Portugal : Derrota de la Reforma Laboral de Milei
Por Raúl Valle
Triunfó la izquierda moderada contra la reforma laboral de la derecha en Portugal. António José Seguro derrotó a la ultraderecha en las presidenciales de 2026. El socialista António José Seguro arrasó en la segunda vuelta presidencial del 8 de febrero de 2026 con más del 66 por ciento de los votos frente al 33 por ciento del ultraderechista André Ventura, un periodista deportivo de tercer nivel, que es el líder de Chega, el que está ligado a células nazis y es admirador de Javier Milei. Así, regresó la izquierda amarilla al Palacio de Belém por primera vez en veinte años. Antonio Seguro, docente universitario, con una trayectoria sólida como diputado desde 1991, fue secretario de Estado en los gobiernos de António Guterres, líder parlamentario del Partido Socialista y su secretario general entre 2011 y 2014, encarnó una socialdemocracia pragmática que priorizó la captación al estado del movimiento obrero para la estabilidad constitucional, propagó campañas a la crisis de vivienda y la sanidad, y un europeísmo transversal que capturó el voto útil de moderados de centroderecha hartos de la polarización.
Este éxito, principalmente, se gestó por enarbolar la lucha contra la reforma laboral, pero viene de un contexto turbulento que comenzó con escándalos de corrupción que derribaron al gobierno del PS liderado por António Costa en noviembre de 2023. Aquel colapso abrió las puertas a la Alianza Democrática de Luís Montenegro, que ganó por estrecho margen las legislativas de marzo de 2024 con promesas de rebajas fiscales ambiciosas, como la del IRPF para jóvenes hasta treinta años y un impuesto de sociedades reducido al veinte por ciento, además de aumentos progresivos del salario mínimo y superávits presupuestarios que resistieron las presiones económicas globales derivadas de la pospandemia y la guerra en Ucrania.
El gobierno de derecha logró estabilidad macroeconómica, pero su apuesta por la reforma laboral "Trabalho XXI" en 2025 marcó un punto de inflexión negativo. Esa reforma flexibilizaba contratos temporales, facilitaba despidos y precarizaba derechos laborales históricos conquistados tras décadas de lucha obrera, lo que desató una ola de indignación popular. Sindicatos como la CGTP y la UGT convocaron la primera huelga general en doce años el 11 de diciembre de 2025, paralizando el país entero con manifestaciones masivas en Lisboa y Oporto que reunieron a cientos de miles de trabajadores, estudiantes y jubilados.
La movilización expuso el rechazo visceral a un paquete de más de cien medidas antisociales que ignoraban la concertación social y agravaban la emigración juvenil y las desigualdades salariales. António José Seguro capitalizó este descontento durante su campaña de diciembre de 2025 que desafió públicamente al gobierno a retirar la propuesta laboral por vulnerar principios democráticos y fallar en el diálogo con empresarios y trabajadores, posicionándose como el baluarte contra el extremismo de Chega, que había irrumpido como tercera fuerza en las legislativas con un discurso nativista, antiinmigración y antisistema inspirado en figuras como Javier Milei.
Chega, fundado por Ventura en 2019 tras su salida del conservador PSD, creció de un escaño a más de cincuenta en pocos años gracias a lemas como "Limpiar Portugal" de pobres, contra la corrupción y los subsidios a minorías como las políticas de genero y a los desocupados, pero su retórica radical chocó contra la memoria antifascista portuguesa. La guerra en Ucrania reforzó el europeísmo del PS con un apoyo del ochenta por ciento a la UE, aunque no fue decisiva, y las catástrofes meteorológicas y la crisis sanitaria amplificaron la demanda de estabilidad sobre el populismo de derecha.
Esta dinámica contrasta radicalmente con España, donde la burguesía y la Corona aceptaron al dictador genocida Francisco Franco y luego, durante la Transición incluido el Partido Comunista Español de 1975-1978, construyeron una transición pacífica y no hubo juicios a los genocidas, tampoco una dimisión de la monarquía cómplice para pactar una democracia sin ruptura profunda, permitiendo que el franquismo se reciclara en el bipartidismo del PSOE-PP. Que al evolucionar mostró su verdadera cara en Vox y la continuidad de la monarquía más corrupta del mundo y que una parte huyó a Arabia.
Portugal evitó ese destino gracias a la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974, ante la acentuación de la lucha de clases, y a la falta de un partido de trabajadores, una mediación para su remplazo apareció, fue un levantamiento militar y popular pacífico que derrocó cuarenta y ocho años de dictadura salazarista con un símbolo inolvidable, jóvenes mujeres colocaron claveles rojos en los cañones de los tanques y fusiles de los soldados, transformando un golpe de Estado en una fiesta democrática sin una sola víctima mortal directa.
