Milei: ¡Que los capitalistas contaminen el agua todo lo que quieran!


Por Raúl Valle


La frase pertenece a Javier Milei y es real, aunque pasó desapercibida fuera de los círculos especializados. La pronunció en el último encuentro de la casta, de oligarcas con olor a bosta y capitalistas en La Rural.

En las distopías del cine y libros de ciencia ficción, el agua es el elixir de la supervivencia en mundos postapocalípticos donde la humanidad se desgarra por un vaso limpio. "Mad Max: Fury Road" nos muestra a Immortan Joe acaparando acuíferos en un desierto radiactivo para esclavizar a los "sin-agua", mientras guerreros nómadas luchan por la libertad hídrica. "Waterworld"  imaginate un planeta inundado por polos derretidos donde piratas asesinan por gotas puras en balsas flotantes. En "Ravenous" o "The Colony", bombas nucleares o glaciares colapsados dejan tierras áridas con caníbales disputando charcos contaminados. Estas ficciones atribuyen la crisis a catástrofes anónimas –holocaustos atómicos, plagas globales, derretimientos imprevisibles–, romantizando un caos donde el agua dicta vida o muerte.

Pero, la verdad, no hace falta llegar a historietas de ciencia ficción. En la Patagonia, que no espera meteoritos ni apocalipsis nucleares, la guerra por el agua ya estalló con nombres y apellidos capitalistas, YPF, Shell, Barrick Gold y Pan American Energy saquean ríos y lagos para fracking y minería, respaldados por decretos provinciales que convierten comunidades en zonas de sacrificio.

En Neuquén, Río Negro, Chubut, Mendoza y San Juan, el extractivismo devora napas freáticas y envenena cuencas con cianuro y flowback tóxico. Replican las distopías fílmicas, pero con villanos corporativos y políticos –peronistas, radicales, provinciales o libertarios– que acumulan miles de millones mientras trabajadores, pueblos mapuches y asambleas vecinales resisten el verdadero fin del mundo en curso.

Neuquén es el corazón negro de esta distopía viviente. Vaca Muerta, yacimiento de fracking, succiona agua dulce a ritmos infernales. YPF lidera el asalto junto a Shell, Pan American Energy (BP), Chevron, Total y ExxonMobil: de cinco millones de litros mensuales en 2020 a cien millones en 2023; quince millones de metros cúbicos anuales en 2024, con 14 mil fracturas que demandan 45-60 mil m³ por pozo. Fluidos químicos –benzeno, tolueno, xilenos, radiactivos– retornan contaminados y se vierten en pozos sumideros ilegales que filtran al río Neuquén, amenazando toda la Norpatagonia.

El decreto 276/2025 de Rolando Figueroa autorizó a YPF perforar 700 pozos a 50 metros del lago Mari Menuco, agua potable de 400 mil personas en Neuquén, Centenario y Plottier. Sin consulta a la comunidad mapuche Kaxipayiñ –violando el Convenio 169 de la OIT–, ignora sismos inducidos, explosiones y el derrame petrolero de octubre de 2025 que nubló el lago. El fiscal de Neuquén Manuel Islas archivó denuncias de la Confederación Mapuche por niveles letales de BTEX, mientras YPF perfora sin piedad.

Los mapuches sufren lo peor, no solo como comunidades originarias estigmatizadas, sino por la explotación capitalista que los condena a pobreza, desocupación y destierro. En Newen Kura, el lonko Faustino Molina describe un territorio muerto, de mil animales y cultivos a torres de perforación y agua negra cancerígena, con 40 empresas derramando tóxicos diarios. Loma Campana –mayor yacimiento de gas de esquisto fuera de EE.UU.– registra 60 cabras sin pelo por Chevron-YPF; el agua provoca vómitos crónicos. El basural de Añelo, de Pan American, tiene piletas equivalentes a 15 canchas de fútbol con residuos de Shell y Total, a 5 km de la población.

La contaminación invade Río Negro. En Allen se pierden las huertas de peras y manzanas por flowback; ya en 2018, el gobernador Alberto Weretilneck tuvo que reconocer la perdida de la identidad frutícola por la contaminación y autoridades del INTA confirmaron dos derrames diarios que aseguran veneno hasta el río Colorado, disparando leucemias infantiles y afecciones respiratorias.

