El Islam en "En clave política" y entender el porqué Trump es el terrorista
Por Raúl Valle
Para entender por qué Trump acaba de bombardear Irán durante el Ramadán hay que retroceder unos cuantos siglos, hasta el desierto de Arabia, y hacerse una pregunta que parece simple pero que encierra la clave de todo: ¿de dónde sale el Islam, por qué aparece ahí y no en otro lado, y qué tiene que ver con el cristianismo, con el judaísmo y con las guerras entre imperios que se estaban matando justo en ese momento?
Empecemos por el principio. Antes del siglo VII, la península arábiga era un territorio enorme, mayormente desértico, habitado por tribus nómades y seminómades que vivían del pastoreo, del comercio de caravanas y del saqueo entre clanes. No había un Estado unificado. No había un rey. Cada tribu tenía su jefe, sus alianzas, sus enemigos y sus dioses. Porque sí, antes del Islam la mayoría de los árabes eran politeístas, adoraban a múltiples divinidades vinculadas a la naturaleza, a las estrellas, a piedras sagradas, y el centro de todo eso era La Meca, donde estaba la Kaaba, un santuario que albergaba cientos de ídolos tribales y que funcionaba también como una especie de feria comercial permanente, un punto de encuentro donde las tribus dejaban las armas y hacían negocios. Pero no todos eran politeístas. En Arabia había comunidades judías, sobre todo en Medina (Yathrib) y en el sur, en Yemen, que llevaban siglos ahí, con sus sinagogas, sus rabinos, sus textos sagrados y sus redes comerciales. También había cristianos, sobre todo en el norte, en la frontera con el Imperio bizantino, y en Etiopía, al otro lado del Mar Rojo. Y había zoroastrianos, la religión del vecino Imperio persa sasánida. Es decir, el monoteísmo ya circulaba por Arabia como idea, como influencia cultural, como presencia concreta de comunidades organizadas que hablaban de un solo Dios, de profetas, de juicio final, de moral y justicia.
Ahora bien, ¿por qué en ese momento y en ese lugar surge una nueva religión monoteísta en vez de que los árabes simplemente se hagan cristianos o judíos? Acá es donde hay que mirar las condiciones materiales, no solo las ideas. La Meca, en el siglo VI, estaba viviendo un boom comercial tremendo. La tribu que la controlaba, los quraysh, se había enriquecido organizando el tráfico de caravanas entre el sur de Arabia (especias, incienso, seda que venía de Asia) y el norte (el Mediterráneo, Siria, Egipto). Ese comercio generó una élite mercantil poderosa, pero también una desigualdad creciente, deudas, usura, esclavitud, huérfanos y viudas sin protección, clanes empobrecidos que veían cómo los ricos de los quraysh acumulaban riqueza mientras las viejas normas de solidaridad tribal se rompían. Las reglas antiguas, basadas en el honor del clan y la redistribución entre parientes, ya no funcionaban para una sociedad que se estaba volviendo mercantil y desigual. Hacía falta una ideología nueva que le diera forma a ese mundo nuevo.
¿Y por qué no el cristianismo? Porque el cristianismo, en esa época, era la religión oficial del Imperio bizantino, es decir, de una potencia extranjera que controlaba Siria, Palestina y Egipto, y que miraba a los árabes como bárbaros de segunda. Hacerse cristiano era, en cierto modo, subordinarse culturalmente a Constantinopla, aceptar la autoridad del emperador bizantino y de sus obispos. El judaísmo, por su parte, era una religión étnica cerrada, no buscaba convertir a nadie, y las comunidades judías de Arabia, aunque influyentes, eran minorías que no ofrecían un proyecto político para unificar a las tribus árabes. Lo que necesitaban los árabes era algo propio, un monoteísmo que hablara en árabe, que se dirigiera a ellos, que resolviera sus problemas concretos de desigualdad y fragmentación tribal, y que les diera una identidad colectiva capaz de competir con los dos gigantes que los rodeaban.
Y esos dos gigantes estaban, justamente, destruyéndose mutuamente. Entre el año 602 y el 628, el Imperio bizantino (cristiano, con capital en Constantinopla) y el Imperio sasánida (zoroastriano, con capital en Ctesifonte, en lo que hoy es Irak) libraron la guerra más devastadora de su historia Fue un conflicto total, los persas sasánidas conquistaron Siria, Palestina, Egipto, saquearon Jerusalén y se llevaron la Santa Cruz como botín; los bizantinos contraatacaron, invadieron el corazón de Persia y forzaron un golpe de Estado que derrocó al emperador Cosroes II. Al final, tras 26 años de guerra, los dos imperios quedaron agotados, arruinados, sin ejércitos, sin tesoros, sin capacidad de controlar sus fronteras. Es como si dos boxeadores de peso pesado se hubieran noqueado mutuamente, y al lado del ring estuviera parado un "sector social'' que nadie había mirado, pero que tenía hambre y estaba organizado.
