La oscura UCR en la UBA
Por Raúl Valle
La oscura UCR en la UBA y en Medicina es la misma fuerza política que votó a favor de la reforma laboral de Milei en el Congreso y que hoy maneja el ajuste al interior de la universidad.
En Diputados, la reforma laboral fue aprobada por 135 votos contra 115. La UCR se unió al bloque oficialista que garantizaba el quórum y votó a favor de abaratar los despidos, flexibilizar los convenios y atacar a los sindicatos. Al mismo tiempo, el propio bloque radical presentó un proyecto de ley "a la derecha" del DNU 70/23, que proponía un período de prueba más largo, menor poder sindical, mayor precariedad a través del monotributo y restricciones al derecho de huelga.
En el Senado, los senadores radicales apoyaron en bloque los artículos centrales, alineándose con Milei en los puntos clave contra el movimiento sindical. Esta política antiobrera tiene una correlación directa en la UBA: salarios docentes que pierden más de un tercio de su poder adquisitivo en dos años, nombramientos temporales y ad honorem que se multiplican y una aceptación "técnica" del ajuste educativo bajo el lema de la "emergencia presupuestaria".
En la UBA, el rectorado de Ricardo Gelpi y el vicerrectorado de Emiliano Yacobitti condensan el control radical sobre la institución. Gelpi, médico y exdecano de Medicina, fue elegido rector en 2022 con el apoyo del bloque reformista vinculado a la UCR. Ante la congelación del presupuesto de 2024, declaró que la universidad atravesaba "momentos muy graves, muy dramáticos", que con ese nivel de recursos la UBA solo podría funcionar "dos o tres meses más" y que, sin nuevos fondos, "no nos quedará otra opción que cerrar". Sin embargo, su respuesta práctica fue establecer un "estado crítico" que consiste en recortar gastos operativos, posponer obras, reducir servicios y gestionar la escasez sin romper políticamente con el plan general de ajuste impulsado por Milei. La UBA pasó a funcionar en régimen de emergencia permanente, con menos luz, menos calefacción, menos insumos, edificios más deteriorados y cursos más sobrecargados, mientras el rectorado decide dónde recortar y sobre quiénes recaen los costos: docentes, no docentes y estudiantes.
Emiliano Yacobitti es el nexo entre el Congreso, el aparato radical y el erario universitario. Fue Secretario de Hacienda y Administración de la UBA, rector de la UCR en Buenos Aires, jefe del grupo Nuevo Espacio en Económicas y actualmente vicerrector. En 2015, la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lauda de Assetos lo denunció, junto con otras autoridades, por administración desleal, negociaciones incompatibles, enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, basándose en contratos del Hospital de Clínicas con empresas relacionadas como Medipack y American Salud, que recibieron decenas de contratos por más de once millones de pesos en medicamentos e insumos, con vínculos familiares entre los gerentes de las empresas y los funcionarios del hospital. En otras palabras, Clínicas, un hospital docente clave para la medicina, fue utilizado simultáneamente como espacio de formación y como refugio para empresas privadas vinculadas a la cúpula radical. Si bien hubo imputaciones y medidas sobre el patrimonio de varios gerentes, el caso nunca culminó en una condena y muchos de los involucrados continuaron ascendiendo en la estructura de la UBA.
También, la UBA, administrada por la burocracia radical, llegó al punto de asociarse directamente con los servicios de inteligencia del Estado mientras aplicaba un ajuste feroz sobre salarios y presupuesto. A través de un convenio con la Escuela Nacional de Inteligencia, dependiente de la AFI, la universidad puso su sello académico para formar espías y cuadros de inteligencia en maestrías y posgrados “de élite”. Es decir, mientras faltan insumos en los hospitales universitarios y los docentes cobran sueldos pulverizados, la conducción de la UCR abrió las puertas de la universidad pública a la policía política del régimen, convirtiendo a la UBA en socia institucional de un aparato históricamente dedicado al espionaje interno, la persecución de luchas sociales y la defensa de los intereses del poder.
