Rock, Cumbia y Ópera por los trabajadores de Fate
Por Raúl Valle
Las bandas musicales protagonizaron una escena de enorme solidaridad a la entrada de la fábrica Fate, donde el arte y el ruido de los amplificadores se mezclaron con la ira de los trabajadores y la organización para afrontar el cierre de la planta y los casi mil despidos. Ante la imagen de la fábrica encadenada y vacía, músicos de diferentes géneros, murgas, vecinos y trabajadores transformaron la entrada de Fate en un festival que fue mucho más que un recital: una asamblea abierta, un acto político y un abrazo colectivo a las familias que hoy luchan por preservar su fuente de trabajo.
Las Manos de Filippi llevaron al escenario su trayectoria de rock combativo y punk mestizo, una mezcla de cumbia, ska, punk y rock con letras claramente anticapitalistas, anti-FMI y antiburocráticas, clásicos de cualquier conflicto laboral. Su estilo es crudo y festivo a la vez, con ritmos bailables sobre letras de denuncia. Si bien no se publicó una lista de canciones, es coherente imaginar que apelaron a sus históricas canciones de protesta que el público canta de memoria, reforzando la idea de que lo que está en juego no es solo una fábrica, sino el derecho a organizarse contra los despidos.
Mala Fama, con Hernán al frente, incorporó la cumbia villera, un género nacido en los barrios obreros, con letras que hablan de la pobreza, el barrio, la calle, el trabajo precario y también del orgullo del pueblo. En medio de carpas, banderas del Sutna y carteles contra el cierre, la cumbia villera marcó que la lucha del Destino no es un conflicto "extranjero", sino parte de la vida cotidiana de los mismos sectores populares que llenan las discotecas, los bondis y los barrios de las afueras.
También aportaron, Sin Repuesto que mueve un rock directo y de barrio, con guitarras distorsionadas, bases potentes y estribillos coreables, una mezcla de rock alternativo y rock urbano que funciona muy bien en vivo; sus canciones tienen una impronta de circo deformado, crítica social y humor ácido, que encaja con el clima de no resignarse frente a los despidos. Terrores Nocturnos cruza el indie con el punk y el post punk, guitarras ruidosas, melodías melancólicas y letras que hablan de ansiedad, vínculos y vida urbana, una “ternura ruidosa” que abriga a los trabajadores con canciones intensas pero cálidas; su sonido dialoga con la tradición del punk rock argentino, pero con arreglos más modernos y sensibilidad indie. Peperina Wav aparece dentro de la escena de garaje punk/indie, con una estética casera, de sala de ensayo y garage, guitarras filosas, baterías urgentes y una mirada de barrio y feminista, el tipo de banda que suena a grupo de amigxs que arma temas para decir lo que no se aguanta más en silencio. Sentido Punk Rock, se inscribe en el punk clásico, temas veloces, estructuras simples, coros para gritar en masa y letras de bronca contra la injusticia social, la represión y la precarización, ideal para un festival donde se denuncia que cientos de familias quedan en la calle por una decisión patronal.
Junto a ellos se subieron Alan Sutton, Santi Adano y cantantes del Teatro Colón, que aportaron desde el indie/pop–rock y la lírica académica una nota más melódica y emotiva, en un cruce que mostró que la causa de Fate atraviesa fronteras de clase y de formación musical.
El clima de la jornada fue intenso y contradictorio, de un lado, la alegría de ver un escenario montado, chicos corriendo, murgas, puestos de comida, mesas para el fondo de lucha, abrazos entre compañeros y compañeras de distintos gremios; del otro, la fábrica cerrada con candados y cadenas, convertida en símbolo de un lockout patronal que desconoce incluso las órdenes oficiales de retrotraer los despidos.
Se respiraba bronca y, al mismo tiempo, una energía muy organizativa, las familias de Fate se quedaron en la vigilia, se hicieron colectas para sostener a quienes se quedaron sin ingreso, y desde el escenario se insistió en que el conflicto es “testigo” frente a la ofensiva del gobierno y de los empresarios, que quieren usar este cierre como ejemplo para imponer despidos masivos y reforma laboral.
La actitud de la patronal, representada por el grupo empresarial propietario de la planta, fue de total intransigencia, manteniendo la producción paralizada, dejando a casi mil personas en la calle, incluso con casos de trabajadores con licencias médicas o en situaciones delicadas, mientras el grupo seguía operando en otras áreas. Los trabajadores, por su parte, mantuvieron una actitud firme pero abierta: permanecieron en la fábrica, realizaron reuniones, organizaron el festival y actividades para visibilizar la lucha, se coordinaron con otros sectores de la industria neumática y con sindicatos combativos, demostrando que no están dispuestos a aceptar el cierre como un hecho consumado.
Lo que viene ahora exige aún más preparación, la vigilia continuará, se planean nuevas actividades culturales y políticas y crece la necesidad de coordinarse con otros conflictos para que Fate no quede aislado.
En ese escenario, cada banda que se ofrece a tocar, cada fecha solidaria que se organiza y cada peso que ingresa al fondo de lucha se convierte en una herramienta concreta para apoyar a las familias trabajadoras y, al mismo tiempo, enviar un mensaje al resto de la clase trabajadora, que si el destino se defiende con fuerza, unidad y organización, puede convertirse en un precedente para frenar otros cierres y despidos que ya se preparan en distintas fábricas y empresas del país.

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