Ese "sector social'' era la comunidad musulmana que Mahoma estaba construyendo. Alrededor del año 610, Muhammad ibn Abdullah, un comerciante huérfano de La Meca que conocía bien las rutas de caravanas y que había tenido contacto con judíos y cristianos en sus viajes, empieza a predicar un mensaje que combina monoteísmo estricto (un solo Dios, sin ídolos, sin intermediarios), justicia social (limosna obligatoria, prohibición de la usura, protección de huérfanos y pobres) y unidad comunitaria por encima de las divisiones tribales. La élite de La Meca lo persigue porque su mensaje amenaza el negocio de los ídolos de la Kaaba y el orden social que los beneficia. En 622, Mahoma emigra a Medina (la Hégira), donde encuentra aliados y construye el primer Estado islámico, una comunidad política y religiosa que integra a árabes de distintas tribus e incluso, al principio, a judíos, bajo un pacto común conocido como la Constitución de Medina. Desde ahí conquista La Meca, unifica Arabia, y cuando muere en 632, deja atrás una fuerza política y militar que en pocas décadas va a arrasar con los dos imperios agotados por su guerra mutua.
La influencia judía en todo este proceso es real pero sutil. No es que Mahoma "copie" el judaísmo, sino que crece en un ambiente donde las ideas judías y cristianas ya circulan, la noción de un Dios único, la tradición de los profetas (Abraham, Moisés, Jesús aparecen en el Corán), la idea de un libro sagrado revelado, las normas alimentarias, el ayuno, la caridad[. En Medina, la convivencia inicial con las tribus judías es clave, hay intercambio, debate teológico, y también conflicto cuando esas tribus se niegan a reconocer a Mahoma como profeta y son acusadas de traición política. El Islam se presenta a sí mismo no como una religión nueva sino como la versión "corregida" y definitiva de lo que Dios ya había revelado a judíos y cristianos, que según el relato islámico habían distorsionado el mensaje original.
Bueno, después de esta breve introducción, ahora viene la parte que explica mucho de lo que pasa hoy, cuando Mahoma muere en 632, deja una comunidad poderosa pero sin un mecanismo claro de sucesión, y ahí se abre la grieta que va a partir al Islam en dos hasta el día de hoy. Un grupo, que luego será la mayoría, sostiene que el líder de la comunidad debe elegirse entre los compañeros más capaces del Profeta, eligen a Abu Bakr, luego a Omar, luego a Otmán. Estos son los sunnitas, los que siguen la "sunna" (tradición) del Profeta. Otro grupo, minoritario pero intenso, sostiene que el liderazgo debe quedar en la familia de Mahoma, específicamente en Ali, su primo y yerno, casado con Fátima, la hija del Profeta. Estos son los chiitas, la "shiat Ali", el "partido de Ali". Ali finalmente llega al poder como cuarto califa en 656, pero su gobierno es una guerra civil permanente, lo desafía Muawiya, gobernador de Siria, y en 661 Ali es asesinado. Muawiya funda la dinastía Omeya, con capital en Damasco, y el poder queda en manos sunnitas. En 680, el hijo de Ali, Huséin, intenta reclamar el liderazgo, marcha con un pequeño grupo de seguidores, es traicionado por quienes le habían prometido apoyo, y es masacrado en Karbalá junto con toda su familia. Esa masacre, como ya hablamos, se convierte en el núcleo fundante de la identidad chiita, el pueblo del mártir, el que resiste al poder ilegítimo aunque lo maten.
A partir de ahí, las dos ramas del Islam se distribuyen geográfica y políticamente de forma desigual. Los sunnitas, siendo mayoría (alrededor del 85 por ciento de los musulmanes del mundo), dominan la mayor parte del mapa, Arabia Saudita, Egipto, Turquía, Indonesia, Pakistán, el norte de África, gran parte del Golfo. Los chiitas se concentran en Irán (donde son el 90 por ciento de la población desde que la dinastía Safávida impuso el chiismo como religión de Estado en el siglo XVI), en el sur de Irak, en Líbano (donde Hezbollah es su expresión política y militar), en Bahréin y en comunidades importantes de Yemen, Afganistán y Azerbaiyán. Esta distribución no es casual, refleja siglos de luchas por el poder, de ''imperios'' que usaron una u otra rama como herramienta de dominación, y de fronteras trazadas muchas veces por potencias coloniales que ni entendían ni les importaba lo que estaban cortando.