En mayo de 2024, la articulación entre la cúpula universitaria y la política nacional de la UCR quedó expuesta con el acuerdo particular entre la UBA y el gobierno de Milei. Mientras las universidades nacionales se quejaban de que la ampliación presupuestaria implicaba un recorte de más del 30% en términos reales y organizaban huelgas y marchas, la UBA obtuvo un aumento del 270% en gastos operativos y del 300% en el área de salud, por más de 60.000 millones de pesos, mediante resoluciones que la beneficiaron exclusivamente. La noticia provocó la indignación del resto de las universidades, que vieron en ese acuerdo un intento de dividir el frente universitario y aislar las luchas. Se observó que la negociación fue impulsada por Yacobitti y otros actores radicales. Negó que hubiera intercambio de fondos y votos a favor de la Ley de Bases, pero al mismo tiempo reconoció que la UCR, en general, votó a favor de la ley en Diputados y destacó la labor de Lousteau en el Senado para mejorarla. De hecho, la universidad dirigida por la UCR recibió un salvavidas parcial a cambio de apoyar al gobierno en el Congreso, a espaldas del resto del sistema.
En ese andamiaje, los grupos estudiantiles vinculados a la UCR constituyen la base que sustenta el edificio. Tras el colapso político de 2001 y el descrédito de la Franja Morada, el radicalismo reconfiguró su presencia en la UBA bajo nuevas marcas llamadas de gestión, en Economía y Medicina, llamadas Nuevo Espacio; en otras facultades, con siglas diferentes, pero con la misma dirección política y los mismos referentes. Así, en lugar de desaparecer, Franja cambió de nombre y mantuvo intactos sus vínculos con los rectores, las secretarías de Hacienda y el aparato del partido. En Económicas, bastión de Yacobitti, Nuevo Espacio controla el centro de estudiantes y los órganos de cogobierno, administra becas, cátedras y locales, y funciona como semillero de cuadros para la dirección y la UCR. En Medicina, la alianza entre el decanato, Gelpi y grupos oficialistas reproduce la misma lógica, aceptar el ajuste general, exigir lo mínimo necesario para que la facultad no colapse por completo y deshabilitar, institucionalmente, cualquier tendencia a que la disputa docente-alumnos se transforme en una organización independiente y combativa.
El Hospital de Clínicas es el punto de encuentro entre la reforma laboral, el ajuste sanitario y la actividad universitaria. Bajo la dirección de Milei, la UBA informó que, de aprobarse el Presupuesto 2026, sus hospitales universitarios (Clínicas, Roffo y Lanari) recibirán un 30% menos de fondos que en 2025. Esto representa un recorte de alrededor de un tercio del presupuesto destinado a atender a más de setecientos mil pacientes al año y a apoyar la formación clínica de miles de estudiantes de Medicina y carreras afines. El propio director de Clínicas, Marcelo Melo, habló de "recortes brutales", señaló que las cirugías y los turnos ya están suspendidos por falta de recursos y advirtió que el aumento prometido por el gobierno está muy por debajo de la inflación acumulada, por lo que no es suficiente para normalizar el funcionamiento. Sin embargo, en ese mismo hospital se implementó durante años un plan de reclutamiento dirigido a empresas vinculadas a funcionarios radicales, lo que demuestra que el lugar que hoy se vacía debido a los recortes también se utilizó como caja de seguridad para financiar carreras políticas y empresas privadas.
Mientras tanto, miles de estudiantes de medicina estudian en un contexto de aulas masificadas, menos horas de práctica real, falta de insumos en hospitales universitarios, cupos por asignatura y un horizonte laboral marcado por la reforma laboral que la UCR ayudó a aprobar, residencias más precarias, guardias de seguridad con bajos salarios y más contratos basura. Los grupos vinculados a la UCR, lejos de llamar a unir la lucha contra los recortes con la lucha contra la reforma laboral y las empresas de Clínicas, buscan limitar el conflicto a solicitudes formales de "más presupuesto" y actos controlados, evitando cuestionar el rol del rectorado o el de los propios radicales en el Congreso. Así, la continuidad entre el voto radical a la reforma laboral y su rol en la UBA no es accidental ni contradictoria, sino una política de clase coherente, en el Congreso, la UCR forma parte del frente que devalúa la fuerza laboral y fortalecer una burocracia en los sindicatos y atacar delegados independientes. En la UBA, administra una universidad desfinanciada, con hospitales universitarios con un 30% menos de presupuesto, salarios en picada y estudiantes cada vez más precarios, mientras negocia acuerdos privados con Milei para mantener su poder intacto. Y en ese marco, Nuevo Espacio y las demás "marcas de gestion" de la ex Franja son los engranajes que, desde las aulas, los pasillos, copando los órganos de orientación a los estudiantes y gabinetes psicopedagógicos con el nombre de Nuevo Espacio, garantizan que la oscura UCR siga gobernando en Medicina, en Clínicas y en toda la universidad.

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