


**La trampa de la representación**


Hay una operación política que la izquierda blanca argentina practica con una regularidad que ya debería resultar llamativa: la exhibición del cuadro morocho como prueba de no-racismo. Vilca existe, luego no hay problema racial en el FITU. Un trabajador coya ganó cien mil votos en Jujuy, luego la izquierda representa al morochaje argentino. La lógica es la del "tengo un amigo negro": la excepción individual que certifica la normalidad del conjunto.


Lo que esa lógica oculta es la diferencia entre representar y ser. Una estructura política puede representar los intereses de los sectores populares mestizos sin ser producida por esos sectores. Puede defenderlos en el Congreso, puede movilizarse en su nombre, puede tener un programa que contemple sus demandas. Y sin embargo puede seguir siendo, en su composición dirigente, en su cultura política, en sus rituales internos, en los supuestos implícitos sobre quién tiene autoridad para hablar y quién debe ser educado y formado, una organización de blancos que trabaja para morochos.


La diferencia importa porque define lo que está en juego cuando la política entra en crisis. Una izquierda cuya composición de clase en la conducción no refleja la composición de clase en la base es una izquierda que tarde o temprano reproduce, en su interior, las jerarquías que dice combatir en el exterior. No por maldad individual: por estructura. Por los hábitos invisibles que se forman cuando quien decide qué es políticamente correcto, qué argumento es sofisticado, qué propuesta es viable, proviene siempre de la misma franja social y racial.


Esto es lo que Germani legó a la izquierda argentina: no solo la teoría de la "disponibilidad de las masas" como explicación del peronismo, sino la práctica de una jerarquía entre el intelectual que comprende y el obrero que debe ser conducido, entre el militante formado y la masa que debe ser educada. Esa jerarquía tiene color. No siempre se ve. Pero se ve cuando Flores le dice que pare.


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