Y acá llegamos al capítulo más siniestro, el de los reinos artificiales creados por el imperialismo británico. Cuando el Imperio otomano (sunnita, con capital en Estambul, que había gobernado la mayor parte del mundo árabe durante cuatro siglos) entra en la Primera Guerra Mundial del lado de Alemania, los británicos ven la oportunidad de quedarse con todo. Hacen dos promesas contradictorias al mismo tiempo, le prometen al Sharif Huséin de La Meca, líder de la familia hachemita (descendiente del Profeta), que si se rebela contra los otomanos le van a dar un gran reino árabe independiente; y en secreto firman con Francia el Acuerdo Sykes-Picot de 1916, que divide el Medio Oriente en zonas de influencia británica y francesa como quien reparte una torta, sin preguntarle a nadie que vive ahí. Siria y Líbano para Francia; Irak, Jordania y Palestina para Inglaterra. Las fronteras se trazan con regla sobre el mapa, cortando tribus, etnias, comunidades religiosas. Y encima, en 1917, con la Declaración Balfour, los británicos prometen también un "hogar nacional judío" en Palestina.
¿Y qué pasa con los árabes que pelearon la rebelión contra los otomanos creyendo que iban a ser libres? Los británicos los traicionan, igual que en Karbalá. Al Sharif Huséin le dan un premio consuelo, sus hijos Faisal y Abdullah son puestos como reyes títeres de Irak y Jordania, monarquías inventadas por Londres para administrar sus mandatos coloniales. Pero cuando Huséin se niega a aceptar el sionismo en Palestina y el reparto Sykes-Picot, los británicos sueltan a su otro perro, Ibn Saud, el líder de la casa Saud, aliado con el movimiento wahabí, una corriente ultraconservadora del sunnismo que consideraba herejes a todos los demás musulmanes. Ibn Saud conquista La Meca y Medina entre 1924 y 1925, echa a los hachemitas, y funda en 1932 el Reino de Arabia Saudita, un Estado teocrático construido sobre la alianza entre el fanatismo religioso wahabí y el dinero británico, y poco después estadounidense, cuando en 1938 se descubre petróleo en cantidades monstruosas. Arabia Saudita no es un país que "surgió naturalmente", es una creación imperial, un invento de laboratorio diseñado para que Occidente controle el petróleo y tenga un gendarme regional obediente.
Desde entonces, el wahabismo saudí, financiado con petrodólares, se expande por todo el mundo musulmán, construye mezquitas, financia escuelas coránicas, entrena predicadores ultraconservadores, y combate cualquier versión del Islam que cuestione el orden establecido, ya sea el chiismo iraní, el nacionalismo árabe secular de Nasser o Saddam, o el socialismo islámico. Es de esa cantera ideológica, regada con dinero saudí y armamento occidental, de donde salen los muyahidines afganos que Estados Unidos entrena contra la Unión Soviética en los años 80, y es de esa misma cantera de donde surge, décadas después, Al Qaeda y finalmente el ISIS.
Y acá viene lo que muchos señalan y pocos explican, el ISIS, esa organización que se presentó como el terror absoluto, que decapitaba, quemaba, esclavizaba, que se autoproclamó "califato" en 2014 sobre territorios de Irak y Siria, nunca atacó seriamente a Israel. No es un misterio ni una conspiración paranoica, es estrategia pura. El propio ISIS lo explicó en su periódico oficial, consideraba que la lucha contra los "apóstatas" musulmanes (chiitas, gobiernos árabes seculares, cualquiera que no aceptara su versión del Islam) era prioritaria sobre la lucha contra Israel. Su lógica era, primero limpiamos la casa, después vamos por Jerusalén. Mientras tanto, Israel adoptó una posición de no intervención contra el ISIS, porque el grupo cumplía una función útil, debilitaba a Siria, debilitaba a Irak, debilitaba a Irán y sus aliados, es decir, hacía gratis el trabajo sucio que Israel necesitaba. Los analistas israelíes lo decían abiertamente, "Los elementos sunnitas que controlan la frontera del Golán no nos atacan; eso da base para pensar que entienden quién es su verdadero enemigo, y tal vez no somos nosotros".
Toda esta historia, desde la Kaaba politeísta hasta el ISIS que no toca a Israel, pasando por los reyes artificiales de Arabia y las fronteras dibujadas con regla por diplomáticos británicos y franceses, es la historia de cómo el imperialismo occidental aprendió a usar las divisiones religiosas del mundo musulmán como herramienta de dominación. Divide y reinarás, enfrenta a sunnitas contra chiitas, arma a los wahabíes contra los nacionalistas, financia a los fanáticos contra los seculares, y cuando el monstruo que creaste se te escapa de las manos, bombardealo y creá otro.
Esto es lo que está pasando ahora mismo en Irán: Trump bombardea al líder chiita durante el Ramadán, mata niñas en una escuela, y llama a eso "libertad", mientras Arabia Saudita, el reino inventado por Inglaterra y sostenido por el petróleo y el wahabismo, mira en silencio desde el otro lado del Golfo. La historia del Islam no es solo una historia de fe, es una historia de poder, de imperios, de traiciones y de pueblos que una y otra vez intentan organizarse para sobrevivir, y una y otra vez son aplastados por el imperialismo en decadencia quien tienen más armas y menos escrúpulos, por ahora.

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