Su moral y la nuestra

Adorni, denunciado por presunto enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa en su declaración jurada .


Por Raúl Valle 

"La gran virtud del sistema de libre mercado es que al mercado no le importa el color de la gente; no le importa cuál sea su religión; solo le importa si pueden producir algo que quieras comprar." Esto lo dijo Milton Friedman, el economista estadounidense que ganó el Premio Nobel de Economía en 1976, que pasó décadas enseñando en la Universidad de Chicago y que se convirtió en el arquitecto intelectual del capitalismo neoliberal que reorganizó el mundo desde los años ochenta. No es una frase arrancada de contexto ni una cita elegida con mala fe. Es la síntesis exacta, en sus propias palabras, de un sistema de pensamiento que moldeó la política económica de Ronald Reagan desde 1981, de Margaret Thatcher desde 1979, del Fondo Monetario Internacional en toda América Latina durante la década del noventa, y que hoy Javier Milei, presidente de Argentina desde diciembre de 2023, repite con la convicción de quien descubrió tarde una verdad antigua y cree que nadie la conoció antes que él.

Si uno lee esa frase con cuidado, más allá de la apariencia de tolerancia que sus admiradores le atribuyen, lo que Friedman está diciendo es que el mercado es una institución estructuralmente ajena a la moral, que opera fuera de cualquier consideración ética y que su virtud consiste exactamente en eso, en no tener valores, en no juzgar, en reducir a cada persona a su capacidad de producir algo que otro quiera comprar. Nada más. En su artículo publicado en el New York Times Magazine el 13 de septiembre de 1970, titulado "The Social Responsibility of Business is to Increase Its Profits", Friedman fue aún más explícito, "Hay una y solo una responsabilidad social de las empresas: usar sus recursos y dedicarse a actividades diseñadas para aumentar sus ganancias." Nada de responsabilidad con los trabajadores que producen esa ganancia. Nada de responsabilidad con las comunidades donde operan. Nada de responsabilidad con el ambiente que devastan. Solo la ganancia, el número en el balance, la acumulación como fin absoluto y suficiente en sí mismo. Lo que durante siglos la filosofía moral llamó codicia, Friedman lo bautizó principio rector de la economía libre y le puso firma académica.

Esta no es una postura marginal dentro del liberalismo, es su núcleo más ''honesto''. Friedman la difundió desde Chicago con la precisión de quien sabe que está construyendo una ideología para el largo plazo, y tuvo éxito duradero. El primer laboratorio donde sus discípulos aplicaron esa doctrina en condiciones reales fue Chile, a partir del golpe de Estado de Augusto Pinochet en septiembre de 1973. Los llamados Chicago Boys, economistas chilenos formados directamente en la universidad de Friedman con financiamiento de la CIA, desmantelaron el Estado, privatizaron las empresas públicas, eliminaron los controles de precios y abrieron la economía al capital extranjero sin ningún tipo de regulación. El resultado, medido décadas después, fue una de las sociedades más desiguales del planeta, en 2019, el año en que el pueblo chileno se levantó en una revuelta histórica que forzó la convocatoria de una asamblea constituyente, el 1 por ciento más rico del país concentraba el 26,5 por ciento de la riqueza nacional, según datos de la OCDE. El mercado no había ''discriminado'' a nadie. Solo había hecho lo que siempre hace cuando se lo deja solo, concentrar la riqueza en pocas manos y distribuir la miseria entre muchas.

