La voz de Hind Rajab


Por Raúl Valle

En las sombras de un mundo que prefiere el silencio, emerge ''La Voz de Hind Rajab'', un eco desgarrador que atraviesa el telón de Gaza como un lamento antiguo, tejido con la inocencia rota de una niña de seis años atrapada en el fuego cruzado de la barbarie.

Kaouther Ben Hania, con la precisión de un poeta que escribe en la ausencia, arma un guión que no grita, sino que susurra horrores, diálogos entrecruzados en un centro de operaciones de la Media Luna Roja, donde voces anónimas —Omar, Rana, Mahdi— se convierten en hilos de una telaraña ética, suspendidos en la angustia de una llamada de setenta minutos que la historia quiso borrar.

Es un libreto fiel a la tragedia real de 2024, que evade la sangre explícita para hundirnos en la impotencia del rescate fallido, donde cada pausa, cada interferencia estática, es un puñal que universaliza el duelo palestino, transformando hechos en fábula moral sobre la fragilidad de la humanidad.

El montaje, es una maestría en lo que surge, fluye como un río subterráneo que se suspende, cortes que alternan ondas sonoras reales con rostros grabados en tiempo real, parece una gota cuando sus ondas se expanden en un estanque en invierno en tormenta eléctrica, superponiendo silencio y el estruendo en un solo espacio claustrofóbico, donde el ''dread'' se acumula como un polvo en las ruinas, culminando en una ''seca'' de realidad y recreación que dejan al espectador ahogado en la burocracia capitalista del genocidio. 

La fotografía de Juan Sarmiento G., contenida como un aliento reprimido, baña oficinas grises en luces crudas que tallan sombras en los ojos de los actores, encuadres estáticos que oprimen el alma mientras formas de audio irrumpen como fantasmas en la pantalla, recordándonos que lo no visto —el horror ''off-screen''— devasta más que cualquier estallido, un lienzo de un retrato que pinta el vacío con la fuerza de un grito ahogado.

Ir a verla es rendirse a una urgencia que quema, este drama franco-tunecino de 2025, coronado con León de Plata en Venecia, no es mero cine, sino un acto de resistencia poética que preserva la voz de Hind contra el olvido global, provoca una ira purificadora sin sensacionalismo y eleva la técnica al rango de arte militante.

En sus 85 minutos, ''Sawt al-Hind Rajab'' exige justicia con la ternura de una niña y la furia de un pueblo, un llamado a las salas oscuras del cine que sobrevive donde las memorias enterradas resurgen, luminosas e ineludibles, para recordarnos que callar es complicidad.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

La Crisis del Peronismo y el Resurgimiento de la Izquierda: Un Análisis de la Política Argentina Contemporánea

Alejandro Guerrero, Militante Incansable y Educador Revolucionario

El peronismo vuelve apoyar a Milei, y otra vez se hacen los giles y gilas