Decir "Que el Peronismo y la CGT traiciona a su base es poco''.
Raúl Valle
Mientras la clase obrera sufre el ajuste más brutal de las últimas décadas, los dirigentes de la CGT y el peronismo político vuelven a mostrar su verdadera cara, la del colaboracionismo, confirmando que la burocracia sindical negocia puertas cerradas la entrega de derechos laborales a cambio de mantener sus privilegios de casta.
La información que trasciende este fin de semana, a partir de los últimos borradores de la reforma laboral que el gobierno de Javier Milei presentará de forma inminente, no deja lugar a dudas: el gobierno ha decidido "suavizar" ciertos artículos no por convicción, sino como moneda de cambio en una negociación liderada por los alfiles del gobierno, Martín y "Lule" Menem, apellidos que resuenan con el recuerdo de la traición de los 90 y que hoy lograron que la CGT aceptara el grueso de la reforma a cambio de salvar su "caja".
El punto central de esta infamia es el acuerdo del gobierno para favorecer al peronismo y a la CGT con las "cuotas sindicales obligatorias que se cobran a los trabajadores y con las que se alimentan a los "chupasangres peronistas", esos "peajes sindicales" que Federico Sturzenegger pretendía eliminar y que ahora se mantienen para garantizar el flujo de fondos a las arcas sindicales, un copamiento obsceno donde se eliminan indemnizaciones y derecho a huelga a cambio de seguir cobrando.
Aún más grave es el acuerdo para mantener el "unicato", que establece que los convenios de empresa tienen prioridad sobre los de actividad, pero deben ser firmados por el sindicato con el personal, una maniobra diseñada exclusivamente para anular las comisiones internas y los combativos delegados de base, concentrando el poder de firma en los opulentos sillones, lejos de las fábricas.
Nadie debería sorprenderse de esta acción, porque el peronismo y su brazo sindical tienen un doctorado en traicionar a la clase trabajadora en momentos decisivos, una historia manchada de sangre que no podemos olvidar, empezando por el nefasto papel de la burocracia sindical en los años 70 cuando estuvieron y están muy lejos de defender a los trabajadores. Ninguna mística peronista.
En los 70, Perón creó un grupo terrorista en defensa del Estado y contra los trabajadores y fueron la base operativa que se llamó la Triple A y desde el Ministerio de Bienestar Social organizaron la persecución y asesinato de la vanguardia obrera y la juventud militante, actuando como antesala del terrorismo de Estado.
Con la llegada de la democracia, su papel no fue mejor, ya que durante el gobierno de Alfonsín, la CGT se disfrazó de combativa para desgastar al gobierno civil, manteniendo sus vínculos con el bloque de poder cívico-militar saliente, siendo de hecho el ala sindical que garantizaba la impunidad y la continuidad de los negocios de la dictadura. Garantizaron la impunidad de los genocidas, como lo hacen ahora con el servicio "Batallon 601" de Gerardo Martínez, armador de la actual dirección de la CGT.
La década de los 90 fue la consumación de la rendición, cuando bajo el gobierno peronista de Carlos Menem, la CGT fue cómplice necesaria del desmantelamiento del Estado, apoyando las privatizaciones, la cesión de la soberanía nacional y la flexibilidad laboral, transformándose en empleadores sindicales mientras el desempleo alcanzaba cifras récord, comportamiento que repitieron con la Alianza al formar parte de la red de corrupción de la infame "Ley Banelco", donde negociaron derechos por prebendas.
Desde el estallido de 2001 hasta la actualidad, bajo sucesivos gobiernos, la CGT ha jugado un papel fundamental como dique para contener la ira popular, avalando sistemáticamente la bajada de salarios y cometiendo su crimen más silencioso contra la juventud, al ser garante de la flexibilidad laboral de facto y permitir el trabajo no declarado y el fraude laboral, cerrando las puertas de los sindicatos para impedir que la juventud precaria tenga voz y voto.
Hoy, la historia se repite como una farsa, porque mientras públicamente dicen "desconocer" el texto y se presentan como opositores, en secreto pactan la letra chica de la esclavitud moderna, aceptando límites al derecho de huelga y a las cajas de despido mientras sigan empuñando la pluma, demostrando que la reforma laboral de Milei no pasaría un solo día sin la complicidad activa de la CGT y el peronismo, socios inseparables del ajuste, lo que confirma que la única salida para los trabajadores es construir un partido obrero antiburocrático y organizarse desde las bases para recuperar los sindicatos de las manos de estos traidores históricos que, desde la Triple A hasta hoy, han vivido de la sangre y el sudor de la clase trabajadora.

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