El problema de fondo es que esa amoralidad proclamada no es neutral, nunca lo fue. Cuando el mercado dice que no juzga a quien compra y a quien vende, lo que en realidad hace es reproducir y amplificar las asimetrías de poder que existen antes de que comience cualquier intercambio. El hijo de un terrateniente y el hijo de un peón no llegan al mercado en condiciones iguales. El trabajador que vende su fuerza de trabajo y el empresario que la compra no negocian desde una posición de paridad. Si el mercado los trata a ambos sin moral, es decir, sin importarle la brecha de poder que los separa, el resultado no es la igualdad sino la legitimación permanente de la desigualdad, esconde el contenido de clase. Lo que Friedman llama ''virtud' o circulo ''virtuoso'', Marx lo analizó en El Capital, publicado por primera vez en 1867, bajo el concepto de fetichismo de la mercancía, la capacidad del capitalismo de presentar relaciones de dominación entre personas como si fueran relaciones naturales entre cosas, de convertir la explotación en precio, al explotado en costo y a la injusticia en ley de mercado. El mercado no tiene moral no porque sea neutro, sino porque su moral es la del más fuerte disfrazada de objetividad científica.

El recurso ideológico que Friedman perfeccionó es políticamente eficaz precisamente porque se apoya en algo que suena razonable, nadie debería ser discriminado por su color, su religión o su origen. Friedman tomó esa aspiración democrática legítima y la usó para vaciar al Estado de toda función redistributiva. Si el mercado no discrimina, ¿para qué necesitamos leyes laborales que protejan a los más débiles? ¿Para qué sindicatos que equilibren la correlación de fuerzas en la negociación salarial? ¿Para qué jubilaciones públicas, salud universal, educación gratuita? Todo eso, para Friedman y sus herederos, es una interferencia ilegítima en la libertad de contratar, es decir, en la libertad del más poderoso de imponer sus condiciones sin contrapeso institucional. En Argentina esa misma lógica produjo en 2001 el mayor colapso económico de la historia del país, con una caída del PBI del 10,9 por ciento en ese año y una pobreza que alcanzó al 57,5 por ciento de la población en el primer semestre de 2002, según el INDEC. Veinte años después, Milei vuelve a presentar las mismas ideas como si nunca hubieran sido probadas, como si el cementerio de economías destruidas por el ajuste fuera un argumento a favor y no en contra. Veinte años después gobierna con los mismos de siempre, con Federico Sturzenegger que gobernó con la Alianza en el 2001, hizo el megacanje y arruinó a la Argentina en 40 mil millones de dólares, y luego Caputo que gobierno pero lo llevó a la quiebra a Macri con otro robo de un bono de 20 mil millones a 100 años pero no que va a pagar ''Magoya'', sino, los trabajadores. ¿Por qué volvieron? Porque son empleados de Black Rock, el dueño de Argentina y de todos los medios de comunicación, por eso. Milei también es un títere en la rosada.

Y es aquí donde la historia personal de Manuel Adorni deja de ser un escándalo individual para convertirse en una demostración material de una clase y de lo que la doctrina de Friedman produce, pero, aveces no, cuando es aplicada para sus propios asuntos o asuntos que no son tan privados, cuando les conviene. Adorni pasó casi quince años trabajando en relación de dependencia en Mapemfi S.A., concesionaria oficial de Renault. Le pagaban parte del sueldo en negro. Tenía su fecha de ingreso adulterada en los registros para reducir artificialmente su antigüedad. Cuando la empresa intentó deshacerse de él con una carta documento por abandono de trabajo, Adorni usó cada herramienta que el derecho laboral argentino le ofrecía, telegrama de intimación, demanda judicial y solidaridad extendida contra Renault Argentina, Plan Rombo y Centro Automotores. En septiembre de 2017, con un acuerdo homologado por el Juzgado Nacional del Trabajo número 66 a cargo del juez Julio Armando Grisolía, cobró el equivalente a más de 60.000 dólares. Después de eso construyó una carrera mediática atacando esas mismas herramientas, llamando "industria del juicio" al derecho de un trabajador a reclamar lo que le deben, y hoy, como Jefe de Gabinete, impulsa una reforma laboral para que los trabajadores no puedan hacer juicio si están en negro, una política  diseñada para que el próximo ''Adorni'' en negro no pueda hacer lo que él hizo. También está la otra, de cómo se compró su primera casa con la plata del estado, con el fondo de la vivienda, y de que cuando llegó a ''trabajar'' para Milei, y terminó de pagar su crédito, como todo garca cerró con Milei, la Secretaría de Desarrollo Territorial, Hábitat y Vivienda mediante el Decreto 70/2025 que otorgaba los créditos para el acceso a la primera vivienda. La coherencia no es su fuerte. Tampoco la de quienes lo pusieron ahí.

