Cuando el horror ya no es ficción: Dolores Fonzi y las noticias que trae el cine”



Raúl Valle


Dolores Fonzi convirtió su discurso en los Premios Goya en una pieza política que desbordó los límites de la ceremonia de cine y se instaló en el centro del debate sobre la ultraderecha, el extractivismo y los derechos humanos. Al recibir el galardón a mejor película iberoamericana por “Belén”, abrió su intervención describiendo el presente global como una especie de película de terror, mencionando la masacre en Gaza, la situación de las mujeres en Irán y la persecución de migrantes en Estados Unidos, para dejar claro que lo que estaba por decir no se limitaba a la coyuntura argentina o española sino a un clima de época más amplio. 

Luego miró a la platea y lanzó una advertencia dirigida al público y a la sociedad española: “Ustedes que todavía están a tiempo, no caigan en la trampa, la ultraderecha vino a destruirlo todo”, frase que condensó en pocos segundos un diagnóstico sobre el avance reaccionario en distintos países y los efectos concretos que ese giro ya está teniendo en la Argentina. De ahí pasó a la línea que ya quedó como la cita más replicada del discurso, “Vengo del futuro, de un país donde el presidente incluso puso en venta el agua”, referencia directa a las políticas del gobierno de Javier Milei y, en particular, al intento de flexibilizar la ley de glaciares para favorecer inversiones extractivas, con impacto potencial sobre reservas clave de agua dulce. Fonzi remató esa idea con otro giro que llevó la discusión al terreno ambiental y cultural a la vez: “No solo defendemos el cine, estamos teniendo que defender el agua. Que no les pase a ustedes”, conectando la defensa de la producción audiovisual con la defensa de bienes comunes y derechos básicos. 

Cerró la intervención dedicando el premio a la Belén real, la joven tucumana que pasó por prisión tras una emergencia obstétrica en tiempos en que el aborto todavía era ilegal, y recordando que el film que la lleva a los Goya nace de una injusticia concreta sufrida por una mujer pobre en el sistema de salud y justicia argentinos.

Ese discurso no aparece como un rayo aislado sino como un capítulo más dentro de una trayectoria en la que Fonzi fue atando cada vez más su trabajo artístico a causas sociales y políticas. Mucho antes de ponerse detrás de cámara, eligió personajes y proyectos atravesados por conflictos de poder, violencia y desigualdad, en “Paulina” encarnó a una joven que decide volver a dar clases en una zona hostil después de haber sido violada, en una película que pone en tensión la idea de justicia punitiva y la autonomía de las mujeres; en “El futuro que viene” se metió en una historia de amistad, maternidades y mandatos de género leída desde una sensibilidad feminista; en “La cordillera” fue parte de un relato sobre negociaciones presidenciales, corrupción y secretos de Estado; en “Distancia de rescate” se sumó a un relato que cruza maternidad, contaminación y extractivismo rural. También en televisión dejó huella en ficciones como “Mujeres asesinas” o “En terapia”, donde aparecía ligada a tramas sobre violencia de género, salud mental y vínculos dañinos. 

En paralelo, fuera de la pantalla, se convirtió en una de las voces visibles del colectivo Actrices Argentinas y del movimiento por el aborto legal, con presencia en pañuelazos, acciones públicas y exposiciones durante el debate parlamentario de 2018, articulando su imagen de actriz popular con una militancia abierta en favor de los derechos sexuales y reproductivos.

Su carrera permite leer esa coherencia, nacida en Adrogué, se hizo conocida muy joven en tiras como “Verano del ‘98” y otras producciones de la televisión abierta de fines de los noventa, pero con el tiempo fue desplazando el centro de gravedad hacia el cine de autor argentino y latinoamericano, construyendo una filmografía que incluye títulos como “El aura”, “Truman”, “Paulina”, “La cordillera”, “Distancia de rescate” o “Blondi”. Ese recorrido la fue consolidando no solo como una intérprete versátil, capaz de moverse entre el drama íntimo, el thriller político y la comedia generacional, sino como alguien dispuesta a asociar su nombre a proyectos con lectura social fuerte. El paso a la dirección terminó de sellar ese perfil, primero con “Blondi”, una historia madre-hijo que explora formas alternativas de familia y vínculos afectivos, y luego con “Belén”, donde toma el caso real de una mujer pobre criminalizada tras una emergencia obstétrica y lo convierte en una película-alegato sobre clase, patriarcado, sistema penal y derecho al aborto. En ese marco, el discurso encendido en los Goya no funciona como un desborde oportunista sino como la continuidad lógica de una artista que hace años decidió que su lugar en el cine iba a estar pegado a las luchas feministas, ambientales y de derechos humanos, y que ahora aprovecha la visibilidad internacional para advertir, desde “el futuro” argentino, sobre los costos concretos que tiene dejar avanzar a la ultraderecha sobre la cultura, los cuerpos y el agua.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La Crisis del Peronismo y el Resurgimiento de la Izquierda: Un Análisis de la Política Argentina Contemporánea

Alejandro Guerrero, Militante Incansable y Educador Revolucionario

El peronismo vuelve apoyar a Milei, y otra vez se hacen los giles y gilas