Checoslovaquia y la Mujer

 

Por Raúl Valle


El régimen de Checoslovaquia impulsó una emancipación femenina paradójica entre 1948 y 1989; promovió la igualdad sexual y laboral pese a la represión estalinista de los 50. La socióloga Kateřina Lišková detalla esta dinámica en su estudio; la sexología estatal, pionera desde 1921, ligó la satisfacción sexual femenina a la productividad social y la recuperación demográfica posbélica. 

El Código de Familia de los 50 equiparó derechos conyugales; priorizó el amor mutuo, el orgasmo femenino y la equidad doméstica como bases de matrimonios fecundos. Investigaciones del Instituto de Sexología revelaron infertilidades aparentes; estas nacían de uniones sin placer ni igualdad, agravadas por la doble jornada laboral. El Estado instó a los hombres a compartir tareas hogareñas y crianza; argumentó que la fatiga materna impedía la natalidad deseada, un avance que precedió debates occidentales.

Guarderías estatales gratuitas y colectivas asumieron los cuidados infantiles; liberaron a las madres e incorporaron al 90% de mujeres en edad laboral al empleo remunerado. Políticas pronatalistas de los 50 y 60 defendieron el cuidado universal; sexólogos impulsaron el rol paterno activo contra la "privación materna". La "normalización" de los 70 extendió maternidades pagadas pero el regimen reforzó familias nucleares en forma artificial y como sucede empoderaron divorcios femeninos.

Las mujeres conquistaron aborto libre desde los 50; obtuvieron divorcios accesibles y ayudas post-separación que eliminaron los miedos económicos. Los tribunales de los 60 validaron rupturas por violencia o alcoholismo; aceptaron en los 70-80 la falta de amor o satisfacción, rompiendo tradiciones patriarcales. 

La violencia doméstica retrocedió legalmente; sentencias de los 50 priorizaban infidelidades, pero las de los 60-70 incorporaron maltrato como causa social.  En la actual Republica Checa persiste esta lacra de la violencia hacia las mujeres; el 90% de víctimas íntimas son mujeres (343 casos físicos en 2023), el 68% en domésticos (806 casos), con 30-40% reportando abuso vitalicio agravado por la privatización familiar, un germen que quedó instalado por la burocracia en la debacle poststalinista.

La normalización post-1968 idealizó la madre-hijos inseparable; relegó al padre pese a subsidios que facilitaron los divorcios, una ventaja ausente en capitalismos precarios. Las checas vivieron sexualidad más libre bajo socialismo; por sobre todo que  evitaron las presiones estéticas consumistas de los 90.

Pero, también, esta emancipación sirvió económicamente al régimen; incorporó mano de obra femenina barata (salarios 20-30% inferiores a masculinos) vía guarderías colectivas, impulsando un boom industrial con PIB al 4-5% anual hasta los 80. Los derechos ganados detonaron crisis demográficas; los divorcios se quintuplicaron (de 4 por 1.000 en 1950 a 20 en 1989), la natalidad cayó a 1,8 hijos por mujer en 1989.

La burocracia estalinista, donde también se habían incorporado mujeres pequeño burguesas, aferró su ideal retrógrado de la familia nuclear; ignoró dinámicas reales y agravó con la crisis política y económica y dio paso a la debacle, con PIB estancado en -0,4% en 1989, surgieron las protestas masivas (medio millón en Praga) y el colapso político-económico fue total.

Marx y Engels vislumbraron a la familia socialista en el Manifiesto Comunista; la clave es que se opusieron a la perspectiva feminista sin contenido de clase, porque el núcleo está en que abolieron la propiedad privada burguesa para disolver la opresión familiar patriarcal, liberando a la mujer del hogar esclavo hacia el trabajo colectivo y la igualdad plena.

Abrieron el verdadero camino a un feminismo con perspectiva de clase y desarrollaron esta visión en "El origen de la familia"; la monogamia burguesa aliena al proletariado, pero el socialismo forja la unión libre basada en amor mutuo y cooperación productiva, no en herencia ni dominación. 

Checoslovaquia lo intentó parcialmente; guarderías y sexología estatal apuntaron a esa planificación obrera, pero la burocracia stalinista deformó el proyecto marxista en control represivo. La lección final es que solo la lucha clasista sostenida realiza a la familia verdadera, donde la mujer proletaria empuja la revolución hacia la emancipación total, la mujer no es florera de la izquierda parlamentaria, sino una tribuna y organizadora principal de la lucha por el socialismo.


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