Cuando Vietnam fue Trotskista
Por Raúl Valle
La Indochina francesa se hallaba sometida desde 1887 a una explotación colonial centrada en el arroz, el caucho y una industrialización incipiente, concentrada en Cochinchina y su capital, Saigón. En ese contexto, un grupo de jóvenes intelectuales vietnamitas exiliados en París —entre los que destacaba Tạ Thu Thâu, nacido en 1906 en una familia campesina del delta del Mekong— comenzó a evolucionar hacia la Oposición de Izquierda internacional. Thâu tomó contacto con Alfred Rosmer y se sumó a la corriente trotskista hacia 1929, impactado por la crítica de Trotsky a la Comintern estalinista tras la derrota de la Revolución China de 1927.
En mayo de 1930, tras organizar protestas contra la ejecución de los insurgentes de Yên Bái, fue arrestado y deportado a Cochinchina, donde conectó con disidentes del Partido Comunista de Indochina (PCI), fundado ese año por Hồ Chí Minh. En noviembre de 1931 constituyeron la Oposición de Izquierda de Octubre, alrededor de la revista clandestina Tháng Mười, integrada por figuras como Hồ Hữu Tường y Phan Văn Hùm.
El movimiento se organizó en dos corrientes. La primera, el grupo La Lutte (La Lucha), surgió en 1933 cuando Thâu y militantes del PCI presentaron una lista obrera común en las elecciones municipales de Saigón, publicando un periódico en francés para eludir la censura. Este frente único trotskista-estalinista, probablemente único en el mundo, funcionó entre 1933 y 1937, en 1935 obtuvieron cuatro de seis escaños en el Consejo Colonial. El frente se rompió cuando el PCI, obedeciendo a Moscú, viró hacia la colaboración con la administración colonial francesa, renunciando a la consigna de independencia. La segunda corriente, la Liga Comunista Internacional (LCI), fue formada a finales de 1935 por Hồ Hữu Tường, Lu Sanh Hanh y Ngô Văn Xuyết, que rechazaron toda colaboración con el estalinismo y mantuvieron publicaciones clandestinas como Le Militant y Tia Sang (La Chispa).
En abril de 1939, ambos grupos se unieron y, en las elecciones al Consejo Colonial, la lista "Obreros y Campesinos Unidos" obtuvo el 80% de los votos, frente a un 16% del partido pro-francés y apenas un 1% de la lista estalinista. La plataforma trotskista era abiertamente revolucionaria: control obrero de la producción, redistribución de la tierra, armamento popular e independencia total. Un informe de la Sûreté, la policía política colonial, consignaba que "el elemento obrero de Saigón-Cholón es más adicto al partido trotskista que al PCI". El movimiento llegó a contar con más de 5.000 militantes insertados en sindicatos del caucho, ferroviarios y del arsenal naval.
La rendición japonesa del 15 de agosto de 1945 creó un vacío de poder. Las masas ocuparon tierras, talleres y minas, formando Comités Populares con características soviéticas. Dos programas se enfrentaron: los trotskistas exigían "¡Todo el poder a los Comités del Pueblo!", armamento popular e independencia total; el Viet Minh pedía negociar con Francia, daba la bienvenida a las tropas aliadas e imponía la pena de muerte para "delitos contra la propiedad privada". En Saigón, los trotskistas desfilaron en armas con 18.000 personas y presidieron más de 150 Comités Populares. La LCI estableció un "soviet embrionario" sobre la región de Saigón-Cholón. En el norte, 30.000 mineros de Hòn Gai-Cẩm Phả eligieron consejos para administrar minas y transporte, aplicando salarios iguales durante tres meses de autonomía revolucionaria.
Pero el Viet Minh respondía al Kremlin, en Potsdam, Stalin había acordado que Indochina regresara a Francia. Para facilitar esta negociación, Hồ Chí Minh desató la liquidación sistemática del trotskismo. El 14 de septiembre, el estalinista Dương Bạch Mai detuvo a los líderes de los Comités. El 23 de septiembre, tras la reimposición francesa, los trotskistas combatieron en primera fila, en Thị Nghè cayeron 214 combatientes; los obreros de Gò Vấp combatieron bajo la bandera roja. Entre octubre y noviembre, escuadras estalinistas ejecutaron a Trần Văn Thạch, Phan Văn Hùm y Nguyễn Văn Tiến. El propio Tạ Thu Thâu fue capturado en Quảng Ngãi, un tribunal popular se negó a condenarlo tres veces, hasta que Ho ordenó directamente su ejecución. En París, Daniel Guérin interpeló a Ho sobre Thâu. Ho respondió: "Thâu fue un gran patriota y debemos llorarlo." Pero añadió, "Todos los que no sigan la línea que he trazado serán quebrados."