Porque el mismo Adorni que cobró del Estado durante el macrismo como coordinador técnico administrativo del Ministerio de Cultura, que ingresó a su hermano Francisco al Ministerio de Defensa con un sueldo que escaló de 6 millones a más de 9 millones de pesos en pocas semanas, que designó familiares y a más de 100 personas bajo su órbita con un costo de sueldos mensuales estimados  en 3.600 millones de pesos, ese mismo Adorni llegó a marzo de 2026 con una bomba adicional en su declaración jurada. Se supo entonces que vive en otra vivienda, un departamento en el barrio de Caballito que no figura en el documento patrimonial correspondiente al período 2024, presentado a mediados de 2025. El propio Jefe de Gabinete lo confirmó frente a los periodistas sin poder dar una explicación convincente, aduciendo que la declaración jurada "no está vencida" y que "hay denuncias penales de por medio", mientras confrontaba con los cronistas y le decía a uno que "vos no sos juez, vos sos periodista". La declaración que sí hizo pública revela además que, para justificar la adquisición de sus propiedades, Adorni declaró deudas con su propia madre, Silvia Pais, y con una jubilada de 95 años llamada Norma Zuccolo, por montos que superaban los 20 y 23 millones de pesos respectivamente al momento de la presentación. El mismo día de esa conferencia, desde los tribunales de Comodoro Py declaraba el broker del vuelo privado que lo llevó a Punta del Este, mientras en las redes se viralizaba la imagen del reloj de lujo que llevaba en la muñeca. Y Milei, que recibe salario estatal, que viaja en aviones presidenciales pagados por los contribuyentes, que tiene una guardia de seguridad financiada con fondos públicos y que firmó en enero de 2026 el decreto 931/2025 que le duplicó el sueldo a Adorni llevándolo a 7 millones de pesos mientras los trabajadores del sector público seguían sin recomposición, ese mismo Milei es quien cita a Friedman para explicar que el Estado es el problema y el mercado la solución. Recuerden que este, antes de entrar al sector público y al gobierno, era un ''come gato'' en su función ''privada''

Lo que Marx señaló hace más de 150 años sigue siendo la herramienta más precisa para leer esta realidad sin perderse en los detalles del escándalo de turno. El capitalismo no necesita que sus beneficiarios crean en él, necesita que sus víctimas lo acepten como natural, como inevitable, como el único orden posible. La amoralidad del mercado que Friedman teorizó en 1970 no es una descripción objetiva del intercambio económico, es una operación política destinada a despojar a la clase trabajadora de los únicos instrumentos que históricamente le permitieron reducir la brecha de poder con quienes la explotan. Cuando un gobierno le suprime el derecho a la huelga a un trabajador en nombre de la libertad, cuando le elimina la indemnización por despido en nombre de la eficiencia, cuando le cierra la escuela pública en nombre del mérito, no está aplicando una teoría neutral. Está tomando partido, con toda la fuerza del Estado, por uno de los lados del conflicto de clases. Y eso, que Friedman llamó virtud y Milei llama libertad, tiene un nombre más antiguo, más preciso y más incómodo para quienes lo practican, dominación de clase. La única diferencia es que hoy, a diferencia de otras épocas, quienes la ejercen tienen la impudicia de confesar su programa por escrito, firmarlo con decreto y presentarlo en conferencia de prensa todos los días a las nueve de la mañana. Milei, Adorni y su banda son los representantes capitalistas en la rosada, son el costo marginal tóxico del capitalismo, con total impunidad, por eso, la clase obrera tiene que sacarlos a patadas.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Qué hacen en Fate?

La Crisis del Peronismo y el Resurgimiento de la Izquierda: Un Análisis de la Política Argentina Contemporánea

Alejandro Guerrero, Militante Incansable y Educador Revolucionario