Trump por el petroleo de Venezuela y Argentina
Por Raúl Valle
En la madrugada del 3 de enero de 2026, las fuerzas especiales imperialistas de Estados Unidos, lideradas por terroristas de la Delta Force, perpetraron un asalto fascista contra la soberanía venezolana, capturando a Nicolás Maduro y a su compañera Cilia Flores en el mismísimo Palacio de Miraflores de Caracas.
Bajo las órdenes del magnate capitalista Donald Trump, verdugo de la clase obrera mundial, la agresión comenzó con salvajes bombardeos a las 02:00 hora local sobre Fuerte Tiuna, la base aérea de La Carlota y puertos estratégicos de Miranda y La Guaira, aniquilando defensas y colapsando los sistemas de vigilancia para facilitar el secuestro relámpago y la exfiltración en helicópteros Black Hawk a portaaviones yanquis en el Caribe.
Trump, un bufón reaccionario desde su bastión de Mar-a-Lago, se jactó de una "operación brillante", mientras preparaba juicios amañados contra Maduro por "narcotráfico", un pretexto burgués para saquear las reservas petroleras del Orinoco, las mayores del planeta, y someter al proletariado venezolano a la dictadura del capital transnacional.
Este crimen no es espontáneo, sino un eslabón de la cadena imperialista tejida desde septiembre de 2025 con la “Operación Lanza del Sur”, donde los marines asesinos de Trump hundieron 40 barcos, liquidaron a 110 personas sin juicio y robaron petroleros de PDVSA bajo el disfraz del “Cartel de los Soles”.
El propio Trump, lacayo de ExxonMobil y Chevron, había proclamado que "los días de Maduro están contados", retrasando un asalto navideño por sus guerras contra Nigeria -distrayendo al proletariado global- y eligiendo el 3 de enero para atacar en la oscuridad: apagones capitalistas planificados en Caracas, estériles ejercicios militares chavistas en barrios obreros y desmovilización tras fiestas burguesas, todo ello potenciado por satélites espías, drones asesinos Reaper y ciberataques que paralizaron las comunicaciones del pueblo en armas.
Aquí reside la más vil traición: el régimen de Maduro, que se jactaba de la "defensa del pueblo trabajador armado", optó por refugiarse en el aparato represivo del estado burgués, el ejército estatal (FANB), esa casta parásita de generales gorilas al servicio del petróleo. ¿Dónde estaban los colectivos proletarios, las organizaciones clasistas, los consejos comunales armados? Ausentes por decreto, abandonados a la pasividad mientras los yanquis irrumpían.
Peor aún: acciones en el sector petrolero, vitales para la resistencia —bloqueos de oleoductos, sabotajes a las refinerías de PDVSA, quemas de pozos para negarle la victoria al enemigo— brillan por su total ausencia. Ni una sola huelga petrolera, ni una barricada en el Orinoco, ni un solo minero del Arco Minero alzando el puño contra el águila imperial.
La FANB, leal sólo a sus privilegios y a sus sucios dólares, priorizó su supervivencia, Diosdado Cabello, ese oportunista con chaleco antibalas, masculló pedidos de "ayuda internacional" en lugar de inmolarse por la patria socialista.
Esta inacción criminal delata la entrega: la ubicación precisa de Maduro en Miraflores fue vendida por traidores en el alto mando, lubricados por las migajas de 25 millones de dólares prometidos por los monopolios petroleros yanquis.
Semejante felonía es solo un capítulo del imperialismo yanqui, impulsado por la codicia petrolera y las fértiles tierras de Nuestra América. Solo la izquierda ha denunciado la barbarie capitalista durante años hasta ahora.
La Doctrina Monroe (1823), ese manifiesto esclavista, proclamó el continente como botín exclusivo, pero fue después de la guerra que el monstruo se desbocó: 1954, Guatemala, la CIA aplasta a Jacobo Árbenz —reformador agrario que se atrevió a arrebatarle tierras a la United Fruit para el campesinado—, desatando el genocidio (200.000 muertos) y plantaciones bananeras eternas para los monopolios bananeros. 1961, Cuba: Fracasa la Bahía de Cochinos, pero el embargo asfixia el petróleo expropiado a Texaco y Esso, negando la soberanía energética al proletariado caribeño. 1973, Chile: Nixon-Kissinger financian el golpe de Estado de Pinochet contra Allende, nacionalizador del cobre y protector de las tierras indígenas, privatizando minas para Anaconda y latifundios para la burguesía agroexportadora, con 3.000 trabajadores torturados. La Escuela de las Américas, donde se recibía a militares de alto rango de Latinoamérica para colonizarlos y adoctrinarlos en la tortura, para luego llevarlos como premio a lujosos hoteles de Miami para el desenfreno sexual y moral.
Años 80, la era Reagan-Thatcher: en Nicaragua, la contra narcos financiada por la CIA derrocó a los sandinistas, redistribuyendo las plantaciones bananeras somocistas; en El Salvador y Honduras, masacres campesinas para las bases de Chiquita y café para Wall Street. Después del 11S (2001), Bush globaliza el saqueo: Irak (145 mil millones de barriles) invadido por oleoductos de Halliburton-Exxon; Afganistán por gasoductos de Unocal. En América Latina, Bolivia en 2019: un golpe de Estado "suave" derroca a Evo, guardián del litio (clave para las baterías de Tesla), entregando el Salar de Uyuni a Chevron.
Venezuela, joya del petróleo pesado (300 mil millones de barriles), sancionada desde Obama en 2015 para quebrar a PDVSA y comprar barato; fraude en 2024 como casus belli para esta invasión en 2026, anexando el Orinoco a Texas y el Arco Minero (oro, coltán) a monopolios. Brasil-Paraguay: Amazonia transgénica para soja de Monsanto; Colombia-Perú: Exxon perfora territorios indígenas en busca de crudo barato; Argentina-Bolivia: litio "verde" para el capital financiero post Ucrania, donde el petróleo de esquisto yanqui necesita diluirse con el venezolano para Asia.
Trump, títere de la oligarquía petrolera en medio de una crisis energética, corona esta rapiña: EE. UU. monopoliza el 40 % del crudo mundial a través de intermediarios, tierras amazónicas para la agroindustria genocida, litio andino para los coches eléctricos imperiales. Venezuela cae como Irak o Libia: el petróleo al capital, el proletariado a la semiesclavitud.
Los trabajadores de América Latina, el pueblo trabajador de Argentina y el mundo deben ser informados que este secuestro de Maduro -traicionado por su propio ejército petrolero- llama a la venganza y a la superación de clase.
¡Movilicémonos contra Trump, el fascista, y sus traidores! Marchas en las plazas, paros en las refinerías de YPF, bloqueos en las rutas del litio neuquino, repudiamos el golpe imperial.
¡Solidaridad con la Venezuela libre de yanquis! ¡Expropiemos el petróleo para el pueblo, no para Exxon! ¡El imperialismo es veneno para los pueblos libres y soberanos!
¡Movilicemos a los centros de poder!

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