El Movimiento de las Fuerzas Armadas, integrado por capitanes y mayores jóvenes radicalizados por la interminable Guerra Colonial en África, canalizó demandas progresistas de izquierda como el fin del autoritarismo, la descolonización inmediata de Angola, Mozambique y Guinea-Bissau, la supresión de la policía política PIDE y la apertura a reformas socialistas profundas.
Figuras emblemáticas como el capitán Fernando Salgueiro Maia, que convenció a la guarnición de Lisboa de sumarse sin disparar un tiro, y el mayor Otelo Saraiva de Carvalho, coordinador militar, lideraron el Proceso Revolucionario En Curso que expropió bancos, nacionalizó industrias y redistribuyó tierras en los meses siguientes, aunque divisiones internas entre moderados del PS y radicales del PCP culminaron en la contrarrevolución de noviembre de 1975.
Esa revolución instauró la Constitución de 1976, cargada de derechos laborales inquebrantables y una aversión cultural profunda a la extrema derecha que permea aún la sociedad portuguesa, explicando por qué Chega fue contenida pese a su auge y por qué Seguro resurgió triunfante con el argumento de oponerse a la reforma laboral en 2026. Esa memoria viva marca la diferencia entre resistir retrocesos neoliberales con movilizaciones obreras o hundirse en la podredumbre corrupta de transiciones pactadas.
La lucha del movimiento obrero portugués se expreso en boicotear el encuentro de Trabalho XXI que se reunió en diciembre de 2025 con más de cien medidas que flexibilizaban contratos temporales facilitaban despidos y precarizaban derechos históricos. Allí, Antonio Seguro vio su oportunidad y desafió al gobierno a retirar esa reforma por faltar concertación social y no abordar desigualdades salariales de género y emigración juvenil.
El 11 de diciembre de 2025 la CGTP y la UGT convocaron la primera huelga general en doce años que paralizó el país con millones en las calles de Lisboa y Oporto. En enero de 2026 Ventura endureció su campaña presidencial citando frases de Javier Milei como ''no vine a guiar corderos vine a despertar leones'' y copiando sus posts antisistema. La primera vuelta presidencial del 25 de enero dejó a Ventura en el balotaje. El 8 de febrero de 2026 Seguro arrasó con el 66,8 por ciento contra el 33,2 por ciento de Ventura y capturó el Palacio de Belém por primera vez para la izquierda en veinte años. Esa socialdemocracia pragmática de Seguro prioriza estabilidad constitucional, europeísmo y soluciones tibias a la vivienda y sanidad y frena procesos revolucionarios de la base obrera.
El PS de Seguro no puede ocultar que arrastra la corrupción desde Sócrates detenido en 2014 hasta Costa en 2023 con contratos irregulares que invocaban su autoridad. Antonio Seguro ganó prestigio cuando se abstuvo en presupuestos de austeridad Troika en 2011 para preservar estabilidad y ahora su oposición a la reforma laboral fue táctica no radical.
En verdad, Antonio Seguro se montó en la huelga general y el rechazo a la reforma laboral para ganar la elección presidencial pero su PS es corrupto, y los trabajadores ya hicieron una experiencia, y no deben confiar porque es él mismo que aplicará una reforma laboral simulada como hicieron en Argentina los peronistas en los sindicatos que pusieron a la juventud con el monotributo y con Cristina Fernández de Kirchner, que defendió al apoyar con matices la reforma laboral de Milei ante ''la modernización laboral y las nuevas necesidades del mercado''.
Aquí, en Argentina el peronismo no hace la huelga general contra la reforma laboral de Milei como en Portugal, no lucha, solo un acto impotente para juntarse a desmoralizar a las y los trabajadores, es una buena enseñanza para que muchos trabajadores rompan con sus direcciones peronistas y hagan como los trabajadores de Portugal, superen a sus direcciones traidoras.
Igual este aval simulado con discurso de impotencia del peronismo procede a un derrumbe mayor en las próximos tiempos sociales y politicos, y deja y dejará el campo libre para el avance de una izquierda revolucionaria genuina que recupere junto a los trabajadores portugueses el espíritu de los Claveles contra la precarización neoliberal.
Más claro:
La ausencia de huelga general en Argentina como la portuguesa contra la reforma laboral condena al peronismo cobarde a una derrota política masiva con pérdida de sindicatos y elecciones futuras porque está presente en el capital simbólico y la memoria de los trabajadores argentinos que fueron los únicos que derrocaron la dictadura militar en 1983 con un programa claro y paros sostenidos; si entonces vencieron al genocidio militar y su antesala que fue la Triple A peronista con esa arma de la Huelga General Invencible, cómo no van a derrotar ahora con otra huelga general la precarización neoliberal y a Milei, un lumpen que desangra al pueblo obrero.

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