Para qué la huelga general?
Por Raúl Valle
La huelga general no es solo “parar el país”, es poner en cuestión quién manda. Cuando la clase trabajadora detiene la producción, el transporte, la educación, la administración del Estado, está demostrando en los hechos que sin ella nada funciona. Ahí aparece su contenido político, no es solo un reclamo económico (salario, empleo, paritarias), es un desafío directo al poder de las patronales y del gobierno que las representa.
Por eso, la pregunta “¿para qué hacer paro?” solo se responde de verdad si la huelga general tiene un objetivo político claro. No se trata de una medida aislada para descargar bronca, sino de un plan de lucha que apunte a tirar abajo el programa de ajuste y las reformas antiobreras, y a abrir la posibilidad de que los trabajadores impongan su propia salida. Una huelga general con contenido político plantea, por ejemplo, la suspensión de todos los despidos y cierres, la reapertura de fábricas bajo control obrero, la ruptura con el FMI y la nacionalización del comercio exterior y de la banca para financiar salarios, empleo y servicios públicos.
En ese punto, la relación con una asamblea constituyente de nuevo tipo es directa. Una huelga general, organizada desde asambleas de base, plenarios de delegados y coordinadoras, puede convertirse en la palanca para imponer un proceso político donde la mayoría trabajadora discuta desde cero el rumbo del país. Una asamblea constituyente libre y soberana, surgida de esa fuerza de huelga, sería el ámbito para plantear la nacionalización de la industria estratégica, la planificación de la economía bajo control de quienes producen, el fin de los privilegios de la casta empresarial y política, y un nuevo régimen al servicio de las mayorías.
Así, la huelga general deja de ser una “herramienta gremial” y se convierte en un acto de poder, un ensayo general de doble poder, donde la clase trabajadora no solo reclama sino que comienza a ejercer, de hecho, la dirección de la sociedad. La clave es que el contenido político de la huelga no se lo pongan la CGT y los partidos del régimen, sino las asambleas, los congresos de trabajadores y un programa propio de la clase, que responda a la pregunta del “para qué” con una salida de conjunto: que gobiernen los que nunca gobernaron, quienes hacen funcionar todos los días este país. No hay que pedirle permiso a Milei o responder sus ataques infantiles en el parlamento. Hay que proponer cosas serias.

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