Bancarios logran aumento a $2 millones, pero persisten reclamos históricos: el veto de Alfonsín a los cesantes en 1987. ¡No olvidamos!

 



Raúl Valle

La Asociación Bancaria, liderada por Sergio Palazzo, acordó este viernes un incremento salarial del 2,5% en línea con el IPC de noviembre (2,4% oficial), elevando el salario básico a $2.008.641 –un ajuste de $49.000–, que acumula un 27,9% en 2025 tras paritarias de marzo (15%), mayo (7,5%) y septiembre (7%).

El convenio extiende este mecanismo a los primeros tres meses de 2026, con nuevas negociaciones previstas para la segunda quincena de marzo. Sin embargo, críticos señalan que, ante una inflación proyectada del 30% mensual bajo el gobierno de Javier Milei, el poder adquisitivo se diluye rápidamente, sin medidas para blanquear bonos o pluses que beneficien a contratistas y cesantes, en un sector donde el 40% de los trabajadores son precarios según datos gremiales internos.

Amigos y amigas alfonsinistas, vamos a dialogar con ustedes con respeto sobre este logro parcial, según ustedes un legado democrático de Raúl Alfonsín, pero iluminando un episodio laboral incómodo: "¿Sabían que en 1987, como presidente, Alfonsín vetó la ley que priorizaba la reincorporación de 1.900 bancarios cesanteados entre 1959 y 1983, abarcando 24 años de despidos bajo diversos gobiernos, incluyendo a valientes luchadores contra la dictadura (1976-1983)?". 

Responderían, quizá: "Alfonsín consolidó la democracia; eso no puede ser". Con datos en mano: el Poder Ejecutivo Nacional justificó el veto por "desconocer la libertad de trabajo y contratación" (Clarín, 11/7/87), interpretación que favoreció la flexibilidad patronal; previamente, la ley de Estabilidad Bancaria impulsada por su gobierno había generado el despido de más de 5.000 trabajadores bancarios en 1986-1987 sin indemnizaciones adecuadas, afectando gravemente a familias para beneficiar a entidades como el Banco Nación y privados.

"¿Qué pasó con esos cesantes?", se preguntarían. "La norma no exigía reincorporación inmediata, solo prioridad en vacantes –un compromiso que las patronales podrían eludir judicialmente–, pero Alfonsín lo bloqueó preventivamente, en un contexto de indultos a represores de la dictadura mientras se negaba justicia laboral". 

Sus reflexiones podrían ser: "Es un punto oscuro, pero no define su gestión". Cierto, no lo define todo, pero es la herida en la clase obrera e invita a una memoria equilibrada: esa decisión resuena en las paritarias actuales de Palazzo, recordándonos que los avances salariales no resuelven precariedad laboral en los bancos ni deudas históricas.

En conclusión, mientras celebramos el básico de $2 millones, urge unidad contra la reforma laboral: por salarios reales, reincorporaciones pendientes y derechos plenos. 

Amigas y Amigos, dialoguemos sin enojos por un sindicalismo más justo. Nada de marchas truchas, Huelga General contra Milei y la Reforma Laboral de los Banqueros y Capitalistas 




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