Biografía no autorizada del grupo Techin: de militante de izquierda, a fascista, a parásito del estado.



Por Raúl Valle


La historia del Grupo Techint no puede contarse sin recorrer los oscuros pasillos de la Italia fascista. Agostino Rocca, abuelo de Paolo, no fue un mero testigo de la época, fue un actor central del desarrollo industrial del régimen de Benito Mussolini. Nacido en Milán en 1895, hijo de un ingeniero ferroviario, Agostino combinó formación militar —fue subteniente condecorado en la Primera Guerra Mundial— con estudios de ingeniería en el Politécnico de Milán. Fue entonces cuando simpatizó abiertamente con el fascismo en ascenso. Su matrimonio con María Queirazza, heredera de un importante accionista de la Banca Commerciale Italiana, le abrió las puertas del poder económico. A través de esta conexión bancaria, Rocca accedió a la dirección de Dalmine, la principal empresa de tubos de acero sin costura de Italia, con sede en Bérgamo. Cuando Mussolini estatizó la compañía, Agostino se convirtió rápidamente en su director general. En 1937 alcanzó la cúspide: fue nombrado director general de Finsider, la sociedad financiera siderúrgica del IRI, el holding estatal que concentraba la industria pesada italiana. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, la empresa bajo su dirección fue encargada de gran parte de la industria bélica del régimen fascista, mientras Rocca operaba simultáneamente como consultor de la banca italiana y financiaba las políticas del Estado de Mussolini. 

Su vínculo más significativo fue con Vittorio Cini, Conde de Monselice, uno de los hombres más ricos de Italia e impulsor de su industrialización, quien se desempeñó como ministro de Comunicaciones de Mussolini hasta 1943. Cuando el fascismo colapsó, Agostino no pudo escapar al ajuste de cuentas.

En abril de 1945, el CLNAI, organismo antifascista de la Italia liberada, lo acusó formalmente de haber construido su carrera y fortuna usando los métodos políticos del fascismo y de haber proyectado obras inútiles y de propaganda fascista. Aunque fue absuelto en febrero de 1946, la mancha era imborrable.

Rocca ya había tomado su decisión, emigraría. En 1945 fundó Techint y en 1946, con apenas 10.000 dólares reunidos entre amigos y familiares, desembarcó en Argentina, recomendado por el industrial Torcuato Di Tella ante Juan Domingo Perón, quien lo designó asesor para el futuro plan siderúrgico nacional. En 1948 compró terrenos en Campana, provincia de Buenos Aires, donde instaló Dálmine Safta y luego la acería Siderca. Un año después, en 1949, ejecutó el gasoducto de 1.700 kilómetros entre Comodoro Rivadavia y Buenos Aires con Gas del Estado, obra que fue en ese momento el gasoducto más largo del mundo. El Estado no solo financió la infraestructura: garantizó a Techint el mercado cautivo de tubos sin costura para toda la industria petrolera y gasífera argentina. 

Durante la dictadura cívico-militar de 1976-1983, Techint fue protagonista de uno de los capítulos más siniestros de la represión empresarial. En el complejo Dálmine-Siderca de Campana trabajaban más de 5.000 obreros. Al menos 80 trabajadores fueron víctimas de crímenes de lesa humanidad: 39 desaparecidos, 7 asesinados, 34 sobrevivientes. Secuestros ocurrieron dentro de la planta, con presencia casi permanente del Ejército y de una policía interna vinculada al terrorismo de Estado. Techint financió económicamente comisarías que funcionaron como centros clandestinos de detención, y el club deportivo Dálmine, institución tutelada y financiada por la empresa, funcionó como uno de los centros clandestinos de la zona de Campana-Zárate. La represión fue funcional a la domesticación de los trabajadores bajo el terror, permitiéndole a Techint imponer condiciones laborales sin resistencia sindical. 

