¿Que pasa en el Garrahan?
Por Raúl Valle
El gobierno de Javier Milei, fiel a su agenda neoliberal de ajuste salvaje contra los trabajadores y el Estado público, ha lanzado un ataque frontal contra la junta interna de ATE en el Hospital Garrahan, ese bastión de la resistencia obrera que encabezó una de las luchas más emblemáticas contra Milei. No piden aplausos.
El ataque estatal de Milei, comenzó en la justicia en febrero de 2026, pidiendo el desafuero de 10 gremialistas clave de la junta para despedirlos por la toma de oficinas en octubre de 2025, sumando sanciones a otros 29 empleados, todo bajo el pretexto de "graves faltas disciplinarias" como bloqueos y ocupaciones que, en realidad, fueron parte de un plan de lucha legítimo por salarios y condiciones dignas. Todo votado por la asamblea de trabajadores.
Este hostigamiento viene precedido de despidos masivos –al menos 70 en oleadas–, controles biométricos para cazar "ñoquis" inventados por el kirchnerismo según Milei, descuentos por paros, y un desfinanciamiento brutal del presupuesto prorrogado desde 2023 pese a la inflación galopante, que provocó renuncias masivas y el colapso de servicios.
En verdad, la junta interna, con su dirección clasista e independiente, lideró una pelea que humilló al gobierno al romper el techo salarial y exponer su plan de vaciar la salud pública para privatizarla o convertirla en empresa eficiente al servicio del capital; Milei no tolera que un sindicato recuperado hace 25 años siga desafiando su "reforma laboral esclavista" y organizando a médicos, enfermeros, administrativos y residentes en asambleas soberanas.
Las luchas del Garrahan comenzaron en abril-mayo de 2025 con paros indefinidos de residentes por salarios de pobreza –enfermeras ganando un millón de pesos mensuales–, escalando a huelgas masivas de 48 horas y más, movilizaciones al Congreso y Plaza de Mayo con decenas de miles, con festivales, abrazos al hospital y un frente único impulsado por la junta interna de ATE junto a APyT y autoconvocados, rechazando conciliaciones obligatorias que el Estado usó para dividirlos pero que sortearon con asambleas colmadas donde votaban todo democráticamente. Además una simpatía en los medios de comunicación y la población.
Ese combate sostenido por seis meses, con fondos de huelga para resistir descuentos y apoyo popular de madres y familias que desbarataron el relato oficial de "huelguistas que abandonan niños", forzó concesiones parciales como sumas fijas de 450 mil y 350 mil pesos en septiembre, y el triunfo histórico de noviembre: un aumento del 61% en el básico para todo el personal –planta, contratos, becas–, elevando ingresos a 1,8 millones para una enfermera con cinco años, una derrota rotunda para Milei que ATE celebró como "la mayor al ajuste en salud pública".
Ese saldo positivo, arrancado sin burocracia sindical peronista y traidora de CGT y CTA que ni paró en apoyo, demuestra que la clase obrera organizada en asambleas y frentes únicos puede doblegar al ajuste; hoy, pese a los despidos y desafueros, la junta resiste preparando amparos y planes de acción, recordándonos que la pelea por la salud pública y contra la reforma laboral sigue abierta y más vigente que nunca. Hay que solidarizarse y apoyar a los luchadores.

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