Cine: "El agente secreto " (Brasil, 2025). Una buena película para ver.
En el corazón de Recife, en 1977, bajo la sombra opresiva de la dictadura militar de Ernesto Geisel, un profesor perseguido por el régimen huye en un Fusca amarillo desde São Paulo, sobornando policías y buscando refugio en una pensión para marginados. Marcelo, interpretado magistralmente por Wagner Moura, no es un héroe de acción sino un hombre común que se reinventa como investigador en un instituto de identificación, inicia una relación fugaz y evade a sicarios contratados por un empresario codicioso que ansía su patente tecnológica y venganza por un viejo agravio.
Dirigida por Kleber Mendonça Filho, esta película neo-noir estrenada en Cannes y ahora en cartelera brasileña teje thriller político con sátira negra, intercalando persecuciones sangrientas, ecos del Carnaval y un marco contemporáneo donde una investigadora desentraña el destino del fugitivo, evocando traumas colectivos de la represión.
La cinta, nacida de tres años de investigación archivística, retrata un Brasil asfixiado por la vigilancia, donde la resistencia clandestina choca con la brutalidad cotidiana, y usa el simbolismo del Tiburón para describir a los depredadores del poder que acechan sin descanso.
Con fotografía de Eugenia Alexandrova que captura la sordidez de la época mediante lentes anamórficos y luz naturalista, y un montaje pausado que alterna tensión con pausas existenciales. El agente secreto no solo entretiene sino que obliga a confrontar la memoria histórica de un país marcado por torturas, desapariciones y complicidad económica con el terror estatal.
La dictadura militar brasileña, iniciada con el golpe de 1964 respaldado por Estados Unidos a través de la Operación Hermano Sam y la CIA, se alineó firmemente con los intereses imperialistas yanquis en el marco de la Guerra Fría, el Plan Cóndor y el Narcotráfico, recibiendo asistencia logística, económica y militar para aplastar oposición política y movimientos obreros bajo la bandera anticomunista. Aunque el dictador Geisel impulsó un "pragmatismo responsable" diversificando relaciones con China o Oriente Medio por necesidades petroleras, el régimen mantuvo su subordinación esencial a Washington, coordinando espionaje regional y golpes en Latinoamérica para preservar la hegemonía estadounidense en su "patio trasero".
Las dictaduras militares como la brasileña de 1964-1985 ejemplifican la alianza estratégica de regímenes represivos con imperialistas como EEUU, que patrocinaron golpes, entrenaron torturadores y financiaron el terror para contener revoluciones populares y asegurar dominios económicos, dejando legados de impunidad que filmes como este buscan desenterrar.

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