Los años 90 representaron el momento de mayor captura estatal por parte de Techint. El gobierno de Carlos Menem privatizó SOMISA, que fue adquirida por los Rocca, consolidando la monopolización de la industria siderúrgica argentina. Techint se convirtió en uno de los principales accionistas del país, con participaciones en Entel, concesiones de peaje, Ferrocarriles Argentinos y SEGBA. Tras comprar SOMISA, ejecutó una estrategia de desindustrialización selectiva: apagó el horno de San Nicolás, terminando con la producción nacional a gran escala de arrabio, acero, productos semiterminados y chapa laminada en caliente. Abandonó la producción de palanquilla, laminados no planos y rieles, es decir, abandonó los trenes. La lógica era clara, importar insumos semielaborados era más rentable que producir localmente, dejando al país dependiente del mercado externo y destruyendo cadenas productivas completas.

En agosto de 2018, la causa de los cuadernos destapó el mayor escándalo de corrupción K-empresarial. Héctor Zabaleta, director administrativo de Techint, fue detenido y se acogió a la figura de arrepentido, admitiendo pagos a funcionarios kirchneristas. Luis Betnaza, director institucional y actual vicepresidente de la UIA, fue procesado tras reconocer pagos a exfuncionarios. El destinatario era Roberto Baratta, subsecretario del Ministerio de Planificación. El contexto eran las presiones de Chávez por expropiar SIDOR, siderúrgica venezolana de Ternium. Paolo Rocca pidió mediación a Cristina Fernández de Kirchner, quien lo recibió con De Vido y Betnaza. Paolo Rocca fue procesado por asociación ilícita, coimas y dádivas, con embargo de 4.000 millones de pesos, pero finalmente sobreseído en 2021. 

Si el kirchnerismo les cobró peaje mediante coimas, el macrismo les pagó directamente con subsidios. En 2017, Juan José Aranguren firmó la resolución 46, estableciendo US$ 7,50 por millón de BTU para Vaca Muerta. Tecpetrol recibió subsidios por US$ 619 millones entre 2018 y 2020. Cuanto más producía, más subsidios recibía. Macri otorgó concesión por 35 años para explotar recursos en Neuquén, junto con convenio para reducir costos laborales. 

Alberto Fernández transfirió US$ 264,4 millones en 2020, en plena pandemia. La trayectoria personal de Paolo Rocca añade ironía, nacido en Milán en 1952, militó en la izquierda italiana Lotta Continua, luchas universitarias y en FIAT. Ingresó a Techint en 1985, CEO desde 2002. Trasladó sede a Luxemburgo en 2001, con entramado en San Faustín. Es la segunda fortuna de Argentina: US$ 5.600 millones. 


"Don Chatarrín de los tubitos caros", sería Roggio según Milei.

La relación con Javier Milei comenzó con expectativas, lo apoyaron en todo, y sobre todo con la reforma laboral. Techint aportó a la campaña, colocó alfiles en YPF y en la Secretaría de Trabajo. Pero en enero 2026, Techint perdió la licitación para caños de gasoducto Vaca Muerta-Río Negro, ofertó US$ 280 millones vs. US$ 203 millones de Welspun india, 40% más cara. Intentó igualar a pérdida para salvar planta de Valentín Alsina (400 trabajadores), pero fue rechazado y amenazó denunciar por un dumping chino-indio, que nunca presentó.

La historia de Techint es la de una familia que navegó todos los regímenes, capturando licitaciones, subsidios y privilegios. Del fascismo al peronismo, dictadura, menemismo, kirchnerismo, macrismo y mileísmo, los Rocca extraen recursos del Estado capitalista. Su fortuna no es mérito, sino rosca y casta política, represión, coimas y captura estatal. El conflicto con Milei es solamente un reacomodamiento, no ruptura.

La ruptura con Milei y toda la chatarra capitalista solo lo pueden hacer los trabajadores. Mientras exista un Milei que fortalezca el estado capitalista argentino con Trump, para endeudar y continuar con la casta, Techint se alimentará de él.


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