La fusión trucha de América TV y Telefe
Por Raúl Valle
En la decadencia del capitalismo mediático argentino, donde los monopolios devoran licencias públicas como carnicerías de la postverdad, emergió Gustavo Scaglione, empresario rosarino y socio de José Luis Manzano (ministro del Interior de Menem), con quien hizo campaña por Milei. Apodado "El Pulpo" por sus tentáculos en radios, diarios, digitales y ahora en la TV abierta nacional, Scaglione —dueño de Televisión Litoral— controla en Rosario el Canal 3, Radio 2, FM Vida, Rosario3.com y gran parte del histórico diario La Capital. No es un magnate inocente, investigaciones judiciales lo señalan en redes de lavado de activos ligados al narcotráfico que azota Rosario, epicentro del narco en Argentina, donde corrupción y pauta oficial se entremezclan en un cóctel letal para la democracia.
Sin condenas firmes aún, su expansión huele a protección impune, mientras competidores denuncian cómo expande su red sin escrúpulos, aliándose con Dale Play para reconvertir la ex-Rural de Rosario en otro feudo audiovisual. No se conforma con lo provincial, en 2024 compró acciones del Grupo América, y en octubre de 2025 adquirió Telefe (Canal 11 de Buenos Aires) a Paramount por unos 100 millones de dólares, dejando afuera a Gerardo Werthein, alineado con el macrismo. Esta compra, con tufo a connivencia política en plena era Milei, devuelve Telefe al capital criollo bajo control de un oligarca cuestionado, mientras el Grupo América —con Daniel Vila, Manzano (Grupo Uno, en energía y construcción) y Claudio Belocopitt (Swiss Medical y salud privatizada)— sigue como ariete de la derecha mediática.
América TV, con su periodismo sensacionalista y gorila, es megáfono de Milei, demoniza luchas obreras, glorifica ajustes fiscales y extiende privilegios patronales. Sus dueños acumulan fortunas con la corrupción menemista y están relacionados con Eurnekian —dueño de Aeropuertos 2000, padrino político de Milei, denunciado por narcotráfico en España y valijas voladoras en Argentina—. Eurnekian busca extenderse a sectores estratégicos como la energía atómica. Belocopitt lucra con la precarización de la salud vía Swiss Medical, que recibió millones en la pandemia.
La génesis de estos monopolios remonta a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (26.522, 2009) del kirchnerismo. Vendida como antimonopólica contra Clarín, limitó licencias y prometió un tercio del espectro a comunitarios, pero no pasó nada, creó un monstruo clientelar con la AFSCA —dirigida por militantes K— repartiendo pauta a medios funcionales, asfixiando independientes con inspecciones y boicots. Lejos de desarmar oligopolios, permitió fusiones opacas de Grupo América (Vila-Manzano) y Televisión Litoral (Scaglione), mientras el gobierno usaba canales públicos para propaganda o cadena nacional, y relegaba cooperativas a marginalidad o las entregaba a evangelistas.
Fue una hegemonía peronista disfrazada de progreso que premió empresarios amigos y profundizó la concentración en manos capitalistas, traicionando al pueblo trabajador que merecía medios al servicio de las mayorías, no de la rosca neoliberal reciclada. La derogación parcial por Macri (2015) aceleró la fiesta neoliberal, engordando estos grupos con dólares offshore y relaciones carnales con el poder.Telefe y América, bajo Scaglione, encarnan esta mutación hacia farándula, chismes y noticieros operados por productoras al servicio del patrón.
Hoy, con la reforma laboral mileísta (despidos libres, fin del derecho a huelga, uberización, sin indemnizaciones), promueven editoriales pro-patrón celebrando los privilegios de los empresarios y atacando los derechos de los y las trabajadoras, celebrando la "flexibilidad" que condena millones a la precariedad, alineados al ajuste que saquea jubilaciones y salarios para engordar a los Scaglione. En este circo mediático, un segundo de propaganda en prime time cotiza entre 7 y 10 millones de pesos (LAM, SQP o noticias en Telefe), un robo a mano armada para anunciantes mientras la TV abierta agoniza entre mercenarios culturales y mentiras. Mientras los pulpos mediáticos se ceban en la decadencia capitalista, el pueblo trabajador necesita una voz real ante monopolios nacidos de la traición progresista y consolidados por neoliberalismo salvaje.
Es una experiencia de la clase trabajadora que debe convencerse de que los medios, vía leyes de un gobierno de trabajadores, son una superación cultural, deben dirigirse por comisiones internas de medios, intelectuales, actores, estudiantes y docentes de Ciencias de la Comunicación de la UBA, miembros de la cultura, porque siempre funcionó y funciona mejor para el bien de la sociedad.
Es hora de recuperar los medios para las mayorías, no para narcos mediáticos que se las dan de fashion TV, influencer's o emprendedores hijos de millonarios o trend top.
Basta de toda esta porquería, construyamos una Prensa de Trabajadores.

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