La megaminería cordillerana iguala el horror. En San Juan, desde 2015, Barrick Gold derramó 4,5 millones de litros de cianuro en Veladero, contaminando los ríos Potrerillos, Jáchal, Blanco, La Palca, Taguas y el dique Cuesta del Viento. Hubo tres fugas en 18 meses; a 10 años del desastre, ni multas significativas ni condenas por complicidad judicial de la jefa judicial la Doctora Adriana Gracia Nieto y su par provincial.

En Catamarca, La Alumbrera (1997-2018) succionó 25 mil millones de litros anuales del acuífero fósil Arenal –de 60 millones de años–, contaminando el río Vis-Vis con cianuro, mercurio, uranio, cobre, plomo y manganeso letales para humanos y vida acuática. El mineraloducto ilegal, bajo ríos pese a la prohibición, filtró tóxicos; 11 causas desde 1999 sin fallo definitivo.

Chubut registra un plebiscito de Esquel 2003 (82% del "no") que frenó a Meridian Gold en el Cordón Esquel –había cianuro a 6 km de la ciudad–, y luego dio origen a la Ley 5001. El Chubutazo de 2021 derrotó la zonificación minera de Arcioni para Pan American Silver en Navidad, obreros, asambleas y mapuches vencieron transitoriamente la represión. La respuesta estatal fue con venganza: 24 criminalizados, 6 condenados a 1-6 años de prisión y 2 presos en diciembre de 2025 por la Cámara de Trelew. Ignacio Torres (PRO) impulsa el negocio millonario del uranio pese al rechazo popular; la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) prepara una nueva iniciativa con 13 mil firmas. Se destaca un diario "Prosa Urgente" por su labor periodístico y militante a favor de las causas contra la mega minería.

En Mendoza se defiende la Ley 7722 (2007, anticianuro y antisulfúricos, nacida de la crisis hídrica en Alvear y Uco). Cornejo la debilitó con artilugios técnicos y políticos, en 2013 la modificó; en 2021, la Corte Suprema habilitó xantatos. Ahora aprueban los fondos compensatorios del 3% de regalías y ya hay 27 exploraciones en Malargüe (PSJ Cobre), poniendo glaciares y viñedos en jaque pese a las advertencias censuradas del CONICET.

La complicidad estatal del régimen capitalista totaliza este crimen. Javier Milei, en el cierre del Congreso Económico de La Rural, soltó su ideología de destrucción del medio ambiente del lumpen de Trump: "Una empresa puede contaminar el río todo lo que quiera..." 

Estos dichos de Milei en La Rural –que legitiman la contaminación corporativa hasta privatizar el agua– son antisociales, niegan el derecho humano constitucional y social al agua limpia y condenan a los pobres a pagar con su salud el lucro transnacional.

Separando la paja del trigo: sectores centristas del FIT-U, como el PO y el MST, plantean este saqueo con gravámenes al extractivismo hasta un "gobierno socialista" y su transición, Gabriel Solano, desde CABA, opina como un ingenuo dando aire al fracking impositivo. Una izquierda que en vez de poner oídos en los reclamos populares los pone en su propio aparato. Pero los compañeros patagónicos lo tienen claro: ¡No es no! ¡No al extractivismo!

En la Patagonia real, no en la ficción, el agua no es mercancía: es vida. La organización –de trabajadores, científicos, de la izquierda clasista– debe detener este genocidio lento y construir una alternativa anticapitalista al apocalipsis hídrico corporativo.

Pero como el emperador romano Craso, que según la leyenda, murió con oro fundido en la garganta por su codicia insaciable, este modelo extractivista lleva las semillas de su derrota. Puede pasarle lo mismo a Milei.

Un futuro socialista patagónico es posible, comunas mapuches y obreras gestionando cuencas colectivizadas; tecnología verde para riego comunitario; cooperativas energéticas soberanas que prioricen la vida sobre el lucro. La resistencia de Salvemos Mari Menuco, la UAC y los trabajadores que luchan demuestran que el pueblo organizado puede recuperar el agua, derogar decretos y juzgar a las corporaciones.

Desde Esquel hasta Malargüe y para toda la Argentina, Chile y Latinoamérica son una realidad y una esperanza que laten en asambleas y comisiones internas en sindicatos que luchan y que planean una Patagonia y una Región de Cuyo con ríos limpios para todos, tierras devueltas a quienes las trabajan, energía al servicio de la comunidad. El agua no será mercancía privada: será patrimonio colectivo de la clase trabajadora. El amanecer socialista disipó y disipa esta distopía corporativa para siempre.


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