La masacre fue el crimen original que condicionó las tres décadas siguientes. Como habían advertido los trotskistas, las negociaciones fracasaron, Francia violó los acuerdos e invadió el norte, desatando la primera guerra de Indochina. En Ginebra, en 1954, la URSS y China presionaron al Viet Minh para aceptar la partición por el paralelo 17, entregando el sur a un gobierno títere estadounidense. Cada capitulación era consecuencia directa de la política estalinista de "coexistencia pacífica" que los trotskistas habían combatido desde 1933. Sin los Comités Populares, sin sindicatos independientes, sin ningún órgano de control obrero —todos destruidos en 1945—, la clase trabajadora quedó privada de una dirección alternativa y subordinada a una burocracia que negociaba su destino según los intereses del Kremlin.
Sin embargo, fue la fuerza de las masas populares —esa misma energía que los trotskistas habían organizado en los soviets embrionarios de 1945— la que terminó venciendo al imperialismo norteamericano a pesar de la dirección burocrática. Entre 1964 y 1975, Estados Unidos arrojó más de siete millones de toneladas de explosivos, más del doble que en toda la Segunda Guerra Mundial, junto con napalm y agente naranja. Desplegó medio millón de soldados. Pero la guerra era, en el fondo, una guerra civil donde el bando pro-yanqui carecía de respaldo popular. En los territorios del Frente Nacional de Liberación, los campesinos pagaban solo el 10% de la cosecha, frente al 40-60% que exigía el régimen de Saigón para sus terratenientes. La cuestión agraria —que el Viet Minh reprimió en 1945 para no incomodar a los aliados y recién implementó parcialmente en 1952— fue el motor material de la resistencia. La revolución social que los trotskistas propusieron en agosto de 1945 terminó imponiéndose como necesidad objetiva décadas después, pero ya no bajo el control democrático de los trabajadores, sino bajo la dirección burocrática de un partido-ejército campesino.
La ofensiva del Tet en 1968, cuando el FNL movilizó 100.000 combatientes sobre Saigón y 36 capitales provinciales, demostró el apoyo total de la población. En el propio ejército invasor estalló la rebelión: 68 motines en 1968; entre 800 y 1.000 atentados contra oficiales con explosivos. Mientras tanto, la URSS y China jugaban una doble carta, prestaban ayuda dosificada sin forzar una derrota directa de Estados Unidos, priorizando sus relaciones con Washington.
Nixon visitó Pekín en febrero de 1972 en pleno bombardeo de Vietnam; Brézhnev lo recibió en Moscú tres meses después. La "coexistencia pacífica" sacrificaba al pueblo vietnamita en el altar de la diplomacia burocrática.
El 30 de abril de 1975, el FNL ocupó Saigón y el imperialismo fue derrotado por primera vez en una intervención militar directa. Pero la victoria fue secuestrada, el Estado obrero que surgió se encaminó hacia la restauración capitalista, a imagen de todos los Estados burocratizados. La clase trabajadora no pudo improvisar una dirección alternativa porque esa dirección —el trotskismo— había sido exterminada treinta años antes por el estalinismo que pedía los frentes populares por medio de la coexistencia pacífica para enriquecer a una burocracia del partido comunista trucho con sed de ganancias capitalistas.
La historia de Vietnam confirma, con claridad verdadera, la tesis trotskista: la burocracia estalinista fue una fuerza contrarrevolucionaria activa que, cuando los trabajadores amenazaron con tomar el poder a través de sus propios órganos democráticos, no vaciló en asesinarlos. Los Comités Populares de Saigón, la comuna de Hòn Gai y las milicias de Gò Vấp representaron el embrión de una revolución socialista auténtica, capaz de derrotar al imperialismo sin treinta años de guerra devastadora y sin entregar la victoria a una casta burocrática.
Vietnam venció a los yanquis, sí, pero al precio de una revolución decapitada desde adentro, cuyo potencial democrático y obrero había sido ahogado en sangre por quienes decían combatir en nombre del socialismo.

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